
El 31 de enero de 1901 falleció en Córdoba el Magistral Manuel González Francés, una figura destacada en los ámbitos religioso, académico y cultural de su tiempo. Fue enterrado con honores en el panteón de capitulares catedralicios del Cementerio de Nuestra Señora de la Salud, como correspondía a su papel relevante dentro del Cabildo de la Catedral de Córdoba.
Manuel González Francés había nacido en Cuenca el 28 de febrero de 1842. Desde muy joven, demostró un intelecto brillante y una vocación clara por la vida eclesiástica. A la edad de 8 años ingresó en el Seminario Conciliar de San Julián, donde su precocidad no pasó desapercibida. Incluso siendo colegial, asumió la cátedra de diversas materias, evidenciando su capacidad para la enseñanza y el pensamiento teológico.
En 1863 obtuvo el título de Licenciado en Teología en Toledo, y el 28 de septiembre de 1864 fue ordenado sacerdote en su ciudad natal, Cuenca. Su trayectoria avanzó rápidamente, y en 1866 accedió, mediante oposición, a la canongía de Magistral de la Catedral de Córdoba. En febrero de 1869, con tan solo 27 años, se trasladó a Córdoba para ocupar este importante cargo.
A lo largo de su vida, González Francés continuó ampliando su formación y dedicándose a la docencia. Fue catedrático del Seminario de San Pelagio, Doctor en Teología y Licenciado en Derecho Canónico. En reconocimiento a su labor académica, fue nombrado Académico de la Real Academia de Córdoba el 19 de julio de 1897, consolidando así su posición como una de las mentes más brillantes de la época.
Manuel González Francés también destacó como autor prolífico. Publicó numerosas obras sobre temas religiosos y estudios históricos. Entre sus investigaciones más relevantes se encuentran Góngora racionero (1896), una recopilación de noticias auténticas sobre hechos eclesiásticos relacionados con el gran poeta Luis de Góngora, extraídas de libros y expedientes capitulares, y Don Luis de Góngora vindicando su fama ante el propio Obispo (1899), ambas impresas en Córdoba por la Imprenta y Librería del Diario. Estos trabajos reflejan su profundo interés por preservar y valorar el legado histórico y cultural de Córdoba, en especial la figura de Góngora, a quien defendió con rigor y erudición.
Además, fue un destacado opositor a la llamada «Reforma de Córdoba», desempeñando un papel fundamental en los debates sobre la identidad religiosa y social de la ciudad. Fue también el primer director de la revista católica La Tradición, desde donde promovió ideas en defensa de los valores cristianos y tradicionales.
González Francés residía en la calle San Álvaro, cerca de la Mezquita-Catedral, un espacio que frecuentaba tanto por su labor como canónigo como por su interés en preservar la riqueza espiritual y cultural de este emblemático edificio. En su honor, la calle que ocupa todo el lado este de la Mezquita-Catedral lleva hoy su nombre, un tributo que subraya su conexión con el corazón histórico y religioso de Córdoba.
El historiador Nieto Cumplido lo describió como “un orador insigne, un literato erudito, amigo de las glorias cordobesas y un hombre de grandes iniciativas”. Estas palabras capturan la esencia de un hombre cuya vida estuvo marcada por su capacidad intelectual, su compromiso con la fe y su amor por Córdoba.
Manuel González Francés dejó un legado que trasciende el tiempo, tanto en el ámbito religioso como en el cultural e histórico. Su dedicación a la investigación, su papel como docente y su defensa de las tradiciones lo convierten en una figura imprescindible para comprender la Córdoba de finales del siglo XIX y principios del XX. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Cartela en mármol con el nombre de la puerta de la Mezquita a que corresponde,la llamada de la Concepción Antigua.