

¡Oh ciudad de las ciudades!
Córdoba esplendida y clara
¿Cuándo volveré a tu seno
hermosa y querida patria? Abu Bakr.

Ojalar fecunda lluvia
sobre tus perfiles caiga
mientras que el trueno retumbas
el eco de tus murallas. Abu Bakr.

Brillen serenas tus noches
y un cinturón de esmeraldas
cerque tu fértil vega
Perfumada con algalias. Abu Bakr.

Abu Bakr escriba una poesía sobre Córdoba mientras suspiraba por ella. en su destierro toledano. yo la escribo entre sus flores de mayo:
«¡Oh ciudad de las ciudades,
Córdoba espléndida y clara!
¿Cuándo volveré a tu seno,
hermosa y querida patria?
¡Ojalá fecunda lluvia
sobre tus pensiles caiga,
mientras que el trueno repita
el eco de tus murallas!
Brillen serenas tus noches,
un cinturón de esmeraldas
te cerque y tu fértil vega
te perfume con algalia».
Abu Bakr.

Córdoba
La centenaria piedra al sol dorada;
Bética Madre en quién florece el río.
Campiña que arde al fuego del estío;
jara, espliego y tomillo, cumbre alada.
Por la cultura, tú, romanizada.
Por el Corán se pierde tu albedrío.
Te libra el fuego de la Cruz del frío,
teológico sentir, cristianizada.
Risueña en tus viñedos y olivares,
poetas te coronan de cantares,
prudente y sabia en tu filosofía.
Y entre callejas, plazas y rincones,
un cante jondo enciende corazones.
Y brota del nocturno tu Poesía.
Juan Morales Rojas

¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
De honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
De arenas nobles, ya que no doradas!
¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
Que privilegia el cielo y dora el día!
¡Oh siempre glorïosa patria mía,
Tanto por plumas cuanto por espadas!
Si entre aquellas rüinas y despojos
Que enriquece Genil y Dauro baña
Tu memoria no fue alimento mío,
Nunca merezcan mis ausentes ojos
Ver tu muro, tus torres y tu río,
Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!
Luis de Góngora.

su vuelo vertical en piedra dura,
desde el mástil azul de su escultura
cambia de norte el rumbo de la brisa.»
Manuel García-Viñó.


por reflejar tu aljama y tu ajerquía.»
Carlos Clementson.

y en el puente de Córdoba me beben los caballos,
porque Córdoba es siempre en el estío,
el vientre desnudo de la yerba.»
Luis Jiménez Martos.

y estrellas que lo vieran
pasar hacia los ásperos olivares del alba
como un toro de niebla, llevando en sus pupilas
la salobre ternura que en el Sur se merece
quien va solo y callando tanto peso de cielo…»
Mario López.

el alma con sus épicas quimeras,
bajo los arcos de la gran Mezquita
como un viejo bosque de palmeras.
De pronto, el fasto antiguo resucita
con pompas de orientales primaveras.
Resplandecen los muros y palpita
el aire en un desfile de banderas.
Fulge bajo las niveas vestiduras
el oro de las finas armaduras…
Abro los ojos, pálido, y contemplo
la faz de un viejo Cristo ensangrentado,
—simbolo de mi vida—abandonado
en la medrosa oscuridad del templo.
Villaespesa.

dicen que Córdoba mora,
Dicen que a quien la conoce
para siempre le enamora,
que para siempre su alma
se queda presa en su aurora.
Gertrudis Ledesma.

y hay en tu fondo un velo de argenterías fenicias,
y en la noche de la Albolafia
surgen de oscuro labio enamorado
las suras como negras palomas implorantes.»
Eres el rey, turbio césar que se desangra
sobre la propia púrpura de barros,
carne deshecha las rojizas gredas,
y flotas sobre tu huyente melancolía,
y fugaz permaneces
con tus manos de plateado exvoto acariciando
el toro, la columna, el santuario
y los pétreos plegados de la estatua.
Pablo García Baena.

la luz nace del agua.
Guadalquivir la trae
pálida.
Empieza siendo un beso,
un ala,
que acaricia y desvela
el alma
de Córdoba dormida,
Córdoba callada”
Ricardo Molina.

Guadalquivir soberbio y arrogante
ciudad en los ingenios felicísima
que con razón blasonan de sutiles.
Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo.

toda la tarde mirando
al río, verlo pasar.
Como en un tiempo lejano,
quién lo pudiera beber
en el cuenco de las manos».
Antonio Almeda.

junto a la puente un muchacho
clavado por tres saetas
a una guitarra de mármol.»
Aquilino Duque.

«Y Córdoba, al ganapierde,
te da su embrujo y su aroma.
Un arrullar de paloma
en lontananza se pierde.»
José Cabello y Cabello.

con luz de otoño en mieles traspasada,
por la fecunda arena
del río entre rosales.
sube mi vida, lenta y fatigada…»
Joaquín Romero Murube.

que es caudaloso río…”. Juan Rufo.


hoy mis palacios envidian.
Porque de vuestra presencia
consiguen ellos la dicha.
Como el sol fuisteis a ellos
Apenas amanecida,
venid a mí, cual la luna
que ya la noche propicia.
Al-Mutamid.

del poeta borracho y su musa,
del teclado mellado del acordeón,
del pecado mortal sin excusa.
Uno canta siempre la misma canción
otra noche en el bar de la esquina,
cerca de la estación donde duerme un vagón,
cuando el tiempo amenaza rutina.
Uno rumia siempre la misma canción
como un perro ladrando a la luna,
con la misma trompeta y el mismo trombón
de mariachi que estuvo en la tuna.
Uno acaba nunca la misma canción
tan Mezquita, tan judeo-cristiana
cuando llega la hora de alzarse el telón
se despierta en Córdoba la llana.
Sabina.

cuanto hay en el mundo crías,
ve que en Córdoba me quedo
en necesidad grandísima;
poderoso y grande Dios,
en ti mi alma confía,
al-Mutamid.

Córdoba espléndida y clara!
¿Cuándo volveré a tu seno,
hermosa y querida patria?
¡Ojalá fecunda lluvia
sobre tus pensiles caiga,
mientras que el trueno repita
el eco de tus murallas!
Brillen serenas tus noches,
un cinturón de esmeraldas
te cerque y tu fértil vega
te perfume con algalia».
Abu Bakr.

que siendo reina y sultana se escapó de la mezquita para hacerse cristiana».
Juan Quesada.

«Lejos de ti, de tu silencio ardiente,
de tu sombra interior, de tu regazo.
Siento, madre, crecerme un sueño, un trozo
de tu sien en mi sien, intensamente.
Más que un gemido, más que un alma ausente,
soy vena estremecida de tu brazo.
Más que un eco, una fuga, un tenue lazo,
eres, madre, una aurora tras mi frente.
Ciudad, tierra, olivar, puente, mezquita,
detenido caudal de un doble río
que en ti mora y en mí se precipita.
¿Quién podrá detener, romper su brío,
si este dolor, si esta pasión concita
gracia en tu corazón, fuego en el mío?».

¡Largo! ¡Ha llegado a vosotros el reino del Mahdí!
Pedí en matrimonio a Córdoba, la bella, cuando había
Rechazado a los que la pretendían con espadas y lanzas.
¡Cuánto tiempo estuvo desnuda!, más me presenté yo
y se cubrió de bellas túnicas y joyas.
¡Boda real! Celebraremos nupcias en su palacio,
mientras los otros reyes estarán en el cortejo del miedo.
¡Mirad, hijos de puta, que se acerca el ataque de un león
envuelto en una armadura de valor!
Al Mutamid .

pasas cada año el puente
milenario de inquietud,
hacia el arrabal doliente.
Calzada de roma cordobesa
atraviesa la corriente,
mientras que San Rafael
le vuelve a jurar valiente
por Cristo crucificado
la antigua promesa
renovada tantas veces:
“Que custodiara la ciudad
desde la sierra de enfrente
hasta el Campo de la verdad”
sccc.

Ibn Hayyan.

Ya sé. Córdoba mía,
que entre tu pecho, deshecho
muere un clavel cada día…
¡Quien lograra esa agonía
de un clavel sobre tu pecho!.
Miguel de Castro.

de mí Al-Ándalus!
Al-Ándalus sede de cuánta hermosura;
lagar de la fragancia toda,
el esplendor de sus amaneceres
es de alegre semblante,
y de labios de una morena
tomaron el color sus noches.
Siempre que el viento sopla desde mi tierra,
grito con añoranza: ¡Ay, de mí Al-Ándalus!.
Al-Haik.

cuando nada turba el agua,
palpita de las estrellas
el hormigueo de plata.
S. Rueda.

Ishq eso es completamente eterno, que no viene y se va.
Tus cimientos son duraderos, tus columnas innumerables
Como un grupo de palmeras en el desierto de Siria
Tu belleza, tu majestad me dice que fuiste creado por un hombre guiado por Dios
Eres hermoso y majestuoso, Él también, es hermoso y majestuoso.
Allama Muhammad.

Aquella ciudad cuyo rostro era la belleza, el placer sus manos
y toda la dulzura del mundo su morada.
Sus ríos eran de vino y copas sus casas. Allí bebimos el sol
hasta embriagarnos y dormir bajo el frescor de la parra
arropados por el murmullo de la fuente.
Pero, oh Radhia, cuello de gacela, pozo dulce,
el frío viento del norte hizo chirriar la veleta
y la nube que ocultó el sol descargó sus lagrimas de plata
como perlas desprendidas del collar de tu garganta,
la calle quedó desierta, el patio oscuro,
y la tristeza y la ruina llenó todo vacío.
¿Dónde hoy el esplendor de la corte?
¿dónde la poesía?
¿dónde los sabios y poetas?
¿dónde los anaqueles llenos de libros del palacio?
Sólo el recuerdo de tiempos y califas mejores nos acompaña,
y hoy el viento helado encrespa nuestro río para enseñarnos
su fría cota de mallas.
Pero, oh Radhia, palmera del desierto, junco del río,
quedan para mí como agua en aljibe los recuerdos de esa orilla,
donde jugueteaban los vientos, y los perfumes de las flores,
que allí crecen entre cañas cimbreantes,
perfumaban el aire de Córdoba, nuestra Córdoba.
Artur ben Akí..

de armonías y ciego de luz
asonar contigo
mis sueños de oriente
en los surtidores
y los arrayanes
de un patio andaluz.
Villaespesa.

Me basta a mí con el rubí de Córdoba.
Ibn Hazm.

Guadalquivir se ciñe a tu costado.
Equilibrio de Bética romana.
Fatalismo de Córdoba Sultana
en un sopor de siglos enclaustrado.
Gloria de tus ancestros te ha dejado
una honda huella de filosofía.
La guitarra te da melancolía
y de las cumbres de Sierra Morena,
baja llorando con amor que pena
nostalgias de tu historia y tu hidalguía.
Juan Morales Rojas.
Vista de la Córdoba y la sierra desde el camino viejo de Castro del Río.