
El cuarto reciente de la luna abrazando la estrella de David y la plata en sus manos meciéndose como la luz que baña la «Inmortal bahía gaditana» en las noches de Selenita, cuando el levante plancha las aguas donde «se duermen los barcos». El cigarro lleva el humo hasta la llave de oro del cante, así se comprende el misterio de la Andalucía morisca, sefardita y gitana.
Camarón de la Isla: el alma del cante jondo moderno
José Monje Cruz, conocido artísticamente como Camarón de la Isla (San Fernando, Cádiz, 5 de diciembre de 1950 – Badalona, Barcelona, 2 de julio de 1992), fue un cantaor gitano considerado una leyenda universal del flamenco y uno de los artistas que más contribuyó a su renovación sin perder su esencia. Su voz y su visión revolucionaron el cante jondo, marcando un antes y un después en la historia de este arte.
Nació en el barrio de Las Callejuelas, en el seno de una familia humilde: su padre, herrero y buen aficionado al cante, y su madre, canastera. El apodo de “Camarón” le fue dado por un tío debido a su piel clara y cabello rubio, y el sobrenombre “de la Isla” hace referencia a su ciudad natal, San Fernando. Desde niño mostró un talento precoz: cantaba en trenes y tabernas para ayudar a su familia y fue pronto considerado un niño prodigio del cante.
Con solo doce años ganó el Festival de Montilla (1962), y su fama comenzó a crecer tras sus actuaciones en la Venta de Vargas, donde fue descubierto por figuras como Manolo Caracol o Antonio Mairena. A los dieciséis años se trasladó a Madrid con la compañía de Miguel de los Reyes y se estableció como artista fijo en el tablao Torres Bermejas, donde conocería a quien sería su compañero esencial: Paco de Lucía.
Entre 1969 y 1977 grabaron juntos ocho discos históricos que mantuvieron viva la pureza del flamenco y consolidaron a Camarón como su máxima figura. Sin embargo, su espíritu inquieto lo llevó más allá de la ortodoxia. En 1979 publicó La leyenda del tiempo, un disco que supuso una auténtica revolución: fusionó el flamenco con el rock, el jazz y la poesía de García Lorca, abriendo el camino al llamado “nuevo flamenco”. Aunque fue inicialmente rechazado por los puristas, con el tiempo se convirtió en una obra de culto y en el símbolo de la modernidad flamenca.
Durante los años ochenta continuó cosechando éxitos con discos como Como el agua , Calle Real, Viviré y Soy gitano, este último grabado con la Royal Philharmonic Orchestra en Londres y convertido en el disco más vendido de la historia del flamenco. Su cante, profundo y desgarrado, combinaba tradición y emoción con una sensibilidad universal.
A pesar del éxito, su vida personal se vio marcada por problemas de salud y adicciones. En 1992, mientras preparaba un nuevo disco con Paco de Lucía y Tomatito, fue diagnosticado con cáncer de pulmón, que acabaría con su vida ese mismo año, a los 41 años. Su entierro en San Fernando fue multitudinario: miles de personas acudieron a despedir al mito, cuyo féretro fue envuelto con la bandera gitana.
Camarón dejó un legado inmenso. Su influencia trascendió el flamenco para convertirse en símbolo de libertad, innovación y autenticidad artística. Su obra Potro de rabia y miel, publicada poco antes de su muerte, cerró una carrera breve pero fulgurante. Hoy, su voz sigue viva en generaciones de artistas y en lugares que lo homenajean, como el Museo Camarón de la Isla, inaugurado en 2021 junto a la Venta de Vargas.
Como él mismo dijo una vez: “El flamenco está hecho, pero sobre lo hecho se puede seguir creando.” Camarón lo hizo. Y desde entonces, el flamenco nunca volvió a ser el mismo. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-