
En el basamento de la Mezquita de Córdoba, un fósil de erizo marino puede verse incrustado en la piedra de calcarenita miocena que conforma los sillares de la Aljama andalusí. Algunos sostienen que se trata de una estrella de mar, mientras que otros creen que es un caracol. Lo que parece ser cierto es que la leyenda, aunque de creación moderna, ha dado lugar a un relato mágico que cautiva a los visitantes. Según el imaginario popular, al tocar este fósil de superficie fría y dura mientras se piensa en un sueño o deseo, este podría hacerse realidad.
El nombre fascinante que ha recibido este fósil refuerza aún más el embrujo de su historia, porque lo más seductor de las leyendas no es necesariamente su veracidad, sino la capacidad que tienen de encantar, de despertarnos emociones y de trasladarnos a un universo de magia y misterio.
Este nuevo elemento de atracción en la joya omeya cordobesa se encuentra en una esquina de la Mezquita de Córdoba, en la calle Torrijos, muy cerca de la calle Corregidor Luis de la Cerda. Su ubicación está casi perpendicular a las marcas de bronce incrustadas en el pavimento, que señalan el lugar donde se alzaban los pilares que sostenían el sabat de al-Hakam II, aquel pasadizo elevado que conectaba el Alcázar Omeya con el mihrab de la mezquita.
La incorporación de esta pequeña maravilla a la narrativa popular enriquece aún más la visita a la Mezquita de Córdoba, recordándonos que el patrimonio no solo se compone de piedra, arte y arquitectura, sino también de las historias y sentimientos que despierta en quienes lo contemplan. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-