
Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II duque de Ahumada y marqués de las Amarillas, ocupa un lugar destacado en la historia contemporánea de España como fundador y organizador de la Guardia Civil, una de las instituciones más longevas y determinantes del Estado. Nacido en Pamplona en 1803, en el seno de una familia de la alta nobleza con una sólida tradición militar y política, su trayectoria estuvo desde el principio marcada por el servicio al Estado, la disciplina castrense y una firme concepción del orden público.
Hijo de Pedro Agustín Girón, I duque de Ahumada y marqués de las Amarillas, militar de prestigio y figura clave del absolutismo fernandino, Francisco Javier heredó no solo títulos nobiliarios, sino también una visión muy clara del papel que debía desempeñar el Ejército y las fuerzas del orden en una España convulsa. El país atravesaba, en la primera mitad del siglo XIX, un periodo de profunda inestabilidad: guerras carlistas, crisis institucionales, bandolerismo endémico en amplias zonas rurales y una débil presencia del Estado fuera de los grandes núcleos urbanos.
En este contexto, Girón y Ezpeleta desarrolló una sólida carrera militar y política. Fue senador por la provincia de Córdoba en dos periodos (1844-1846 y 1861-1862), lo que refleja su estrecha vinculación con Andalucía y su conocimiento directo de los problemas de inseguridad que afectaban al medio rural, especialmente en regiones como Sierra Morena, donde el bandolerismo era una amenaza constante para el comercio, las comunicaciones y la vida cotidiana.
La necesidad de crear un cuerpo estable, permanente y profesional de seguridad pública se hizo evidente tras décadas de soluciones provisionales e ineficaces. Hasta entonces, el mantenimiento del orden recaía en milicias locales, partidas temporales o cuerpos mal coordinados, incapaces de garantizar una presencia continuada en el territorio. El 15 de abril de 1844, el gobierno presidido por Luis González Bravo confió a Francisco Javier Girón la misión de organizar un nuevo cuerpo de seguridad nacional, tomando como base un proyecto concebido años antes por su propio padre, entonces gobernador de Andalucía, Pedro Agustín Girón, I duque de Ahumada y marqués de las Amarillas
Así nació la Guardia Civil, cuya creación supuso un auténtico punto de inflexión en la historia de la seguridad pública en España. Girón estudió modelos europeos, especialmente la Gendarmería francesa, pero los adaptó cuidadosamente a la realidad social, política y territorial española. Bajo su dirección, la Guardia Civil se estructuró como un cuerpo de naturaleza militar, pero con funciones policiales, desplegado de forma permanente en todo el territorio y especialmente en el ámbito rural.
El duque de Ahumada imprimió a la nueva institución una identidad propia basada en principios muy claros: disciplina, honor, sacrificio, obediencia a la ley y servicio al ciudadano. Más allá de la instrucción militar, concedió una enorme importancia a la conducta moral de los guardias, estableciendo un código ético estricto que regulaba tanto su comportamiento profesional como su vida privada. El guardia civil debía ser, ante todo, un ejemplo de rectitud, austeridad y cercanía, capaz de imponer la autoridad sin abusos y de ganarse el respeto de la población.
Esta concepción integral del servicio público fue clave para que la Guardia Civil lograra, en relativamente poco tiempo, un alto grado de aceptación social, incluso en entornos inicialmente recelosos de la presencia del Estado. La combinación de firmeza y proximidad permitió combatir eficazmente el bandolerismo y garantizar la seguridad en caminos, pueblos y zonas rurales, contribuyendo decisivamente a la consolidación del Estado liberal.
El legado de Francisco Javier Girón y Ezpeleta trascendió el ámbito estrictamente militar. Su capacidad organizativa, su rigor metodológico y su visión a largo plazo lo convierten en una de las figuras más relevantes de la administración española del siglo XIX. La institución que fundó ha sabido adaptarse a los cambios históricos, superando guerras, transformaciones políticas y sociales, y manteniéndose como uno de los pilares fundamentales del sistema de seguridad pública en España.
El reconocimiento a su figura se ha manifestado a lo largo del tiempo en numerosos homenajes. En 1943, con motivo del primer centenario de su muerte, la Diputación Foral de Navarra costeó un busto de bronce, obra del escultor Orduña, que simboliza la gratitud institucional hacia quien supo dotar al país de un cuerpo moderno, eficaz y duradero.
Hoy, la Guardia Civil continúa desempeñando un papel esencial en ámbitos tan diversos como la seguridad ciudadana, la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado, la protección del medio rural, el control de fronteras o la atención en emergencias. En la base de esa trayectoria histórica permanece la impronta de su fundador, el duque de Ahumada, recordado como un ejemplo de integridad, servicio, liderazgo y compromiso con el bien común. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Busto de bronce del duque de Ahumada obra de Orduña, costeado por la Diputación Foral de Navarra, como motivo del Primer Centenario de la muerte del fundador de la Guardia Civil.