
Cabalgata de Reyes Magos de Córdoba en1925
El 5 de enero de 1925 tuvo lugar en Córdoba un acontecimiento que marcaría el inicio de una tradición profundamente arraigada en la ciudad: la primera Cabalgata de Reyes Magos, organizada desde la parroquia de San Francisco por iniciativa de su párroco, don Carlos Romero Berral. El objetivo fundamental de aquella cabalgata no era meramente festivo, sino eminentemente solidario y pedagógico: llevar juguetes, ropa y alegría a los niños de las Escuelas del Ave María, situadas entonces en los Patios de San Francisco.
La cabalgata comenzó su recorrido a las seis de la tarde, un lunes, partiendo desde la Plaza del Potro, uno de los espacios más emblemáticos del casco histórico cordobés. Desde el inicio, el desfile llamó poderosamente la atención de los vecinos por su cuidada organización y su riqueza simbólica.
Abrían la comitiva batidores a caballo de la Guardia Municipal, seguidos por la banda de clarines del Cuarto Regimiento de Artillería Pesada, que aportaba solemnidad al acto. A continuación, marchaba un heraldo, ataviado con una dalmática en la que figuraban los escudos de Córdoba y de España, portando una farola que simbolizaba la Estrella de Oriente, guía de los Magos en su camino hacia Belén.
Tras él desfilaban los niños de las Escuelas del Ave María, llevando ramas de monte que recreaban simbólicamente el bosque por el que avanzaban los Reyes Magos. Seguidamente aparecían los grandes protagonistas: Melchor, Gaspar y Baltasar, vestidos con lujosos trajes orientales, montados a caballo y conducidos por supuestos esclavos vestidos de judíos, una representación habitual en la iconografía de la época. A ambos lados de los Reyes caminaban muchachos con indumentaria similar, portando grandes hachones encendidos, que iluminaban el recorrido y añadían un aire ceremonial al desfile.
Formaban también parte de la cabalgata tres servidores de los Reyes, igualmente disfrazados y montados a caballo, que escoltaban una carreta cubierta de ramas, arrastrada por bueyes, en la que se transportaban los juguetes y regalos destinados a los niños. Cerraban la comitiva las bandas de tambores, cornetas y música de las propias Escuelas del Ave María, reforzando el carácter educativo y popular del evento.
El itinerario seguido fue Plaza del Potro, calles Lucano y San Fernando, hasta llegar a la entonces existente ermita de la Aurora, hoy desaparecida. En su atrio se había dispuesto un Portal de Belén, ricamente adornado y rodeado de ángeles y figuras representativas de la época, que servía como escenario culminante del acto.
Una vez alcanzado este punto, los Reyes Magos descendieron de sus caballos y se dirigieron solemnemente hacia el portal. Allí, se arrodillaron ante el Niño Jesús, rezaron y besaron sus pies, en un gesto cargado de simbolismo religioso. Posteriormente, depositaron en las bandejas que les ofrecieron los ángeles los tradicionales presentes: oro, incienso y mirra, cerrando así el acto central de la cabalgata.
Aquella primera Cabalgata de Reyes Magos de Córdoba no solo constituyó un espectáculo novedoso para la ciudad, sino que sentó las bases de una tradición que, con el paso del tiempo, se convertiría en una de las celebraciones más esperadas del calendario festivo cordobés, uniendo devoción, educación y compromiso social. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Los magos caminan sin moverse por el nacimiento de barro.

Los camellos que descansan sin estar cansados.

El oasis refresca con el frío que hace.

Los animales beben en una fuente sin agua