
El día 7 de enero del año 891 nació en Córdoba Abd al-Rahman ibn Muhammad an-Nāṣir li-dīn Allah (الناصر لدين الله عبد الرحم Abderramán III), quien falleció el 15 de octubre de 961 en Medina Azahara, un lugar asociado con su memoria y su legado y fue tentado en la Rawda del Alcázar de Córdoba
Abderramán III, octavo emir independiente y primer califa de Córdoba, fue conocido por el sobrenombre de an-Nāṣir li-dīn Allah, que se traduce como “Aquel que hace triunfar la religión de Dios”. Su nombre, Abd al-Rahman, significa “El Siervo de Dios Misericordioso”.Era nieto de Abd Allah, séptimo emir independiente de Córdoba, y descendiente de los omeyas que anteriormente gobernaron el Califato de Damasco. Hijo de Muhammad y de Muzna o Muzayna (un nombre que significa «lluvia» o «nube»), quien fue considerada una umm walad (madre de infante), ya que dio a luz a Abderramán.
El califa Abderramán III vivió 70 años y reinó durante 50 de ellos. Fue el artífice de la fundación de la ciudad palatina de Medina Azahara, cuyo esplendor es aún recordado como símbolo de la grandeza de su reinado. De él dijo su cortesano Ibn Abd Rabbihi: «La unión del Estado rehízo, de él arrancó los velos de tinieblas. El reino que destrozado estaba reparó, firmes y seguras quedaron sus bases (…) Con su luz amaneció el país. La corrupción y el desorden acabaron tras un tiempo en que la hipocresía dominaba, tras imperar rebeldes y contumaces». Bajo su mandato, Córdoba se convirtió en un verdadero faro de la civilización y la cultura, lo que la abadesa germana Hroswitha de Gandersheim llegó a llamar «Ornamento del Mundo» y «Perla de Occidente».
No es exagerado afirmar que Abderramán III fue uno de los gobernantes más relevantes de la historia. Hombre de personalidad compleja, fue brillante, astuto, impetuoso, culto, violento y, a veces, cruel. Esta combinación de cualidades hizo de él uno de los hombres más poderosos de la Edad Media occidental.
La infancia de Abderramán III estuvo marcada por la violencia y las intrigas de palacio. Era nieto de Abd Allah I, quien, tras ordenar el asesinato de su hijo Muhammad, el padre de Abderramán, adoptó al niño y lo nombró su sucesor. Abderramán asumió el liderazgo del Emirato de Córdoba en el año 912, con 21 años.
Cuando ascendió al poder, el Emirato de Al-Ándalus estaba más disuelto que unido. La desunión y la independencia práctica de los señores locales que dominaban las distintas ciudades reducían considerablemente el control efectivo de Córdoba sobre el vasto territorio andalusí.
Durante los primeros años de su reinado, Abderramán III se dedicó a sofocar las rebeliones y a unificar los territorios andalusíes bajo su mando. Uno de sus logros más importantes fue la sumisión de Toledo, así como la derrota de Omar al-Hafsún, señor de gran parte de la Andalucía oriental. También tuvo que lidiar con los nacientes reinos del norte, alternando victorias decisivas (como la batalla de Valdejunquera) con derrotas significativas (como en Simancas). Sin embargo, Abderramán III se consolidó como árbitro de las disputas entre los reinos y condados castellanos.
Estos éxitos lo animaron a cortar el último vínculo con el Califato abasí de Bagdad y autoproclamarse califa, liderando a los creyentes no solo en lo terrenal, sino también en lo espiritual. Durante su reinado, Córdoba alcanzó un prestigio que la hizo reconocida en todo el mundo conocido.
Los restos de Abderramán III fueron enterrados en la Rawda, del Alcázar de Córdoba una zona dentro del complejo palaciego, que servía tanto de lugar de descanso como de sepultura para familia real. Sin embargo, con el paso del tiempo, el esplendor del califato decayó y la ciudad palideció hasta que solo, quedaron el esplendor de las ruinas que aún son un de la grandeza del califato cordobés y de la figura de Abderramán III, aunque la ubicación exacta de su tumba permanece rodeada de misterio, ya que aún no se ha logrado determinar el sitio preciso de su sepultura.
Recientemente se ha identificado un espacio verde en el Camposanto de los Mártires, antiguos terrenos de los jardines del Alcázar de Córdoba, que se cree podrían estar cerca de la Rawda de los califas, lugar donde, según algunas hipótesis, podrían encontrarse sus restos. Soledad Carrasquilla Canallero Sccc.
Foto del espacio verde que acoge la “Siembra t Syodeh”, en el Campo Santo de los Mártires, antiguos terrenos de los jardines del Alcázar de Córdoba, muy cerca de donde se creé que puede estar la Rawda de los califas cordobeses.-

El día 16 de enero del año 929 Abd al Rahman III se proclama Príncipe de los Creyentes y Defensor de la Fe y rompe toda dependencia religiosa con oriente, dando comienzo así el Califato de Córdoba.
Abd al-Rahmán III fue el 0ctavo soberano Omeya de al-Andalus y el primero de ellos que tomó el título de califa. Accedió al trono en el año 912. Con 21 año fue designado por su abuelo para sucederle con preferencia a sus propios hijos.
Dedicó los mayores esfuerzos de su largo reinado a someter el territorio a su autoridad efectiva, sofocando la rebelión de Andalucía, tras la toma de Bobastro e imponiéndose por la fuerza a los señores locales semiindependientes. Extendió sus acciones al norte de África, en donde varios jefes rebeldes se declararon vasallos del califa de Córdoba en lugar de acatar el califato autóctono de los Fatimíes; con ello consiguió prevenir las tentaciones expansionistas de los Fatimíes, al tiempo que se apoderaba de plazas costeras tan importantes como Tánger, Ceuta y Melilla.
También combatió contra los reinos cristianos del Norte, aunque con suerte desigual: fue derrotado por los leoneses en San Esteban de Gormaz, venció a leoneses y navarros en Mudania, en la campaña de Muez, y en Irati,volvió a perder y estuvo a punto de morir en la «batalla del foso» de Simancas, pero en conjunto puede decirse que las fronteras permanecieron seguras durante este reinado, y que incluso Abderramán se erigió en árbitro de las disputas internas de los reinos cristianos, convertidos en tributarios suyos desde el 960.
Pacificado el interior y aseguradas las fronteras, el califato vivió una época de tolerancia religiosa y de grandes construcciones (como las de Madinat al-Zahra). El prestigio exterior del califato de Córdoba se tradujo en el establecimiento de relaciones con los emperadores germánico y bizantino y con los reyes de normado y francos. sccc.

Sello de Correos emitido por la Fabrica Nacional de Moneda y Timbre.