
El 22 de junio de 1940 fue fusilado en Córdoba el capitán Francisco Dios Muñoz, conocido popularmente como Paco Dios, había nacido en Bujalance. Fue militante comunista y concejal en Adamuz, durante la Segunda República. Destacando por su actividad política y sindical antes de la Guerra Civil, y posteriormente fue comisario político en el ejército republicano, siendo recordado por su valentía y liderazgo.
Fue uno de los oficiales más carismáticos del Batallón Villafranca, una unidad singular nacida en el contexto convulso de la Guerra Civil española y de la posterior represión franquista.
El Batallón Villafranca tuvo su origen en las Milicias Andaluzas, creadas en Madrid tras el estallido del conflicto. Estas milicias estaban integradas fundamentalmente por refugiados andaluces, trabajadores emigrados y residentes en la capital, muchos de ellos huidos de la rápida ocupación franquista de amplias zonas de Andalucía en el verano de 1936. Al frente del batallón se situó Juan María Aguilar, y desde sus primeros pasos la unidad destacó por su carácter heterogéneo y profundamente humano.
Se trataba de un batallón excepcionalmente rico en matices: convivían en él hombres de muy distinta procedencia social y geográfica, con adscripciones políticas diversas —republicanos sin partido, socialistas, comunistas, anarquistas—, unidos más por la defensa de la legalidad republicana y por la memoria de su tierra perdida que por una disciplina ideológica estricta. Esa pluralidad le dio un aire casi romántico y pintoresco, muy alejado del modelo de ejército regular, pero dotado de una fuerte cohesión interna basada en la camaradería y la lealtad personal.
En ese contexto emergió con fuerza la figura de Francisco Dios Muñoz, albañil quien asumió el mando de la segunda compañía. Paco Dios pronto se convirtió en el auténtico referente moral del batallón. Su valentía en combate, su cercanía con la tropa y su capacidad de liderazgo natural lo elevaron a la condición de adalid del Villafranca. No era solo un oficial al mando, sino un símbolo: el del andaluz que lucha lejos de su tierra, consciente de que la derrota significaría no solo el fin de una causa, sino también la condena personal.
Tras el final de la guerra, como tantos otros oficiales republicanos, Francisco Dios fue detenido, juzgado en consejo de guerra y finalmente ejecutado. Su fusilamiento en Córdoba, en junio de 1940, se inscribe en la larga lista de represaliados de la inmediata posguerra, cuando la victoria militar se tradujo en una represión sistemática destinada a borrar cualquier vestigio del bando vencido.
Desde el cementerio de San Rafael donde fue en terrado tras sus ejecución, años más tarde sus familiares lo llevaron a Villa Franca de donde se había criado.
La figura de Paco Dios encarna hoy la memoria de aquellos hombres que, desde unidades como el Batallón Villafranca, defendieron la República en condiciones extremadamente adversas y pagaron su compromiso con la vida. Su historia es también la de una Andalucía desarraigada por la guerra, combatiente en el exilio interior y castigada duramente tras la derrota.
Recordarlo es rescatar del olvido a quienes fueron silenciados durante décadas y devolverles su lugar en la historia colectiva. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Fotografía de archivo de la Guerra Civil en Córdoba
De él escribió Pedro Garfias, comisario político de cultura entonces, del Batallón Villafranca:
¡Mi segunda compañía!
Campesinos cordobeses,
sobrios, austeros, cetrinos,
amasados rudamente
con hambre de pan y tierra
y sudor de sol ardiente.
Mi segunda compañía
Sangre de héroes
en carne de dura piedra,
hincados profundamente
en una tierra que es suya
y que suya será siempre.
El capitán casi un niño,
casi niños los tenientes
¡Como rugen, como gritan,
como callan, como muerden!
Caísteis tan poco a poco
y tan sorda y fatalmente
que cada gota de sangre
me fue horadando las sienes.
Yo era vuestro comisario.
Yo era una llama de fiebre
y un retumbar de locura
en el filo de mis dientes.
Vuestro desprecio a la vida,
vuestro desprecio a la muerte
hizo espantarse a los cielos
y doblegase a las mieses
y abatirse los olivos
y a los ríos detenerse.
Mi segunda compañía
de soldados cordobeses:
La sangre que derramasteis,
vuestra sangre de valientes,
la llevo como un orgullo
sobre la cruz de mi sienes.
Villafranca,
silencio de luto y llanto,
voces de libertad relumbran
como relámpagos.
De lo alto de la sierra
campesinos aterrados
con ojos que vieron muerte
y abiertos dejó el espanto,
brillantes de nuevo júbilo
vuelven a mirar sus campos….