[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Francisco Montes «Paquiro» – Cosas de Cordoba

Francisco Montes «Paquiro»

Relieve de Paquiro cerca del panteón de la familia de su mujer, donde está enterrado.

El día 13 de enero de 1805 nació en Chiclana de la Frontera Francisco Montes Reina, en la calle Santo Cristo. Era hijo de Juan Félix Montes, natural de Puerto Real y administrador del Marqués de Montecorto, y de María de la Paz Reina, originaria de Chiclana. Su nacimiento y bautismo están registrados en el tomo 39, folio 336, de la Parroquia de San Juan Bautista.

Cuando tenía cinco años, los franceses ocuparon Chiclana, y el joven Paquiro quedó fascinado por los bordados y los adornos dorados de los uniformes de los oficiales galos, lo que, según algunos, influyó en la creación de su futuro traje de luces.

Aunque recibió una buena educación y su familia deseaba que se convirtiera en cirujano en el Real Colegio de Cirugía de Cádiz, la invasión francesa arruinó la posición económica de su padre. Esto obligó a Paquiro a abandonar esa idea y a trabajar como albañil. La familia se mudó, cerca del matadero, lo que le permitió un primer contacto con el ganado bravo.

Su primera aparición en un cartel taurino fue el 1 de junio de 1830 en El Puerto de Santa María, donde actuó como sobresaliente de espada. Ese mismo año, el 24 de noviembre, se inscribió en la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, dirigida por el maestro Pedro Romero, para perfeccionar su técnica durante la temporada invernal. Según algunos autores, su objetivo principal al asistir a esta escuela fue mejorar su habilidad con la espada, su talón de Aquiles.

En marzo de 1831, viajó a Madrid con una carta de presentación para el Conde de la Estrella, quien sería su protector. Tomó la alternativa en Madrid el 18 de abril de 1831, de manos de Juan Jiménez «Morenillo», quien le cedió la lidia y muerte de un toro de Gaviria. Alternó con Morenillo y Romero Carreto, lidiando toros de las ganaderías de Gaviria y Bañuelos. Durante esa jornada, recibió su primera cornada, un puntazo junto al codo, que marcaría su bautismo de sangre.

Paquiro comenzó su carrera como lidiador ganando 1.800 reales por corrida, aunque en los días en que había dos funciones (mañana y tarde) su paga ascendía a 2.200 reales.

Figura esencial del siglo XIX, está considerado uno de los grandes renovadores del arte taurino. Fue un torero de enorme prestigio en su tiempo, comparado con posterioridad con otras grandes leyendas como Lagartijo, Guerrita o Joselito el Gallo, Paquiro no solo brilló en la arena: quiso dotar al toreo de un cuerpo teórico y reglado que lo alejase del mero espectáculo popular y lo acercase a un arte codificado, respetado y digno.

En Chiclana se encuentra el Museo Municipal Taurino Francisco Montes Paquiro, donde se conservan trajes, carteles, utensilios de toreo, y sobre todo un ejemplar original de su célebre obra Tauromaquia completa, publicada en 1836. En ella Paquiro sistematizó las normas, los estilos, las suertes y las obligaciones del torero, convirtiéndose en el primer gran tratadista del toreo moderno. Su pensamiento y ordenamiento influyeron de manera decisiva en las generaciones venideras.

Fue un gran innovador de la lidia, dotándola de un sentido artístico y creativo. Reformó el concepto del espectáculo taurino, lo que le valió el título de instaurador del toreo moderno. Modifico el traje de luces, como la incorporación del tocado de torear, que en honor a su apellido comenzó a llamarse montera.

Pero Paquiro no fue solo torero y teórico. También fue un hombre de campo y propietario de viñas en su tierra. En la zona de la Banda, en Chiclana, tuvo extensiones dedicadas al cultivo de la vid, donde se producía vino que, según algunas crónicas locales, llegó a alcanzar cierta fama por su calidad. Esta faceta menos conocida lo vincula con la rica tradición vinatera de la comarca gaditana, y nos muestra al hombre completo que no se desligó nunca de sus raíces. Era habitual verlo recorrer sus tierras.

Su muerte, acaecida en Chiclana el 4 de abril de 1851, cerró una vida intensa y admirada. Fue enterrado en el cementerio de San Juan Bautista, en un panteón que pertenecía a la familia de su esposa, por lo que su nombre no figura en la lápida. Solo un pequeño relieve cercano, discreto, parece hablar por él: “Aquí estoy yo”, como si la memoria popular se encargase de suplir la ausencia de reconocimiento en el mármol.

El Ayuntamiento de Chiclana ha intentado en varias ocasiones trasladar sus restos a un lugar donde se pueda colocar su nombre, pero los propietarios del panteón no han estado de acuerdo

Y esa memoria pervive también en el arte. Federico García Lorca, atraído por la mitología del toreo y por la figura romántica del matador, le dedicó unos versos inmortales en El Café de Chinitas. El poema, que dramatiza un duelo entre Paquiro y un rival al que llama “su hermano”, fue musicalizado y grabado por La Argentinita en 1933, en un famoso disco de carbón de La Voz de su Amo. Aunque Paquiro era hijo único, el término “hermano” tenía un sentido figurado entre los toreros de su tiempo, y se especula que Lorca aludía a su gran rival Frascuelo, o quizás a un símbolo del destino, la muerte o el orgullo torero.

Con Tauromaquia completa, sus triunfos en la plaza y su figura ya legendaria, Paquiro trazó un antes y un después. Su toreo, elegante y poderoso, marcó el tránsito del toreo a pie desde una práctica popular a una profesión con códigos y estética propios. Su vida fue una expresión romántica de valentía, saber y pasión, y su nombre resuena con fuerza en la historia del toreo, pero también en la memoria cultural de Andalucía.

Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Cartela a la memoria de Paquiro en el cementerio de Chiclana.

Lugar donde se encontraba las viñas del Paquiro.

Fue, probablemente, el primer torero en ser retratado de manera recurrente por artistas tanto españoles como europeos, cautivados por el exotismo. Entre las representaciones más célebres se encuentra un grabado de Goya, que muchos expertos creen inspirado en las primeras corridas donde participó Paquiro, aunque el aragonés no lo retrató directamente, sí captó la atmósfera violenta y gloriosa de esa nueva tauromaquia más ordenada y estética, que Paquiro contribuyó a moldear.

Paquiro. Litografía de José Vallejo y Galeazo. Litografía de Zaragizano. Biblioteca Nacional de España

Estudio de Paquito. Joaquin Dominguez Becquer. Revistas ilustradas El Museo Universal o La Ilustración Española y Americana,

Momento íntimo del torero antes de salir al ruedo. Ángel María Cortellini. Museo Carmen Thyssen de Malaga.