
El 17 de febrero de 1919, en la ciudad de Córdoba, resonó por primera vez en una manifestación el grito de “¡Viva Andalucía Libre!”. No solo fue coreado por los asistentes, sino que también apareció escrito en una pancarta portada por jóvenes jornaleros que participaban en la movilización. La pancarta llevaba un mensaje contundente y combativo contra el poder establecido: «¡Mueran los caciques! ¡Viva Andalucía Libre!».
Esta manifestación, en la que participaron más de doce mil jornaleros y obreros, fue organizada por andalucistas vinculados al Centro Andaluz de Córdoba. La relevancia de este suceso quedó reflejada en la revista Andalucía, órgano de difusión del pensamiento andalucista, donde se documentaron los detalles de la protesta. La marcha estuvo encabezada por una gran pancarta blanca con la inscripción central de “¡Viva Andalucía Libre!”, convirtiéndose en un símbolo del movimiento reivindicativo de los trabajadores andaluces.
El contexto de esta movilización estaba marcado por la represión y la violencia ejercida contra el movimiento obrero en distintas ciudades andaluzas. En particular, la protesta en Córdoba tuvo lugar como respuesta a los trágicos sucesos ocurridos en Granada el 11 de febrero de 1919. Durante una manifestación en esa ciudad, la Guardia Civil abrió fuego contra los manifestantes, causando la muerte del estudiante de Medicina Ramón Ruiz de Peralta y Anguita, del obrero y mozo de estación Ramón Gómez Vázquez, y de Josefa González, quien falleció al recibir una bala perdida dentro de su propia vivienda.
Estos hechos generaron una gran indignación y avivaron la movilización social en diversas localidades andaluzas. En este contexto, el uso de la expresión “¡Viva Andalucía Libre!” refleja la creciente toma de conciencia de la identidad andaluza y la lucha contra la opresión caciquil. La documentación sobre estos hechos ha sido corroborada por Enrique Iniesta Coullaut-Valera, biógrafo de Blas Infante, en el segundo tomo de su obra Blas Infante. Toda su verdad.
El grito de “¡Viva Andalucía Libre!” no quedó reducido a aquella manifestación de 1919. Volvería a tener protagonismo en la arena política y periodística en 1933, cuando se convirtió en el centro de un intenso debate durante la Asamblea Regionalista Andaluza, celebrada en Sevilla los días 29 y 30 de enero de aquel año.
En esta asamblea se discutía la posibilidad de dotar a Andalucía de un estatuto de autonomía, siguiendo la senda de Cataluña y el País Vasco, que ya habían avanzado en sus respectivos procesos autonómicos dentro de la Segunda República. Entre los participantes en la asamblea se encontraban representantes de distintos sectores políticos e intelectuales, con una fuerte presencia del andalucismo histórico liderado por Blas Infante.
Durante los debates, el periodista y político sevillano José María García Hidalgo expresó su rechazo al uso de la consigna “¡Viva Andalucía Libre!”, argumentando que la palabra libre podría interpretarse como una intención separatista, algo que, según él, podía generar rechazo entre la opinión pública y dificultar el proceso autonómico andaluz. García Hidalgo defendía un regionalismo andaluz dentro de España, pero sin connotaciones que pudieran sugerir un independentismo similar al de otras regiones.
Blas Infante, considerado el Padre de la Patria Andaluza, respondió con firmeza a esta crítica. Explicó que la expresión “¡Viva Andalucía Libre!” no implicaba una reivindicación separatista, sino la aspiración de una Andalucía emancipada del dominio caciquil y libre para gobernarse a sí misma dentro de un marco democrático y federalista. Infante defendía un andalucismo basado en la justicia social, el autogobierno y la recuperación de la identidad cultural andaluza, conceptos que consideraba esenciales para el desarrollo de la región.
Su respuesta no solo zanjó la polémica en la asamblea, sino que reforzó el uso del grito como un emblema del movimiento andalucista. Con el tiempo, “¡Viva Andalucía Libre!” se consolidó como el lema principal del andalucismo, llegando a ser parte del escudo de la Junta de Andalucía tras la aprobación del Estatuto de Autonomía en 1981.
Estos hechos muestran cómo el andalucismo político y social, con el tiempo, evolucionó desde una protesta obrera contra el caciquismo hacia una aspiración más amplia de autogobierno y reconocimiento cultural. La consigna “¡Viva Andalucía Libre!” pasó de ser un grito de lucha en las calles a convertirse en un símbolo de la identidad andaluza y su anhelo de justicia y autogobierno. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-