
Aberraban III. escribió en su lecho de muerte: He reinado cincuenta años en Córdoba. Amado por mis súbditos, temido por mis enemigos y respetado por mis aliados. Riquezas y honores, poder y placeres, aguardaron mi llamada para acudir de inmediato. No existe terrena bendición que me haya sido esquiva. En esta situación he anotado los días de pura y auténtica felicidad que he disfrutado, suman catorce, y no todos seguidos.
El Califa que se lamentó de que sólo había sido feliz catorce días en su vida, ¿no pensó que el amor que describe en su poesía le valió para merecer toda su vida?

pero a tanto no llega mi poder.
No la amo porque sus labios sean dulces ni brillantes sus ojos,
ni sus párpados suaves.
No la amo porque entre sus dedos salte mi gozo
y juegue como juegan los días con la esperanza.
No la amo porque su cuerpo
sea para mí la única primavera.
No la amo porque al mirarla sienta en la garganta
el agua y al mismo tiempo una sed insaciable.
La amo sencillamente
porque no puedo hacer otra cosa que amarla».
Abderraman III.

lamento deciros con retraso
que yo era un alfanje sin fin y una manera
de aceptar mi interior derrocamiento.
No quise divulgar mi sufrimiento
por no haceros la envidia llevadera.
Nadie me conoció más que por fuera,
como el alto ciprés conoce al viento.
El laurel fue costumbre de mi frente,
la mujer de mi noche, el inminente
jazmín bajo los astros a mi lado.
Recordar siempre al mar feliz monarca..*.
Abderranam III
Todo lo tuve. Cuanto el cielo abarca.
Recordad siempre al más feliz monarca:
Abderramán III .

de no desear ni un instante de descanso ni mezclar el vino con agua?
Si una roca sufriera alguno de mis pesares volveríase tan frágil como el cristal.
Otras veces, como sabes, libre de los pesares que hoy lamento, gustaba de los placeres.
Hoy, ausente de mi amada, experimento penas para las cuales no hay remedio.
La rosa acrecienta mi tristeza, la azucena, no, mi agitación.
Mis noches, antes deliciosas, ahora me parecen tan feas como rostros deformes.
Nada esperes de lo que deseas, ni que los cuidados me anuncien su partida.
Abd al-Rahman III.
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