
El Gran Capitán. Asalto y toma de Tájara. Oleo sobre lienzo pintado por de José María Rodríguez de Lozada, realizado en la segunda mitad de siglo XIX.
El 30 de junio de 1483, el ejército castellano lanzó un asedio sobre la fortaleza de Tájara, una plaza clave para la conquista de Loja y un punto estratégico fundamental como puerta de acceso a la vega granadina. La fortaleza, defendida por fuerzas nazaríes leales a Boabdil, fue atacada con gran determinación por los castellanos, quienes lograron rendirla y destruirla tras una intensa contienda.
Durante la batalla, el cordobés Gonzalo Fernández de Córdoba y Aguilar, futuro Gran Capitán, estuvo a punto de perder la vida, evidenciando la ferocidad del enfrentamiento. Su destacada actuación en esta campaña fue un claro precedente de su genio militar, que lo llevaría años después a convertirse en uno de los comandantes más innovadores y respetados de su tiempo.
Aprovechando la reciente derrota de Boabdil en Lucena, las tropas castellanas avanzaron sobre Tájara, asegurando el control de este enclave estratégico. En el transcurso del asedio, Gonzalo Fernández de Córdoba demostró su capacidad organizativa e innovadora, introduciendo tácticas poco convencionales para mejorar la efectividad del ataque.
Uno de sus movimientos más audaces fue la construcción de una máquina de asedio improvisada, utilizando las puertas de las casas de la zona como material de refuerzo. Este artilugio servía para proteger a las tropas durante el avance, minimizando las bajas frente a las flechas y proyectiles lanzados desde la fortaleza. Esta estrategia, aunque rudimentaria, evidenció la capacidad de adaptación de Gonzalo y su agudo sentido táctico, características que definirían su carrera militar.
En esta acción, Gonzalo Fernández de Córdoba formó parte del contingente dirigido directamente por Fernando II de Aragón, quien en ese momento coordinaba las operaciones militares en el Reino de Granada. La presencia del monarca aragonés subraya la importancia estratégica de la campaña, ya que Loja y su entorno eran considerados puntos clave en la guerra de Granada.
El cronista Hernando del Pulgar, en su obra Hazañas sobre el Gran Capitán, relata con detalle el arrojo de Gonzalo Fernández de Córdoba en el asedio:
«Donde Gonzalo Fernández de improviso con los suyos (…) dio tal priesa al combate por la parte que le cupo que, los granadinos fueron constreñidos».
Este pasaje describe el papel determinante del futuro Gran Capitán en la batalla, subrayando su capacidad para improvisar, liderar y ejecutar ataques rápidos y efectivos, cualidades que lo convertirían en un referente militar en la Europa de finales del siglo XV y principios del XVI.
La rendición de Tájara permitió consolidar el dominio castellano en el área, debilitando la resistencia nazarí y facilitando la posterior conquista de Loja el 27 de mayo de 1486, un punto de inflexión en la Guerra de Granada. El control de esta región supuso un duro golpe para el Reino Nazarí, que veía cómo sus líneas defensivas se desmoronaban ante el avance implacable de los Reyes Católicos.
Para Gonzalo Fernández de Córdoba, esta campaña representó una temprana oportunidad para demostrar su talento militar, ganándose la confianza de los monarcas y posicionándose como un estratega excepcional, lo que posteriormente le valdría el título de Gran Capitán y el liderazgo en las Guerras de Italia. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-