[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Rafael Soria Molina – Cosas de Cordoba

Rafael Soria Molina

El 9 de enero de 1930 nació en Écija Rafael Soria Molina, conocido como «Lagartijo», y falleció en Córdoba el 10 de octubre de 2013, a la edad de 83 años. Aunque nació en Écija, se consideraba cordobés por los cuatro costados y era el último eslabón de un ilustre linaje taurino. Rafael Molina Sánchez «Lagartijo» fue su tío-bisabuelo, el banderillero Juan Molina Sánchez su bisabuelo, y Rafael Molina Martínez «Lagartijo Chico» su abuelo. Además, Manuel Rodríguez Sánchez «Manolete» era su tío materno.

Fue decano de los toreros cordobeses. Rafaelito contó desde niño con el apoyo de «Manolete», quien lo introdujo en el mundo taurino. En 1943 y 1944, comenzó a participar en becerradas y tentaderos. Su primera corrida tuvo lugar en Priego de Córdoba el 20 de mayo de 1946.

En 1947, el año de la tragedia de Linares, solo toreó seis novilladas, pero en 1948 aumentó su actividad a 27.  El 16 de junio de 1949 se presentó en Madrid, compartiendo cartel con Manuel Carmona y Manuel Calero Cantero «Calerito», lidiando reses de Juan Cobaleda y Alicia Tabernero. Aunque su actuación fue discreta, toreó 14 novilladas ese año, cifra que descendió a 10 en 1950.

Rafael Soria tomó la alternativa el 7 de octubre de 1951 en Montoro, donde José María Martorell, en presencia de «Calerito», le cedió el toro Rodilla, negro zaino, de la ganadería del Duque de Pinohermoso. Durante esa temporada toreó siete corridas y otras tantas en 1952, optando finalmente por retirarse. No llegó a confirmar su alternativa en Madrid como matador de toros. Su última actuación fue en la histórica corrida «Pro-Monumento a Manolete», celebrada en Córdoba el 21 de octubre de 1951.

Conocido cariñosamente como «Rafaelito Lagartijo», no continuó la tradición taurina de su familia debido a sus limitaciones físicas. Sin embargo, en su vida personal y profesional dejó una huella imborrable. Fue una figura clave en preservar la memoria de «Manolete», compartiendo de primera mano sus experiencias con él.

En los últimos años, Rafael Soria se erigió como el baluarte y la figura más representativa del toreo cordobés. Cercano, humilde y sentimental, siempre enalteció el nombre de Córdoba en cada oportunidad. Durante más de cinco décadas, fue una fuente invaluable de conocimiento sobre la vida taurina, especialmente la de su tío, «Manolete». En sus apariciones públicas, destacó la imponente personalidad de su tío y narró los momentos finales de su vida, vividos en primera persona antes de la tragedia en la plaza de toros de Linares el 29 de agosto de 1947.

Rafaelito, asesor de toreros contemporáneos, dejó un legado marcado por su generosidad hacia los jóvenes aprendices y su inquebrantable compromiso con la tauromaquia. Fue conocido como el «último señor del toreo de Córdoba».

Cuando «Manolete» agonizaba en el hospital de Linares, pronunció unas palabras que quedaron grabadas en la memoria de Rafaelito: «Esto no me pasa na más que a mí, por lo tonto que he sío». Esta frase resumía su entrega y pundonor hacia su profesión, ya que, aunque pudo retirarse, la presión social y familiar se lo impidieron.

Además, el vínculo entre tío y sobrino era tan cercano que, al regresar a Córdoba tras largas ausencias, «Manolete» siempre preguntaba a Rafaelito: «¿Cómo ha estado la abuela?». Esta confianza también se reflejó en la frase que le dirigió en una ocasión mientras su apoderado, Pepe Camará, negociaba un contrato en Segovia: «Niño, vamos a dar un paseo, que me da vergüenza del dinero que Pepe les va a pedir a estos».

Rafael Soria no solo preservó la memoria de su tío, sino que también personificó la elegancia y la humanidad del toreo cordobés, dejando un legado que perdurará en la historia de la tauromaquia. Soledad carrasquilla Caballero. sccc.-