
Cartel titulado Córdoba realizado por Manuel León Astruc en 1930. Se trata de un gran formato entelado de 2,25 m. de alto por 1,07 m. de ancho. León Astruc entre otros trofeos y menciones consiguió la medalla de oro en la Regional de Córdoba de 1924.
La perspectiva más iluminada de Córdoba contempla, desde hace más de setecientos años, la silueta vigilante de la Torre de la Calahorra, erguida como llave y centinela de la ciudad. Al pie de sus muros, el Puente Romano se tiende como un único pez de piedra que, en medio del río, une los dos córdobas: la califal y la cristiana, la de oriente y la de occidente, la memoria viva del Guadalquivir que fluye como un hilo de tiempo entre ambas orillas. A su espalda, la inmortal Mezquita, coronada por la Catedral, resume el drama y la gloria de la historia de Córdoba: un bosque de columnas bajo un cielo cordobés, donde el alma andalusí reposa bajo la cruz gótica, como testigo de de fe, arte y poder superpuestos. Desde allí, todo es símbolo y continuidad.
Mientras tanto, desde la otra orilla, en el Campo de la Verdad, la figura de Minerva, diosa romana de la sabiduría y la guerra justa, apunta su lanza hacia el escudo de Córdoba. Es un acto de custodia y de confrontación simbólica: saber y fuerza frente al poder instituido. A su lado, una figura femenina —la mujer cordobesa, heredera de aquellas figurillas ibéricas halladas en los yacimientos arqueológicos— se alza con la mantilla tradicional y el abanico en la mano derecha, instrumento de elegancia y lenguaje silente, convertido en estandarte de feminidad y orgullo andaluz.
Ese abanico no solo refresca el aire del sur, sino que acaricia el legado antiguo de los toros de Gerión, evocando la conexión mítica entre el mundo mediterráneo clásico y los pueblos indígenas de la Bética. En ella resuenan también ecos de las sacerdotisas tartésicas, de las matriarcas califales y de las damas ilustradas de la Córdoba ilustrada.
La mujer como desdoblamiento simbólico de la diosa encarna múltiples rostros: es sabiduría y civilización, medicina y arte, habilidad y fuerza, coraje y paz. Su presencia representa el equilibrio fecundo entre la razón y la emoción, entre la herencia y la transformación. Y en su mirada serena, Córdoba contempla su propio reflejo. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-