
Escultura del Fernando III de Castilla que se encuentra en la Capilla Real de la Mezquita de Córdoba, que fue fundada por la reina Constanza viuda de Fernando IV, el 4 de octubre de 1312.
El 30 de marzo del año 1235, el ejército castellano, procedente de León y Galicia y comandado por el rey Fernando III, avanzó sobre territorio andalusí y conquistó el lugar que hoy ocupa la población de Pedro Abad. La toma de esta posición estratégica formaba parte de la campaña de expansión cristiana en el valle del Guadalquivir, un proceso clave en la conquista. Tras la ocupación, el ejército castellano estableció un campamento en estas tierras, que posteriormente fue convertido en hospital de campaña para atender a los soldados heridos durante las incursiones y combates que se sucedieron en la región.
Según las investigaciones de Ramírez de Arellano y de las Casas Deza, recogidas y analizadas posteriormente por Osuna y Cabrera, se ha documentado la existencia de un manuscrito encontrado en la ermita del Santísimo Cristo de los Desamparados de Pedro Abad. En esta fuente, se menciona que el monarca Fernando III, hacia finales de 1235, ordenó la construcción de un asentamiento en el lugar conquistado, convirtiendo el campamento inicial en un hospital estable. Para garantizar la atención tanto física como espiritual de los soldados y pobladores, el abad Pedro de Meneses se trasladó a la zona, acompañado de una imagen de Cristo Crucificado que llevaba consigo.
La presencia del abad Pedro de Meneses en Pedro Abad resultó fundamental para el asentamiento y consolidación de la nueva población. Este religioso, nacido en Campobecerros, había servido como párroco en Santa María de la Mama antes de ser convencido para unirse a la campaña de conquista en el sur de la península. Con él traía la mencionada imagen de Cristo Crucificado, una reliquia de gran valor devocional heredada de su familia, que posteriormente sería venerada con el nombre del Santísimo Cristo de los Desamparados.
La imagen comenzó a ser objeto de diversos relatos milagrosos, lo que contribuyó a su prestigio y atrajo la atención del propio Fernando III. Impresionado por la devoción que generaba y por los testimonios de curaciones y hechos extraordinarios, el rey ordenó la construcción de una ermita en el lugar y promovió el establecimiento de viviendas para quienes quisieran habitar en la zona. Como incentivo, los nuevos pobladores quedaron exentos de pagar tributos o impuestos, lo que favoreció el desarrollo del asentamiento.
Además de la presencia religiosa, otro factor clave en la fundación de la población fue la existencia de una fuente natural en el lugar, que abastecía de agua tanto a los habitantes como a los viajeros que transitaban por la región. Esta fuente se encontraba en una ruta frecuentada en el siglo XIII, lo que facilitó la integración del nuevo asentamiento en la red de caminos que comunicaban las tierras reconquistadas con el resto del reino de Castilla.
La combinación de la presencia del abad Pedro de Meneses, la veneración al Cristo de los Desamparados y la importancia estratégica del camino y la fuente de agua dieron origen al primitivo nombre del lugar: Fuente de Per Abad. Este topónimo aparece registrado en un documento fechado en 1272, en el que se menciona la iglesia local como parte del arcedianato de Córdoba. Este testimonio documental confirma la existencia y consolidación del núcleo poblacional en la segunda mitad del siglo XIII, sentando las bases de lo que posteriormente sería Pedro Abad.
La fundación y desarrollo de Pedro Abad se inscriben así en el marco de la política de repoblación promovida por Fernando III en las tierras del valle del Guadalquivir. La creación de nuevas villas y aldeas, con incentivos para su poblamiento y con un fuerte componente religioso, formó parte de la estrategia cristiana para afianzar su dominio en la región, asegurando tanto el control militar como la estabilidad social en los territorios recién conquistados. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-