[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. José I inicia la ocupación de Andalucía. – Cosas de Cordoba

José I inicia la ocupación de Andalucía.

Inicialmente concebida como una expedición militar, las tropas se concentraron en los páramos manchegos bajo el mando supremo del mariscal Soult. Sin embargo, José I Bonaparte decidió liderar personalmente la marcha. Su objetivo no era únicamente militar, sino fundamentalmente político: contrarrestar la influencia de los liberales que, refugiados en Cádiz, acababan de convocar las Cortes, poniendo en cuestión la legitimidad de su gobierno, sustentada de forma precaria en el Estatuto de Bayona. Cádiz, además, constituía un enclave estratégico esencial para las comunicaciones con las provincias de ultramar.

La propia composición de la expedición revelaba un propósito más complejo. Junto a las tropas marchaban funcionarios, asesores e intelectuales franceses y españoles, lo que otorgaba al viaje un carácter mixto, a medio camino entre lo militar y lo administrativo. Este planteamiento buscaba proyectar una imagen conciliadora y reformista, presentando a José I como un monarca benévolo y modernizador, dispuesto a ganarse el favor de los andaluces.

José I recorrió ciudades como Andújar, Córdoba, Carmona, Sevilla, Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María, Ronda y Málaga, e intentó en varias ocasiones llegar a Cádiz, aunque nunca logró franquear sus defensas. Lo que inicialmente parecía una misión breve se prolongó durante cinco meses. En cada ciudad visitada, José Bonaparte quedó cautivado por los paisajes, la vitalidad de sus habitantes y la efímera sensación de aceptación que experimentó como monarca, una experiencia poco habitual desde su llegada a España.

En Córdoba, José I vivió lo que él mismo describiría como el inicio de su «sueño andaluz». La ciudad lo recibió con entusiasmo y las autoridades locales, reunidas en pleno, le rindieron homenaje a las puertas de la ciudad. A su paso por las calles, en un ambiente festivo y solemne, José I sintió por primera vez que su corona podía ser aceptada por una ciudad de gran relevancia histórica. Este recibimiento le permitió albergar tímidas esperanzas de que su legitimidad comenzaba a ser reconocida.

En Sevilla, el fervor popular fue aún mayor, con vítores, repiques de campanas y salvas de artillería. La expedición dejó entonces de tener un carácter estrictamente militar para transformarse en un auténtico viaje institucional, escoltado por los tres regimientos de la Guardia Real.

Sin embargo, Cádiz, el gran objetivo político, resistió firmemente. Ni las misiones diplomáticas ni las eclesiásticas enviadas por José I lograron abrir las puertas de la ciudad, que devolvió a los emisarios sin siquiera recibirlos. Convencido de que su entrada era solo cuestión de tiempo, el rey prosiguió su recorrido por Andalucía.

En Málaga, José I fue recibido con arcos triunfales y una multitud que le arrojaba flores mientras clamaba: «¡Viva el Rey!». El ministro y consejero André François Miot de Melito dejó escrito sobre aquel momento: «Si algún día José Napoleón pudo creerse realmente soberano de España, fue entonces». Incluso el alto clero, tradicionalmente prudente, aprovechó la ocasión para aproximarse al régimen bonapartista.

En su intento por ganarse a la población andaluza, José I derogó la Pragmática Sanción de Carlos IV que prohibía los festejos taurinos y asistió a corridas de toros, pese a su conocida aversión personal. Asimismo, los municipios organizaron representaciones teatrales, bailes de gala y suntuosas celebraciones en honor del monarca.

No obstante, el 27 de febrero, en la localidad gaditana de El Bosque, el ánimo del rey se quebró. La población, escarmentada por represalias anteriores, había huido a la sierra, dejando al séquito sin recibimiento y obligándolo a alojarse en las humildes viviendas de la aldea. Allí, José I recibió una noticia que acentuó su desánimo: un decreto de Napoleón que establecía gobiernos militares franceses en diversas regiones de España y ordenaba el embargo de rentas para financiar la guerra.

Aunque José I continuó su itinerario, visitando Granada, Jaén y regresando posteriormente a Sevilla y Córdoba, el clima de aceptación había cambiado. La noticia del decreto y la percepción de que Napoleón pretendía fragmentar y someter España directamente a París disiparon las esperanzas que el viaje había despertado.

A su regreso a Madrid, José I comprendió que su periplo andaluz, colmado de paisajes, cultura y entusiasmo pasajero, no había sido más que un espejismo, un «paraíso soñado de un rey desgraciado», en palabras de Francisco Luis Díaz.

Desde entonces, Andalucía comenzó a consolidarse como una referencia fundamental del romanticismo europeo, cautivando a escritores y viajeros con sus paisajes, su historia y su singularidad cultural.

Por su parte, la villa de El Bosque fue el primer pueblo de la provincia de Cádiz en levantarse en armas contra las tropas napoleónicas. Cada año, entre el 18 y el 20 de noviembre, celebra una recreación histórica de su resistencia y de su constitución oficial como villa, concedida en 1815 mediante Cédula Real de Fernando VII, como recompensa por su defensa de la soberanía nacional. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Fotografía de la recreación histórica del Bosque.