
Foto de un dírham de Alhajen II `procedente en la ceca de Medina Azahara que circulaba por la península y que fue la única moneda utilizada por Alfonso VI de Castilla y de León hasta la conquista de Toledo en que acuño el patrón de la moneda carolingia para completar las monedas andalusíes.
El 29 de mayo de 1108, las tropas castellanas de Alfonso VI fueron derrotadas en Uclés por el ejército almorávide dirigido por Alí ibn Yusuf.
En esta batalla murió Sancho Alfónsez, único hijo varón y heredero del monarca leonés, y de su esposa Zahida, quien reinó en Castilla con el nombre de Isabel, nuera de al-Mu’tamid último rey de Sevilla y la última reina de Córdoba, antes de la llegada de los almorávides.
La muerte de Sancho Alfónsez supuso un golpe irreparable para Alfonso VI, quien ya en sus últimos años de vida se encontraba debilitado y sin un heredero varón legítimo para asegurar la continuidad de su reino.
La península ibérica del siglo XI estaba marcada por el enfrentamiento entre los reinos cristianos del norte y las taifas musulmanas, debilitadas tras la caída del califato de Córdoba. Sin embargo, la llegada de los almorávides, un poderoso imperio norteafricano, cambió el equilibrio de poder.
En 1086, el emir almorávide Yusuf ibn Tashfin derrotó a Alfonso VI en la batalla de Sagrajas (Zalaca), frenando la expansión cristiana en al-Ándalus. Tras su muerte en 1106, su hijo Alí ibn Yusuf continuó la política de expansión de su padre, consolidando el dominio almorávide sobre la península.
Tras lanzar ofensivas contra el reino de Aragón, Alí ibn Yusuf dirigió su atención a Castilla, atacando su flanco oriental. La fortaleza de Uclés, clave en la defensa castellana, se convirtió en un objetivo estratégico.
Para esta campaña, Alí ibn Yusuf designó a su hermano Tamim ibn Yusuf, gobernador de Granada, como jefe del ejército. Tamim partió de Granada en la primera decena de mayo y, tras llegar a Jaén, sumó refuerzos:Tropas de Córdoba, bajo el mando de Muhammad ibn Abi Ranq. Guarniciones de Murcia, dirigidas por Abu Abd Allah Muhammad Aysa. Ejército de Valencia, comandado por Abdallah ibn Fatima
Con un ejército de miles de hombres, los almorávides avanzaron rápidamente, tomando por sorpresa la alcazaba andalusí de Uclés y apoderándose de la ciudad.
En respuesta a la ofensiva almorávide, Alfonso VI envió un ejército de caballería liderado por su joven hijo Sancho Alfónsez, acompañado por varios condes castellanos.
Los cronistas describen a Sancho como un niño: “era adhuc párvulo, que podía montar a caballo pero era incapaz de defenderse”, lo que indica que tenía aproximadamente trece años. Para protegerlo, Alfonso VI confió su seguridad al conde de Nájera, García Ordóñez, su ayo y mentor.
La batalla resultó ser un desastre para los castellanos. Superados en número y estrategia, fueron completamente derrotados. Sancho Alfónsez fue capturado y ejecutado por los almorávides, lo que significó la pérdida del heredero de Alfonso VI.
Sin un heredero varón legítimo para suceder a Alfonso VI, se produce la Inestabilidad interna, con luchas sucesorias entre las hijas del rey debilitamiento que los almorávides aprovecharon para consolidar su dominio en la zona.
Los almorávides llamaron al campo de batalla “de los Siete Puercos”, nombre que posteriormente fue cambiado por el comendador de Uclés, Pedro Franco, a “Siete Condes”.
Los historiadores del siglo XX han intentado identificar a los siete condes que protegieron al infante Sancho y murieron en Sicuendes. Se cree que eran nobles que aparecen confirmando documentos reales antes de 1108 y dejan de hacerlo tras la batalla. Los posibles nombres son: Martín Flaínez, Gómez Martínez, Fernando Díaz, Diego Sánchez, Lope Sánchez y García Ordóñez, conde de Nájera y ayo del infante Sancho.
La derrota en Uclés tuvo un profundo impacto en la historia de la península ibérica:
Alfonso VI, sin heredero varón, tuvo que designar como sucesora a su hija Urraca, quien al casarse con Alfonso I de Aragón generó un periodo de inestabilidad y guerra civil en el reino.
Esta situación favoreció el surgimiento de un nuevo reino independiente: Portugal, bajo el mando de Enrique de Borgoña y su hijo Alfonso Enríquez, futuro Alfonso I de Portugal.
La victoria en Uclés permitió a los almorávides fortalecer su control sobre al-Ándalus, consolidando su presencia en la península hasta bien entrado el siglo XII.
En el siglo XII, los reinos cristianos adoptaron el sistema monetario andalusí basado en el dinar de oro y el dírham de plata, aunque continuaron acuñando monedas de vellón (aleación de plata y cobre).
En Castilla y León apareció la denominación de dinero, término derivado de la moneda andalusí.
La batalla de Uclés marcó un punto de inflexión en la historia medieval de la península ibérica. La muerte del infante Sancho Alfónsez dejó un vacío dinástico que provocó inestabilidad política en Castilla, allanando el camino para la independencia de Portugal.
Para los almorávides, la victoria significó la consolidación de su dominio en la península. Sin embargo, su poder comenzó a debilitarse en las décadas siguientes, dando paso al auge de los reinos cristianos y al nacimiento de los almohades como nueva potencia islámica en el siglo XII.
Aún hoy, la batalla de Uclés sigue siendo un símbolo de los conflictos entre cristianos y musulmanes en la península, así como un recordatorio del complejo entramado de alianzas, traiciones y luchas de poder que marcaron la Edad Media hispánica. Soledad Carrasquilla Caballero. Sccc. –