
El 31 de diciembre del año 1585 nacía en el castillo de Cabra Gonzalo Fernández de Córdoba y Cardona-Anglesola, uno de los más destacados militares españoles del siglo XVII, y fallecía en Montalbán el 16 de febrero de 1645. Su brillante carrera castrense y su ilustre linaje —al ser descendiente directo de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán— le valieron el sobrenombre del «segundo Gran Capitán», apelativo con el que fue conocido entre sus contemporáneos.
Ostentó los títulos de Príncipe de Maratea, comendador mayor de Montalbán y Trece de la Orden de Santiago, además de desempeñar algunos de los cargos militares y políticos más relevantes del Imperio español. Fue asimismo gobernador y capitán general del Estado de Milán, una de las posesiones estratégicas más importantes de la Monarquía Hispánica en Europa.
Era el tercer hijo de Antonio Fernández de Córdoba Cardona y Requesens, duque de Sessa y cabeza de la Casa del Gran Capitán, y por tanto chozno del célebre Gonzalo Fernández de Córdoba. Su pertenencia a una de las familias más prestigiosas de la nobleza militar española condicionó desde muy joven su destino, orientado al servicio de la Corona en los campos de batalla europeos.
En 1624, el rey Felipe IV le concedió el título de Príncipe de Maratea, un pequeño pero simbólico principado situado en el Reino de Nápoles, recompensa a sus servicios militares y muestra de la confianza real en su persona. Este nombramiento consolidó su posición dentro de la alta nobleza y del estamento militar del Imperio.
Gonzalo Fernández de Córdoba participó activamente en los principales conflictos bélicos de su tiempo, entre ellos la Guerra de los Ochenta Años, la Guerra de los Treinta Años y la Guerra de Sucesión de Mantua, alcanzando las más altas cotas de poder militar durante el reinado de Felipe IV. Su carrera se desarrolló principalmente en los escenarios centroeuropeos, donde España defendía sus intereses frente a las potencias protestantes y a Francia.
Fue protagonista destacado en las batallas de Wimpfen y Fleurus, así como en la de Höchst, donde derrotó a las tropas protestantes dirigidas por Ernesto de Mansfeld y Cristián de Brunswick, dos de los principales jefes militares del bando enemigo. Como general del ejército español en el Palatinado y en Flandes, se distinguió también en los asedios de Bacharach y Heidelberg, logrando imponerse a las fuerzas protestantes anglo-alemanas y consolidando el prestigio militar de España en la región.
Entre 1625 y 1629 fue nombrado por el rey gobernador del Ducado de Milán, cargo de enorme responsabilidad política y militar. Desde allí dirigió la defensa de los intereses españoles en el norte de Italia, en un contexto de tensiones crecientes con Francia. En 1628 participó en la Guerra de Sucesión de Mantua, desencadenando la llamada crisis del Monferrato al atacar la fortaleza de Casale, ocupada por tropas francesas en apoyo del duque de Nevers. El fracaso de este asedio supuso un duro revés para su carrera: fue sometido a un consejo de guerra en la corte y relegado temporalmente a su encomienda aragonesa, lo que marcó un periodo de eclipse político.
No obstante, en 1632 Felipe IV volvió a confiar en su experiencia militar y lo envió nuevamente a los Países Bajos, donde dirigió las operaciones en el Bajo Rin contra las fuerzas del Príncipe de Orange. Tras esta campaña regresó a España en 1633, estableciéndose definitivamente en Montalbán, donde vivió retirado de la vida pública hasta su fallecimiento.
Murió sin haber contraído matrimonio y sin dejar descendencia, extinguiéndose con él una de las ramas más destacadas de la Casa del Gran Capitán. Su figura representa el modelo del gran militar del Siglo de Oro español: noble, experimentado en los principales campos de batalla europeos y protagonista de los éxitos y dificultades de una Monarquía Hispánica en plena lucha por mantener su hegemonía continental. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.

Retrato de Gonzalo Fernández de Córdoba, grabado de puntos de Bartolomé Vázquez según dibujo de José Ximeno.

Sello checoslovaco 1969.dedicado a Gonzalo Fernández de Córdoba y Cardona.