
La muerte fue en Córdoba.
El día 30 de abril de 1911 José María Alvariño Navarro nace en Córdoba en la casa número 11 de la Plaza de San Pedro y muere a los 25 años, en la misma ciudad, la noche del 28 de octubre de 1936.
Casado con Amparo Pérez Baños, tenía un hijo pequeño, José y otro por venir al que no conocio que llamaron Rafael.
García Lorca considera a Alvariño como su mejor amigo y discípulo en Córdoba. El Hotel Regina o el restaurante de Miguel Gómez era los punto de reunión cuando el poeta granadino visitaba Córdoba.
Alvariño, que llegó a ser presidente de los tipógrafos cordobeses, fue generoso y compasivo hasta el punto de renunciar a su paga alguna vez, para socorrer a sus compañeros en paro. La generosidad iba pareja con la inocencia, que le costó la vida. Porque llegó a pensar que escribir en Azul era el salvoconducto definitivo en época de palos de ciego. Una noche lo arrancan del sótano del periódico para ser fusilado.
Naciendo como escritor, publico su único libro. Canciones Morenas, el 17 de noviembre 1935.
La reconstrucción de la obra del poeta ha sido posible a partir de conversaciones con personas que lo conocieron, fotografías del momento, textos escritos por él, y un ejemplar original de Canciones Morenas, título reeditado por el Ayuntamiento de Córdoba en 1987 y la Diputación de Córdoba realizó una edición facsímil de Canciones Morenas en el 2006. sccc


Siete revueltas tenían
la calleja de tu calle.
Ni la luna nos veía.
En cada una, quién sabe,
los besos que sonarían
¡Callejas de morería!
Un talle siempre es un talle,
Y entre revueltas umbrías…
de eso no se entera nadie…
Siete revueltas tenia
Y no dimos con tu calle,
que la calleja salía
caminito de olivares.
Y el camino nos perdía
donde crecen los maizales.
José María Alvariño

El día que yo me muera
que me entierren en la calleja…
por la calleja del Amparo,
seguida y a mano izquierda.
¡La callejita del Arco,
vigía de la Ribera!
Se lo dejaron aquellos
Que lloraron nuestra tierra.
Amigos, cuando yo muera.
que me entierren por la nochecita
en esa calleja.
¡Ah…! y que sean los funerales
el responso de un cantar…
de un cantar por soleares
José María Alvariñ0

Ojos y ojos del puente
Se nos quedaban muy lejos
Por una orilla de adelfas,
y en las adelfas…veneno:
Perfumes de flor del sitio
que se lo llevó tu cuerpo.
Eras gacela de juncos;
yo seguí tus movimientos.
Bajo nuestros pies gemía
la muerte de los helechos.
(Las ranas hacían caprichos
y solos de violoncelo).
Y entre caprichos de ranas
que movían el silencio
donde la arena era fina
fueron finos tus lamentos…
Ya el río anda lunero,
¡y el Campo de la Verdad
lo lucen los faroleros!
José María Alvariño.

Y solo por verte a ti,
las tardes forman revuelo,
…¡Que vaivén, que ir y venir
de gente al embarcadero!
te punzaban las miradas
porque punzaban tus pechos.
José María Alvariño.

¡Transito, gitana fina
de los gitanos plateros.
Tanto me querías tú
que de quererme te has muerto!
Y esto se quedó en cantar
porque lo dijo el coplero
cuando a su novia llevaba
todo el moreno cortejo.
¡Noche, que noche aquella,
barrio del Alcázar Viejo!
Sentimiento de mi alma
como es este sentimiento:
Vivir por pasar tus calles
sonámbulo de luceros
y recordar en tus noches
una nostalgia de hierros
por un mayo florecido
en los geranios bermejos.
Y ese sabor que me quema
de otro geranio de fuego
que calcinaba mis labios,
en un contacto postrero
se me esfumo tan fríamente
que fue una angustia de acero.
Tristeza de los gitanos
(seguiriyas en silencio;
ausencia de la guitarra
las caricias de los dedos…
y entre la prima y bordón
la pena de un lazo negro)
al velar la noche aquella
en que no supo su cuerpo
del capricho de la Luna
empeñada en darle besos.
¡Ay, la hora de azucena
en el patio jazminero
que perfumaba sus carnes
con un suspiro de pétalos!
Transito gitana fina
De los gitanos plateros.
Yo guardo rosas, oscuras
De haber estado en tu pelo.
Amargura de los pobres
Gitanos chamarileros
De lo fino y pedrería.
Pero a ella le pusieron
Aderezo de oro antiguo.
De oro antiguo el aderezo
Que lucio toda una casta
Como quien luce un trofeo,
Y aquella noche qué pálidos
Parecían sus reflejos.
Con lágrimas se miraban
La belleza de lo yerto.
Ya no palpitaba el busto
que fue tibio en mis anhelos.
Limoneros y naranjos
Eran azahar en su lecho.
¡Ay de mi novia morena;
¡Traed más flores del huerto!
Los crisantemos celestes,
celestes los pensamientos,
laboran las gitanillas
su corona de recuerdos.
Amigas que le rezaban
al Santo Julio Romero;
milagroso de pinceles
que la pintes en tu Cielo.
Es Tránsito la Gitana,
novia de nuestro coplero.
¡Noche, qué noche aquella,
barrio del Alcázar Viejo!
Por la Puerta de Sevilla
llorábamos los mozuelos…
José María Alvariño

Callejón de Adarve
donde la llevé
¡Ay los besos suyos
como los gocé!
Callejón de Adarve,
sin luna ni nada.
Ausencia de luces.
Ni ecos ni pisadas.
callejón del Adarve
antiguas murallas
Huecos de ruinas
donde se sentaba.
¡Callejón de Adarve,
yo te cantaré!
Qué me dice el sitio
Donde la lleve…
José María Alvariño.

A CONDICION
Como si fuera un castigo,
porque tengo mi mujer
y no puedo hablar contigo.
Con este huir de las gentes
y este afán de buscar sitio…
¡nochecitas al relente!
Si, amante, te lo digo:
aunque nunca sea tu novio
podré ser siempre tu amigo.
Y seré siempre tu amigo
porque quiero que me quieras,
pero nunca tu mendigo…
José María Alvariño.

Canción en Córdoba
¡Oh, los hombres de otras tierras
que no ven tus calles,
ni pisan tus patios,
ni viven tu aire…
¡Oh, los hombres de otras tierras
sin saber de arcos
en Mezquita Grande…
Oh, esos hombres
que también son árabes!
José María Albariño.

Canción del lindo galán
Luna, de nada te asombras
Que en las noches que esta plena
va como un lirio morado
sobre tu espejo, mi sombra
de Narciso declarado.
(…Ay, ¡Como un lirio atildado!).
José María Albariño

¡Dejadme a mí la barca!
A mi y con ella un momento
barquero, que yo me pierda
aguas abajo, rio adentro…
Y fui contigo remero.
Los tarajes guiñaban
como si fuera un secreto
con un viento de ribera
de Guadalquivir contento.
¡Cuando pasemos la barca
yo sobre donde te llevo!
José María Alvariño.

¡Que me envidien los mocitos
que van al embarcadero!
Bajabas la escalerilla
Con tu pasito: ¡jaleo!
Te iban diciendo uno a uno
Como piensan sus deseos.
¡Que me envidien los mocitos
y me maldiga el barquero!
Ellos que iban por verte
Y él que no quiso dinero
cuando pasabas la barca
¡Ayunan de tu salero!
José María Alvariño
Fotografía tomada desde la azotea de la casa de la Ribera. Al fondo detrás de los barandales, la antigua higuera.

Y esta sed de Mujer y de Luna
¡De luna llena en noches de mujer!
Caminante sediento, sueño campos
done bebe mujer desnuda
En manantial de espasmos.
¡samaritana!
en tálamo con sabanas de luna
¿Quién me moja los labios?
José María Alvariño.

El Patio en la noche:
Hablan las macetas
haciendo derroches.
La noche, Yo y Ella:
sibaritas de albahaca
Hartos de estrellas.
José María Alvariño.

Veraneo de la hija de la hortelana.
Mientras tu padre en la huerta
cuida y cuida las manzanas,
yo voy a verte a la alberca.
Que tu madre está en la plaza,
que tu hermano anda de juega
que tu solita en casa.
¡La niña de la hortelana,
La que se baña en la alberca
¡A las seis de la mañana!
José María Alvariño.

Verbena en Miragenil,
donde conocí los ojos
que se fueron tras de mí.
¡Ay brisa de los membrillos
En agosto la soñé
¡Y mira si fue sencillo!
¿Por qué se me ocurrió a mi
Llevarla por la Calzada,
…noches de Puente Genil?
José María Alvariño