
La fotografía muestra una reproducción del icónico interior de la Mezquita de Córdoba, con sus característicos arcos de herradura bicolores.
La Ciudad Blanca y el nacimiento del siglo americano
La Feria Mundial Colombina, oficialmente conocida como la Exposición Mundial Colombina (World’s Columbian Exposition), fue una exposición universal celebrada en Chicago en 1893, con motivo del cuatrociento aniversario del viaje de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo. Este magno evento no solo buscaba conmemorar aquel acontecimiento histórico, sino también mostrar al mundo el poderío industrial, cultural y arquitectónico de los Estados Unidos en un momento de rápida modernización y expansión.
La muestra se desarrolló en el Jackson Park, al sur de la ciudad, ocupando más de 280 hectáreas. Bajo la dirección del arquitecto Daniel Burnham, y con un diseño urbanístico inspirado en el estilo neoclásico europeo, la exposición destacó por su cuidada estética. Las fachadas de los edificios fueron recubiertas con yeso blanco brillante, lo que dio lugar al apodo de «La Ciudad Blanca» (The White City), símbolo de orden, limpieza y progreso. Este contraste visual con el resto de Chicago, en plena industrialización, tuvo un profundo impacto en la cultura urbana estadounidense.
En total, se construyeron 214 edificios nuevos, entre los que se incluían palacios temáticos dedicados a la agricultura, la maquinaria, las artes, la educación, la electricidad, la minería y el transporte. También se diseñaron canales y lagunas artificiales, inspirados en la arquitectura de Venecia, que ofrecían paseos en góndola y reforzaban el carácter monumental del evento.
La Exposición Colombina fue la primera feria mundial en la que se permitió a los países participantes contar con pabellones nacionales propios, lo que representó un hito en la historia de las exposiciones universales. Participaron 51 naciones, entre ellas muchas potencias europeas, además de países de América, Asia y África. Cada pabellón ofrecía una visión de la cultura, los avances tecnológicos y la identidad nacional de su país.
La feria tuvo una serie de innovaciones tecnológicas y culturales que marcaron un antes y un después: se presentó por primera vez la rueda de la fortuna (Ferris Wheel), diseñada por George Ferris como respuesta americana a la Torre Eiffel de París; se exhibieron novedades como la electricidad distribuida por corriente alterna (sistema de Westinghouse y Tesla), y productos que más tarde se volverían comunes en los hogares, como el chicle, los cereales de desayuno, y los lavavajillas automáticos.
La atracción central era una gigantesca piscina reflectante, ubicada frente al llamado «Gran Palacio de la Manufactura», que representaba simbólicamente el viaje de Cristóbal Colón hacia América. En torno a ella se encontraba la famosa estatua de la Republica, de casi 20 metros de altura, presidiendo el recinto como alegoría del nuevo espíritu nacional.
La exposición fue un éxito sin precedentes, batiendo el récord mundial de asistencia a un evento hasta la fecha, con más de 27 millones de visitantes durante sus seis meses de duración. Para un país cuya población era de unos 63 millones de habitantes, esa cifra refleja el enorme interés y orgullo nacional que generó el acontecimiento.
Su impacto fue tan profundo que Chicago conmemoró la feria incorporando una estrella en su bandera municipal, una de las cuatro que aparecen actualmente, y que representa este momento de gloria cívica y arquitectónica.
La Exposición Colombina no solo consolido a Chicago como una ciudad de relevancia internacional tras el devastador incendio de 1871, sino que se convirtió en un símbolo del excepcionalísimo estadounidense emergente, de la misma manera que la Gran Exposición de Londres de 1851 había sido un emblema de la supremacía británica en la era victoriana. La “Ciudad Blanca” fue también la inspiración para el movimiento arquitectónico conocido como la City Beautiful, que influenció la planificación urbana en muchas ciudades estadounidenses durante el siglo XX.
Aunque el edificio principal del Pabellón de España en la Exposición Mundial Colombina de Chicago fue una reproducción parcial de la Lonja de la Seda de Valencia, también se incluyeron recreaciones de otros elementos emblemáticos del patrimonio arquitectónico español, como la Mezquita de Córdoba. Una de las instalaciones más llamativas fue una reproducción parcial de su icónica sala de columnas y arcos de herradura bicolores. Esta galería evocaba de manera impactante el legado andalusí en la historia de España, y se presentó como una muestra del refinamiento técnico y estético alcanzado en al-Ándalus. Con estas reconstrucciones, España buscaba proyectar una imagen diversa y rica de su pasado, integrando las herencias islámica, cristiana y moderna como parte de su identidad cultural ante el mundo. La inclusión de la arquitectura cordobesa contribuyó a captar la atención del público internacional y reforzar el papel histórico de España en la gestación del mundo moderno. Soledad Carrasquilla Caballero. Sccc.-

Replica de 1918 de la escultura, La Republica, de la Exposición Mundial Colombina de 1893.

La rueda de Ferris de 80,4 metros de alto. Construida para la Exposición Mundial Colombina en Chicago, Illinois, se trasladó a San Luis, Misuri, en 1904 para la Exposición de la compra de Luisiana, y se demolió allí en 1906.