
Cuando el poeta alemán Rainer María Rilke visito Córdoba en 1912, opino sobre la Mezquita: «Córdoba. ¡Esta mezquita! Es una pena, una tristeza, una vergüenza lo que han hecho con ella. Esa iglesia enmarañada en su interior. Dan ganas de pasarle un peine, como a los nudos de unos hermosos cabellos. Han adosado unas capillas oscuras para digerir de manera suave y constante a Dios, como el jugo de una fruta»
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