
El 23 de febrero de 1502, por orden del Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, Inquisidor Mayor de Castilla y confesor de Isabel la Católica, tuvo lugar uno de los episodios más devastadores para la cultura andalusí: el asalto a la Madraza de Granada y la quema pública de cerca de 5.000 manuscritos en la Plaza de Bib-Rambla. Solo algunos textos sobre medicina se salvaron de la destrucción y fueron trasladados por el propio Cisneros a la universidad que estaba fundando en Alcalá de Henares.
La quema de libros no fue un hecho aislado. Ya en 1499, apenas siete años después de la Toma de Granada por los Reyes Católicos, Cisneros había impulsado la destrucción sistemática de textos escritos en árabe, especialmente aquellos de contenido religioso islámico. Su objetivo era acelerar el proceso de cristianización de la ciudad, suprimiendo la lengua y el conocimiento nazarí.
Sin embargo, el suceso de 1502 marcó un punto de inflexión. En enero de ese año, los Reyes Católicos promulgaron la Pragmática de Conversión Forzosa, por la cual todos los musulmanes que aún residían en Castilla debían convertirse al cristianismo o marcharse del reino. Esta medida fue especialmente dura en Granada, donde la población musulmana había mantenido su cultura y religión bajo las condiciones establecidas en las Capitulaciones de 1492, que garantizaban la libertad de culto.
Cisneros, convencido de que los libros eran un obstáculo para la asimilación de los musulmanes al cristianismo, ordenó el saqueo de la Madraza de Granada, el principal centro de enseñanza de la ciudad, fundada por el sultán Yusuf I en el siglo XIV. Allí se encontraban recopiladas obras de filosofía, astronomía, medicina, poesía, historia y jurisprudencia, además de innumerables copias del Corán y tratados de teología islámica.
Los manuscritos fueron trasladados en carros a la Plaza de Bib-Rambla, donde se encendieron grandes hogueras para incinerarlos. Testigos de la época relatan la magnitud del desastre cultural:
Entre los textos destruidos había códices ricamente decorados, con encuadernaciones artísticas labradas en oro, plata y perlas.
Sus hojas perfumadas, escritas con tintas de múltiples colores y delicadamente iluminadas, contenían siglos de conocimiento acumulado en poesía, historia, filosofía, medicina, astronomía y ciencias naturales.
Además de obras religiosas islámicas, se perdieron volúmenes únicos de gran calidad, muchos de ellos producto de la esplendorosa tradición intelectual andalusí, que durante siglos había hecho de al-Ándalus uno de los grandes focos del saber en Europa.
La quema fue un golpe devastador para la comunidad musulmana granadina, que percibió el acto como una violación directa de las Capitulaciones de 1492, en las que Isabel y Fernando se habían comprometido a respetar su cultura y religión.
Uno de los relatos más antiguos sobre este evento se atribuye al notario Juan de Vallejo, amigo cercano de Cisneros. Su testimonio ofrece una visión desde dentro de la administración castellana y resalta la convicción con la que Cisneros impulsó la destrucción del legado nazarí.
Además, cronistas posteriores como Francisco Bermúdez de Pedraza y Luis del Mármol Carvajal también describieron la magnitud de la quema, destacando la tristeza y el desconcierto de los granadinos al ver desaparecer su patrimonio intelectual.
La destrucción de los libros supuso la pérdida irreversible de un inmenso caudal de conocimiento, gran parte del cual nunca llegó a ser traducido ni preservado en otras bibliotecas.
La política de Cisneros llevó a la prohibición del uso del árabe en documentos oficiales y a la persecución de quienes intentaban conservar su lengua y tradiciones.
Irónicamente, los pocos textos médicos que se salvaron fueron llevados a la Universidad de Alcalá de Henares, institución que Cisneros promovió como parte de su reforma intelectual.
La quema de libros y la conversión forzosa fueron algunos de los factores que provocaron la Rebelión de las Alpujarras, donde los musulmanes granadinos se levantaron en armas contra la monarquía castellana.
A día de hoy, la Plaza de Bib-Rambla sigue siendo un lugar emblemático en Granada, recordado como el escenario de una de las mayores pérdidas culturales de la historia de España. Soledad Carrasquilla Caballeri. sccc.-