[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Pedro Chamijo o Inca Huarpa – Cosas de Cordoba

Pedro Chamijo o Inca Huarpa

El día 6 de enero de 1667 —aunque algunas fuentes sitúan la ejecución el 3 de enero— fue ajusticiado en Lima Pedro Chamijo, personaje conocido también como Pedro Bohórquez y que llegó a proclamarse Inca Huarpa. Su figura encarna uno de los episodios más singulares y ambiguos del Perú colonial, a medio camino entre la impostura, la rebelión indígena y la desesperación de los pueblos sometidos.

Pedro Chamijo fue un aventurero, explorador de notable inteligencia. Según distintas versiones, habría nacido hacia 1602, bien en Granada o en Arahal (Sevilla), y es muy probable que fuese de origen morisco o mudéjar, circunstancia que explicaría su conocimiento de lenguas, su habilidad para moverse entre culturas y su resentimiento hacia el poder imperial español. Tras emigrar a América, recorrió amplias regiones del Virreinato del Perú y del Tucumán, familiarizándose con las tradiciones indígenas y con las tensiones existentes entre los pueblos originarios y las autoridades coloniales.

Aprovechando el profundo malestar de los calchaquíes, sometidos a durísimas condiciones de explotación, Chamijo urdió una audaz impostura: se hizo pasar por descendiente directo del inca Atahualpa, presentándose como legítimo heredero de la estirpe imperial. Adoptó símbolos, ceremonias y un discurso mesiánico que prometía la restauración del antiguo orden incaico, logrando ganarse la confianza de numerosos caciques indígenas. Al mismo tiempo, supo engañar a gobernadores, funcionarios y clérigos españoles, que durante un tiempo vieron en él a un intermediario útil para pacificar la región.

Proclamado cacique y “Inca”, Pedro Bohórquez encabezó un levantamiento que combinaba aspiraciones políticas, religiosas y sociales. Sin embargo, cuando su doble juego quedó al descubierto y la rebelión comenzó a escapar al control colonial, fue arrestado y trasladado a Lima. Allí permaneció encarcelado durante varios años, utilizado como pieza política mientras se decidía su destino final.

Finalmente, bajo la regencia de Mariana de Austria, tutora del joven Carlos II, se ordenó su ejecución, dictándose contra él una pena capital doble, reflejo del temor que su figura había suscitado y del deseo ejemplarizante de las autoridades. Chamijo fue ejecutado públicamente mediante garrote vil, y una vez muerto su cuerpo fue ahorcado. Posteriormente, su cabeza fue separada del tronco y expuesta en una pica en el puente de Lima, como advertencia visible contra cualquier intento futuro de insurrección o suplantación del poder real.

La represión no se limitó a su persona. Tras su caída, los pueblos calchaquíes sufrieron una durísima represalia: muchos fueron desarraigados de sus tierras, dispersados por distintas regiones y sometidos a trabajos forzados, con el objetivo de destruir su cohesión social y evitar nuevos alzamientos. Este proceso marcó el final definitivo de la resistencia organizada calchaquí y dejó una profunda huella de despoblación y sufrimiento.

La figura de Pedro Chamijo —Bohórquez o Inca Huarpa— permanece como un símbolo complejo: impostor para unos, rebelde para otros, y para muchos indígenas una última esperanza frustrada de recuperar su dignidad y autonomía frente al dominio colonial. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-