[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Turtusha ciudad de al-Ándalus. – Cosas de Cordoba

Turtusha ciudad de al-Ándalus.

Monumento a la Batalla del Ebro, al fondo la Zuda, alcazaba de Abderramán III.
Este monolito arquitectónico situado en medio del río Ebro a su paso por Tortosa, se construyó como conmemoración de la batalla del Ebro. La pilastra que sirve de base al monumento es una de las que sustentaban el puente de la Cinta, volado por los gubernamentales en abril de 1938 cuyo espíritu ayudó a acuñar la frase “¡No pasarán”!

Turtusha, la Tortosa andalusí

Turtusha (طرطوشة, Ṭurṭūsha) fue la ciudad andalusí que corresponde a la actual Tortosa, situada a orillas del Ebro.

En 712 o principios del 713, las tropas de Ṭāriq ibn Ziyād ocuparon el Bajo Ebro —lo que hoy son las comarcas del Baix Ebre y el Montsià, dentro del ámbito de las Tierras del Ebro—, mientras Musa ibn Nusayr hacía lo propio en Lleida, Balaguer y el valle del Segre. Ese mismo año asediaron Tarragona, que resistió hasta el 716.

Los omeyas de Damasco no se detuvieron allí: atravesaron los Pirineos y llegaron a Narbona en el año 725, extendiendo el dominio andalusí más allá de la península.

En el 756, ʿAbd al-Rahmán I se independizó del Califato oriental y fundó el Emirato de Córdoba. Desde entonces, Turtusha pasó a formar parte de este nuevo poder como un centro estratégico de frontera.

Durante el reinado de ʿAbd al-Rahmán I, los francos atacaron Tortosa en 811, avanzando hasta la desembocadura del Ebro, aunque finalmente fueron repelidos por las tropas andalusíes.

En el siglo X, el conde Suniario I firmó la paz con el califa ʿAbd al-Rahmán III a cambio de reconocer su autoridad. Durante la segunda mitad de ese siglo, los gobernantes de Turtusha mantuvieron vínculos de vasallaje con al-Ándalus, aunque los condados cristianos del norte siguieron avanzando lentamente hacia el sur. Esta expansión quedó frenada con la llegada al poder del háyib Almanzor, cuya política militar revirtió la ofensiva cristiana.

Tras la muerte de al-Ḥakam II y el ascenso al trono del califa niño Hišam II, los reinos del norte aprovecharon la inestabilidad para presionar las fronteras. El visir y regente Ya‘far al-Muṣḥafī respondió con una firme política defensiva frente a los estados cristianos peninsulares.

Con la desintegración del Califato de Córdoba a partir del año 1018, Turtusha se constituyó como reino taifa independiente, surgido a partir de la antigua cora.

Hacia 1031, el poder estaba en manos del amirí Labib al-Fatá al-‘Amirí. En 1061, pasó a depender del poderoso Al-Muqtadir, rey de la taifa de Saraqusta (Zaragoza). Posteriormente, fue gobernada por al-Mundir Imad ad-Dawla, emir de la taifa de Šāṭiba (Játiva).

A comienzos del siglo XII, los almorávides tomaron el control, aunque su dominio fue breve. En 1148, Ramón Berenguer IV aprovechó la decadencia almorávide y la reciente toma de Almería (al-Mariyya) para conquistar Tortosa, dentro del marco de la Segunda Cruzada, proclamada por el papa Eugenio III.

En la ofensiva participaron tropas aragonesas, un contingente anglo-normando, templarios, hospitalarios y soldados de la República de Génova. Tras la victoria, la ciudad fue dividida en tres partes entre los participantes de la campaña, aunque acabó bajo administración templaria, permaneciendo así hasta su plena integración en la Corona de Aragón con Jaime II en 1294.

La dominación andalusí se extendió en Tortosa más de cuatro siglos, dejando una huella profunda y duradera en su urbanismo, su economía y su vida cultural.

Entre los vestigios más notables se encuentra la alcazaba de la Zuda, mandada construir por ʿAbd al-Rahmán III en el año 944, sobre la antigua acrópolis romana. Situada en lo alto de un cerro que domina la ciudad y el curso del Ebro, la fortaleza recibe su nombre de un pozo de más de 45 metros de profundidad que abastecía de agua el recinto, excavado hasta alcanzar el nivel del río.

El complejo incluía galerías subterráneas, un molino, hornos, murallas con torres defensivas —entre ellas la Torre del Homenaje—, un patio de armas, un polvorín abovedado, mazmorras y una necrópolis islámica a cielo abierto.

Además de la alcazaba, Turtusha contaba con una mezquita aljama de cinco naves, sobre cuyos cimientos se levanta hoy la Catedral de Tortosa. Existían también baños públicos, zocos (mercados) y atarazanas, donde se construían embarcaciones de gran calidad con madera de pino rojo de las sierras cercanas. Esta madera, resistente y ligera, se utilizaba no solo para mástiles y vergas de los navíos, sino también para artesonados, como los que aún se conservan en la Mezquita de Córdoba.

Entre las figuras más destacadas de la Turtusha andalusí se encuentran:

El jurista Abu Bakr al-Turṭuší, autor del tratado político Sirāj al-Mulūk (La lámpara de los príncipes), obra fundamental de la literatura sapiencial islámica.

El poeta, gramático y filósofo Menahem ben Saruq, autor del Mahberet, uno de los primeros diccionarios de raíces hebreas. Fue protegido por el célebre diplomático y mecenas Hasdai ibn Shaprut, figura clave de la Córdoba califal.

El geógrafo al-Idrisi, en el siglo XII, describió la ciudad con palabras que aún hoy evocan su esplendor:

“La ciudad de Ṭurṭuixa está emplazada al pie de una montaña y ceñida por fuertes muros. Hay muchos mercados y bellos edificios, artífices y campesinos, y se construyen grandes embarcaciones con la madera sacada de las montañas que la rodean, cubiertas de pinos de corpulencia y altura notables, cuya madera, de color rojizo y brillante, es de gran duración y no está sujeta al deterioro por insectos, por lo que goza de gran fama.” Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-