
Delirio de la Monja Muerta. Dibujo sobre papel de Juan Antonio Roa, Realizado en el Siglo XX.
Sor Magdalena de la Cruz, entre la Santidad y la Herejía.
En el año 1487, Sor Magdalena de la Cruz nació en Aguilar de la Frontera, según consta en las actas de la Inquisición. Su vida estuvo marcada por la devoción religiosa y la veneración popular, pero también por un escándalo que la llevaría a ser juzgada y condenada. Murió en Andújar en 1560, tras haber sido sentenciada a cadena perpetua en un convento de su orden.
Desde muy joven, ingresó en la orden franciscana, convirtiéndose en monja del convento de Santa Isabel de los Ángeles de Córdoba. Su vida fue un constante relato de experiencias místicas y fenómenos sobrenaturales. Durante años fue honrada como santa en vida, considerada una elegida por Dios y favorecida con dones milagrosos.
Se decía que mantenía una comunicación constante e íntima con Dios y que recibía visiones celestiales. Entre sus seguidores se contaban importantes figuras del mundo religioso, como el general de la Orden Franciscana, Fray Francisco de los Ángeles Quiñones, y el místico Fray Francisco de Osuna, cuyas enseñanzas fueron fundamentales en la espiritualidad de Santa Teresa de Jesús.
El caso de Sor Magdalena de la Cruz generó un gran impacto en los círculos religiosos de la época. Santa Teresa de Jesús llegó a sentir un profundo temor al ser comparada con ella, pues Magdalena representaba un modelo de santidad ampliamente reconocido, pero envuelto en la controversia de lo demoníaco.
Alonso Manrique, obispo de Córdoba, inquisidor y miembro del alto clero y más tarde nombrado cardenal, fue uno de sus fervientes seguidores. Tal era la creencia en su santidad que, por consejo del cardenal, el infante Felipe (futuro Felipe II) fue envuelto en los hábitos de Sor Magdalena como un objeto sagrado, con la intención de protegerlo del Diablo.
La fama de Magdalena se extendió hasta la Corona de Castilla. Su supuesta clarividencia y don de profecía le otorgaron un gran prestigio. Se decía que había vaticinado la victoria de Pavía, la captura del rey Francisco I de Francia y otros acontecimientos políticos de gran relevancia. Además, se le atribuían estigmas, visiones y éxtasis religiosos que impresionaban a la sociedad de su tiempo.
Sin embargo, pese a su creciente influencia, algunos sectores eclesiásticos comenzaron a mirarla con sospecha. Uno de sus principales detractores fue Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, quien desconfió de sus supuestas revelaciones y manifestaciones divinas.
En 1533, Magdalena fue elegida abadesa de su convento, alcanzando el punto más alto de su prestigio y popularidad. No obstante, sus constantes afirmaciones de experiencias sobrenaturales empezaron a generar dudas dentro de su propia comunidad religiosa.
El caso se tornó aún más escandaloso en 1546, cuando fue acusada de fingir milagros y visiones, además de ser protagonista de un controvertido embarazo místico. La Inquisición de Córdoba abrió una investigación exhaustiva para esclarecer las acusaciones en su contra.
Enfermó gravemente y, en medio del sufrimiento, confesó estar poseída por el demonio. Su declaración fue devastadora para sus seguidores, quienes durante años la habían considerado una santa viviente.
La Inquisición en Castilla, aunque establecida oficialmente en 1478, aún estaba en sus primeras etapas en la persecución de herejías relacionadas con la brujería y las posesiones demoníacas. Se guiaba principalmente por obras como el Fortalitium Fidei de Alfonso de la Espina, un manual utilizado para identificar y juzgar casos de supuesta intervención diabólica.
El proceso inquisitorial contra Sor Magdalena de la Cruz fue uno de los más notables del siglo XVI en España. Tras ser sometida a juicio, se dictaminó que sus dones místicos no provenían de Dios, sino del Diablo, y que su vida había sido una farsa alimentada por engaños y falsos milagros.
Como castigo, fue condenada a cadena perpetua en un convento, donde permaneció hasta su muerte en 1560. El caso de Sor Magdalena de la Cruz es un ejemplo fascinante de cómo la religión, la política y la superstición se entrelazaban en la España del Siglo de Oro. Su vida y juicio reflejan el miedo. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

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