
Abū al-Baqā al-Rundī: el poeta que lloró la pérdida de al-Ándalus
Abū al-Baqā Ṣāliḥ ibn Yazīd ibn Ṣāliḥ al-Rundī (أبو البقاء الرندي), conocido universalmente como Abū al-Baqā al-Rundī, nació en Ronda hacia 1204 y falleció en Ceuta en 1285. Fue uno de los últimos grandes poetas de al-Ándalus y el autor de la más célebre elegía escrita sobre la desaparición del poder andalusí en la Península Ibérica.
Aunque las noticias sobre su vida son escasas, las fuentes árabes lo presentan como un hombre de sólida formación religiosa y literaria, experto en jurisprudencia islámica, gramática y poesía. Vivió en una de las épocas más dramáticas de la historia andalusí, cuando el avance del reino castellano reducía progresivamente el territorio andaluz a un pequeño enclave en torno al reino nazarí de Granada.
Durante la vida de al-Rundī desaparecieron algunas de las ciudades más importantes de al-Ándalus. La conquista castellana de Córdoba, Valencia, Jaén, Sevilla, Jerez o Cádiz supuso un profundo impacto para los intelectuales de la época.
El esplendor político y cultural que había caracterizado al Califato de Córdoba y a los grandes reinos de taifas parecía llegar a su fin. La pérdida de aquellas ciudades significaba mucho más que una derrota militar: suponía la desaparición de bibliotecas, mezquitas, escuelas, palacios y centros de conocimiento que durante siglos habían convertido a al-Ándalus en uno de los focos culturales más brillantes del Mediterráneo.
Fue en este contexto cuando Abū al-Baqā compuso, hacia 1267, su obra inmortal.
Su poema más célebre recibe el nombre de Rithāʾ al-Andalus (رثاء الأندلس), conocido en español como Elegía por al-Ándalus o Llanto por al-Ándalus.
Se trata de una qaṣīda elegíaca de extraordinaria fuerza literaria en la que el poeta lamenta la pérdida de las ciudades andalusíes y reflexiona sobre la fugacidad de la gloria humana.
Desde sus primeros versos introduce una idea profundamente arraigada en la literatura árabe:
“Todo, cuando alcanza su perfección, comienza a disminuir; no se deje el hombre engañar por la dulzura de la vida.”
Este pensamiento constituye el eje central de toda la composición: ningún reino, por poderoso que parezca, escapa al paso del tiempo ni al destino.
El poeta recuerda una tras otra las ciudades perdidas, evocando con emoción su antiguo esplendor:
“¿Dónde está Córdoba, morada de las ciencias?
¿Dónde Sevilla y las delicias de sus jardines?
¿Dónde Valencia? ¿Dónde Murcia? ¿Dónde Játiva?
Todo ha desaparecido como un sueño.”
Estos versos, convertidos en símbolo de la nostalgia andalusí, reflejan el profundo dolor de quien contempla cómo desaparece una civilización que había alcanzado uno de los momentos de mayor brillantez cultural de la Edad Media.
La elegía no es únicamente un poema de lamentación.
Abū al-Baqā pretendía conmover a los gobernantes del norte de África para que acudieran en ayuda del debilitado reino andalusíes.
Su llamamiento iba dirigido especialmente a los soberanos meriníes, a quienes exhortaba a intervenir militarmente antes de que desapareciera definitivamente al-Ándalus.
Aunque aquellas peticiones no obtuvieron el resultado esperado, el poema circuló rápidamente por todo el Occidente islámico, convirtiéndose en una de las composiciones más conocidas de la literatura medieval.
La enorme popularidad alcanzada por la Elegía por al-Ándalus hizo que, con el paso del tiempo, distintos copistas añadieran nuevas estrofas recordando otras ciudades perdidas, especialmente tras la caída de Antequera y, finalmente, del reino de Granada en.
Por ello, las diferentes versiones conservadas presentan pequeñas variaciones, aunque el núcleo esencial del poema pertenece sin duda a Abū al-Baqā al-Rundī.
La elegía de al-Rundī ha llamado desde hace siglos la atención de numerosos hispanistas.
El arabista Juan Valera destacó las sorprendentes semejanzas entre algunos de sus temas y las célebres Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique.
En ambas obras aparece la reflexión sobre la fugacidad de la existencia, la caducidad del poder humano y el carácter efímero de las grandezas terrenales.
No pocos estudiosos han señalado también ciertos paralelismos con la poesía moral de Juan de Mena, el gran escritor cordobés del siglo XV, especialmente en la visión providencial de la historia y en la utilización de ejemplos del pasado para extraer enseñanzas morales.
Aunque no puede afirmarse una influencia directa, resulta evidente que tanto la literatura árabe como la castellana compartieron una misma preocupación por el paso del tiempo y la desaparición de los grandes imperios.
La Elegía por al-Ándalus continúa siendo hoy una de las composiciones más conocidas de toda la poesía árabe.
Sus versos han sido traducidos a numerosos idiomas y todavía se recitan en el mundo islámico como símbolo de la pérdida de al-Ándalus.
Más allá de su significado político, la obra constituye una profunda meditación sobre la fragilidad de las civilizaciones. Abū al-Baqā recuerda que ninguna cultura, por poderosa que sea, permanece inmutable y que el esplendor de las ciudades puede desaparecer si no se preservan sus valores y su legado.
Por ello, su poema trasciende el episodio histórico concreto que lo inspiró y se convierte en una reflexión universal sobre el destino de los pueblos, el paso del tiempo y la memoria de las civilizaciones desaparecidas.
Con Abū al-Baqā al-Rundī se cierra simbólicamente la gran tradición poética de al-Ándalus. Su elegía constituye el testamento literario de una cultura que durante casi ocho siglos hizo de ciudades como Córdoba, Sevilla, Granada algunos de los principales centros intelectuales del Occidente medieval.
Pocas composiciones han sabido expresar con tanta intensidad el dolor de un pueblo ante la pérdida de su patria y de su patrimonio cultural. Por ello, la Elegía por al-Ándalus sigue siendo, más de setecientos cincuenta años después de su composición, una de las obras maestras de la literatura árabe universal.
Considerada una de las más bellas composiciones elegíacas de la literatura árabe, el poema constituye un lamento por la desaparición de una civilización y, al mismo tiempo, una llamada desesperada a la unidad del islam frente al avance de los reinos cristianos.
El poema comienza con una reflexión que se ha convertido en una de las sentencias más célebres de la literatura árabe medieval:
“Todo, cuando alcanza su perfección, comienza a declinar;
no se deje el hombre engañar por el encanto de la vida.
Ninguna dicha permanece para siempre;
así lo demuestra el curso del tiempo.”
Desde los primeros versos el poeta recuerda una verdad universal: ningún imperio, por poderoso que parezca, escapa al paso del tiempo. La prosperidad, el poder y la riqueza son efímeros, una idea que conecta con la tradición clásica y que siglos más tarde reaparecerá en la literatura castellana.
Tras esta reflexión inicial, el poeta dirige su mirada hacia las ciudades que habían sido orgullo de al-Ándalus y que habían caído una tras otra en manos castellanas:
“¿Dónde están Córdoba, morada de las ciencias?
¿Dónde Sevilla y sus espléndidos palacios?
¿Dónde Valencia? ¿Dónde Murcia?
¿Dónde Játiva, cuna del saber?
Todo desapareció como desaparece un sueño al despertar.”
En estos versos Córdoba ocupa un lugar privilegiado. No es presentada únicamente como una ciudad conquistada, sino como la “morada de las ciencias”, reconocimiento del prestigio intelectual alcanzado por la capital del Califato, cuyos sabios, bibliotecas y escuelas habían sido admirados en todo el mundo.
Uno de los momentos más emotivos del poema describe el sufrimiento de la población obligada a abandonar sus hogares:
“¡Cuántas madres fueron separadas de sus hijos!
¡Cuántos niños quedaron huérfanos!
¡Cuántas mujeres fueron llevadas cautivas,
derramando lágrimas que partían el corazón!”
No se trata únicamente de un relato militar. El poeta pone el acento en el drama humano que acompaña a toda guerra: el exilio, la separación de las familias, la destrucción de ciudades y el sufrimiento de la población civil.
La elegía adquiere después un tono político al dirigirse a los soberanos del Magreb:
“¡Oh vosotros, defensores del Islam!
¿No escucháis el clamor de vuestros hermanos?
¿Cómo podéis dormir tranquilos
mientras al-Ándalus desaparece?”
Con estos versos Abū al-Baqā pretendía conmover a los gobernantes meriníes para que enviaran ayuda militar al reino nazarí de Granada.
Aunque el poema nació de un episodio histórico concreto, su mensaje trasciende aquel momento.
La elegía recuerda que todas las civilizaciones, por brillantes que sean, están sometidas al paso del tiempo. Ningún poder es eterno y ningún imperio permanece para siempre.
Precisamente esa reflexión explica que la obra haya sido comparada con las Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique. Ambos autores, separados por dos siglos y pertenecientes a culturas distintas, llegan a una conclusión semejante: la gloria humana es pasajera y únicamente permanecen la memoria y las obras realizadas.
La Elegía por al-Ándalus fue copiada durante siglos en Oriente y Occidente. Su enorme popularidad hizo que algunos manuscritos incorporaran nuevas estrofas tras la pérdida de otras ciudades andalusíes e incluso después de la caída de Granada en 1492.
Ha sido traducida al castellano por numerosos arabistas, entre ellos Juan Valera, Francisco Javier Simonet, Emilio García Gómez y Juan Vernet, cuyas versiones contribuyeron decisivamente a difundir esta joya de la literatura árabe entre los lectores españoles.
Hoy continúa siendo uno de los textos más citados de la poesía andalusí y un símbolo de la memoria histórica de al-Ándalus. Más allá de cualquier interpretación política, constituye una profunda meditación sobre la fragilidad de las civilizaciones, el dolor provocado por la guerra y la permanencia del recuerdo como única victoria sobre el paso del tiempo. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Una plaza de Ronda frente al minarete de San Sebastián, hoy lleva el nombre del poeta: Plaza Abul Beka
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He aquí un fragmento de esta elegía, traducida por Varela:
Cuanto sube hasta la cima
desciende pronto abatido
a lo profundo.
¡Ay de aquél que en algo estima
el bien caduco mentido
de este mundo!
En todo terreno ser
sólo permanece y dura
el mudar.
Lo que hoy es dicha o placer
será mañana amargura
y pesar.
Es la vida transitoria
un caminar sin reposo
al olvido;
plazo breve a toda gloria
tiene el tiempo presuroso
concedido.
……………..
¿Qué es de Valencia y sus huertos?
¿Y Murcia y Játiva hermosas?
¿Y Jaén?
¿Qué es de Córdoba en el día,
donde las ciencias hallaban
noble asiento,
do las artes a porfía
por su gloria se afanaban?
¿Y Sevilla? ¿Y la ribera
que el Betis fecundo baña
tan florida?

Una plaza de Ronda frente al minarete de San Sebastián, hoy lleva el nombre del poeta: Plaza Abul Beka .