
Desde Éfeso, la ciudad que según la tradición guarda la tumba de la Madre de Jesús, una escultura de la Inmaculada procesionó por Córdoba el 19 de agosto de 2021, evocando una antigua leyenda cristiana vinculada, simbólicamente, a la propia ciudad.
La de los Siete Durmientes de Éfeso es una de las leyendas más antiguas del cristianismo y fue reconocida tanto por la Iglesia católica como por la Iglesia ortodoxa.
Según esta antiquísima tradición, siete jóvenes cristianos vivieron en tiempos del emperador Decio, hacia el año 250. Ante la obligación de participar en sacrificios paganos, decidieron huir de la ciudad y refugiarse en una cueva cercana. Allí se quedaron dormidos y, cuando despertaron, descubrieron con asombro que no había pasado una sola noche, sino cerca de dos siglos, y que el cristianismo se había convertido en religión oficialmente aceptada en el Imperio romano.
Al tener noticia de este prodigioso acontecimiento, el emperador Teodosio II no solo lo aceptó, sino que lo utilizó para reafirmar la doctrina de la resurrección corporal, asunto central en las controversias teológicas de su tiempo.
La leyenda relata que, durante una visita de Decio a Éfeso, este exigió sacrificios a los dioses. Siete jóvenes se negaron a obedecer. Sus nombres varían según las fuentes: Simeón Metafrastes los identifica como Maximiliano, Iámblico, Martín, Juan, Dionisio, Exacustodio y Antonino; Gregorio de Tours los llama Aquílides, Diomedes, Diógeno, Probato, Estéfano, Sambato y Quiriaco. Decio les concedió un tiempo para recapacitar, pero los jóvenes huyeron a la sierra con unas pocas monedas y se ocultaron en una gruta. Descubiertos por los soldados, el emperador ordenó sellar la entrada con grandes piedras para que murieran allí.
Sin embargo, la tradición asegura que los jóvenes continuaron durmiendo sin sentir hambre, sed ni frío. Un hombre piadoso dejó escrita en el exterior de la cueva la relación de sus nombres y su historia.
Ya en el reinado de Teodosio, un hacendado llamado Adolio mandó abrir la cueva para utilizarla como establo. Fue entonces cuando los jóvenes despertaron. Creyendo que aún vivían bajo el gobierno de Decio, enviaron a Dionisio a Éfeso para comprar comida. Al llegar, este quedó asombrado al ver cruces en las iglesias y fue detenido cuando intentó pagar con monedas antiguas. El obispo y el prefecto, al conocer el caso, lo acompañaron a la cueva, donde hallaron a los otros seis jóvenes y la inscripción que narraba su historia.
Informado el emperador Teodosio, acudió al lugar y escuchó el relato de los durmientes, que fue recibido como una prueba providencial de la resurrección de la carne. Tras dar testimonio, los jóvenes murieron definitivamente. Sus cuerpos, según la leyenda, permanecieron incorruptos y fueron sepultados cerca de la cueva, sobre la que se levantó una iglesia. Posteriormente se construyó un cementerio, pues muchos cristianos de Éfeso deseaban ser enterrados cerca de ellos.
Teodosio quiso honrarlos con tumbas de oro, pero, según la tradición, los jóvenes se le aparecieron en sueños y le pidieron que fueran enterrados humildemente en la misma cueva donde habían dormido durante siglos. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc-.
Ruinas de un cementerio de la época cristiana, construido alrededor del lugar conocido como Tumba de los Siete Durmientes.

Escultura de la Inmaculada que visitó Córdoba el 19 de agosto de 2021 procedente de la casa de la Virgen en Éfeso.