
El 17 de diciembre de 1994, la UNESCO declaró el Casco Histórico de Córdoba Patrimonio de la Humanidad, reconociendo uno de los conjuntos urbanos más valiosos y mejor conservados de Europa. Con esta declaración se protegía no solo la Mezquita-Catedral, inscrita ya en 1984, sino también el entramado histórico que la rodea: calles, plazas, murallas, patios, iglesias, sinagogas y restos de distintas civilizaciones superpuestas a lo largo de más de dos mil años.
Córdoba fue capital de la Hispania romana, centro del poder visigodo, y alcanzó su máximo esplendor como capital del Emirato y Califato omeya de al-Ándalus, convirtiéndose en una de las ciudades más grandes, cultas y cosmopolitas del mundo medieval. Ese legado se percibe aún hoy en la Judería, el Puente Romano, la Torre de la Calahorra, el Alcázar de los Reyes Cristianos o las antiguas collaciones cristianas.
La UNESCO valoró especialmente la continuidad histórica de la ciudad, donde conviven huellas romanas, islámicas, judías y cristianas en un mismo espacio urbano, así como la excepcional influencia cultural que Córdoba ejerció en el Mediterráneo medieval como foco de ciencia, filosofía, arte y convivencia.
Esta declaración supuso un reconocimiento internacional a la memoria viva de Córdoba, pero también un compromiso con su conservación, entendiendo el casco histórico no como un museo, sino como un espacio habitado donde el pasado sigue dialogando con el presente. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Placa en bronce sobre el pretil de puente Romano
