[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Cúpula de la memoria – Cosas de Cordoba

Cúpula de la memoria

El 6 de agosto de 1945, a la 1:45 de la madrugada, el Enola Gay, un bombardero B-29 estadounidense, despegó de la isla de Tinian, en el archipiélago de las Marianas. A bordo transportaba una bomba atómica con núcleo de uranio enriquecido, denominada Little Boy (Pequeño Niño), con una fuerza explosiva equivalente a 12.500 toneladas de TNT.

A las 8:15 de la mañana, mientras los ciudadanos de Hiroshima comenzaban su jornada, el Enola Gay liberó su letal carga. La bomba cayó durante 43 segundos antes de detonar a 580 metros sobre el Hospital Shima, cerca del centro de la ciudad.

Al contemplar el espectáculo de la explosión, el piloto que la había lanzado exclamó, mientras ascendía su aeronave a la mayor altitud posible, según órdenes recibidas:

«El sol se ha caído sobre la Tierra».

Curiosamente, Hiroshima no había sido bombardeada en toda la guerra. La ciudad fue seleccionada como un «blanco virgen», sin daños previos, lo que la convirtió en un lugar ideal para evaluar los efectos de la bomba atómica. La decisión de lanzar el arma no tuvo tanto que ver con la aceleración del fin de la guerra como con la necesidad de realizar una demostración de su poder destructivo. Según el presidente Harry S. Truman, la prueba era «necesaria», lo que lo convierte, para muchos, en uno de los mayores genocidas de la historia.

Pedro Arrupe, quien más tarde se convertiría en el 28.º prepósito general de la Compañía de Jesús, fue testigo directo del bombardeo. En 1963, en una conferencia en el Seminario de San Pelagio, en Córdoba, expresó:

«No es la atómica la más terrible de las energías; hay otras más temibles aún. La desintegración atómica no sería de temer si no estuviese al servicio de una humanidad desintegrada por el odio».

El escritor Gabriel García Márquez, reflexionando sobre la tragedia, propuso:

«Hagamos el compromiso de fabricar un arca de la memoria capaz de sobrevivir al diluvio atómico. Una botella de náufragos siderales arrojada a los océanos del tiempo, para que la nueva humanidad sepa por nosotros lo que no han de contarles las cucarachas: que aquí existió la vida, que en ella prevaleció el sufrimiento y predominó la injusticia, pero que también conocimos el amor y fuimos capaces de imaginarnos la felicidad. Y que sepa y haga saber, para todos los tiempos, quiénes fueron los culpables de nuestro desastre y cuán sordos se hicieron a nuestros clamores de paz, para que ésta fuera la mejor de las vidas posibles y con qué inventos tan bárbaros, y por qué intereses tan mezquinos, la borraron del universo».

Uno de los símbolos más representativos de aquella tragedia es la Cúpula Genbaku, también llamada Cúpula de la Bomba Atómica, que forma parte del Memorial de la Paz de Hiroshima. El hipocentro de la explosión se situó a apenas 150 metros en la horizontal y 600 metros en la vertical del edificio, que fue la estructura más próxima en resistir el impacto. Desde entonces, ha sido preservado exactamente como quedó tras el bombardeo, como un monumento conmemorativo de la devastación nuclear y un símbolo de esperanza en la paz mundial y la eliminación de todas las armas nucleares. Soledad carrasquilla caballero. sccc.

Genbaku la única estructura que logró sobrevivir al bombardeo