
El día 19 de noviembre de año 936 Abderramán III inicia la construcción de Medina Azahara, en la falda del llamado Monte de la Novia. Como un cuento de Las Mil y una Noches, la ciudad perdida de Abderramán III, inicia su construcción a siete kilómetros de la capital cordobesa. Esta ciudad palaciega de la que la cultura popular dice que fue edificada como homenaje a la favorita del califa: Azahara, es en la que se inspirará La Alhambra, y más tarde Versalles
Después de su destrucción en 1010 se venden como chatarra los metales, las chapas de las puertas y hasta los canales de plomo. Un siglo después, en el período almorávide, se arrancaron columnas y piezas ricas para aplicarlas en lejanas construcciones. Otro siglo más tarde, los almohades siguieron utilizando los materiales de Medina-Azahara allí donde levantaron sus grandes edificios, tanto en Sevilla, como en Marraquech. El Alcázar de Sevilla contiene gran cantidad de capiteles califales, que conservan las fechas y alabanzas a los califas cordobeses. En los ventanales de la Giralda sevillana se cuentan 121 capiteles procedentes de Medina-Azahara y solamente tres puramente almohades.
Después de la conquista de Córdoba en 1236 por Fernando III de Castilla, Medina-Azahara ya es solamente una ruina de la que se obtienen los sillares de sus muros para la construcción en Córdoba de iglesias, conventos, palacios. La ciudad palatina de Abderramán había perdido hasta el recuerdo de su nombre. Desaparecida de la historia y hasta de la memoria de su ubicación. Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II, llegó a afirmar que las ruinas eran romanas, si bien Pedro Díaz de Rivas, sobrino de Martín de Roa y primer comentarista de Góngora, contemporáneo de Ambrosio de Morales, escribió un libro para demostrar que eran las ruinas del gran palacio andalusí levantado por Abderramán III. Soledad Carrasquilla Caballero.