[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Cita con la muerte – Cosas de Cordoba

Cita con la muerte

  Día del Recuerdo: 11 de noviembre

Cada 11 de noviembre se conmemora no solo el fin de la Primera Guerra Mundial, aquella terrible contienda que entre 1914 y 1918 desangró Europa y marcó el inicio de un nuevo y trágico siglo. Fue un conflicto sin precedentes: más de 65 millones de soldados movilizados, 20 millones de muertos y una generación entera perdida entre trincheras, alambradas y gases tóxicos. A las once de la mañana del undécimo día del undécimo mes de 1918, el sonido de los cañones se detuvo. El Armisticio de Compiègne puso fin oficialmente a la guerra.

Desde entonces, esta fecha se conoce como el Día del Recuerdo (Remembrance Day en el Reino Unido y la Commonwealth, Armistice Day en Francia y Bélgica). Es una jornada de silencio y memoria dedicada a todos aquellos que dieron su vida en los campos de batalla de Europa. En los países anglosajones, millones de personas lucen una amapola roja de papel en la solapa, un gesto sencillo pero cargado de simbolismo.

El origen de esta flor conmemorativa se remonta a los campos devastados de Flandes y del Somme, donde, tras los bombardeos, comenzaron a brotar amapolas entre los cráteres y las tumbas improvisadas. Fue el médico y poeta canadiense John McCrae quien inmortalizó este fenómeno en su poema In Flanders Fields (“En los campos de Flandes”), escrito en 1915 tras la muerte de un compañero. En sus versos, las flores rojas se convierten en símbolo de sangre, sacrificio y renacimiento:

“En los campos de Flandes las amapolas crecen,

entre las cruces, fila tras fila…”

A partir de entonces, la amapola se transformó en un emblema universal del recuerdo. Representa la fragilidad de la vida y la esperanza que brota incluso sobre la destrucción. Cada pétalo rojo evoca a los caídos anónimos, los cuerpos insepultos que alimentaron la tierra de Europa, donde la naturaleza, indiferente al horror, siguió floreciendo.

En ciudades y pueblos de todo el continente —desde Londres hasta París, desde Bruselas hasta Berlín— se guardan dos minutos de silencio a las once en punto del 11 de noviembre. Se escuchan las campanas y el toque de corneta (The Last Post), mientras veteranos, descendientes y ciudadanos depositan coronas de amapolas ante los monumentos a los caídos.

Aunque el 11 de noviembre nació para recordar el fin de la Gran Guerra, con el tiempo se convirtió en una jornada universal de memoria y paz, extendida también a las víctimas de conflictos posteriores. La amapola, símbolo nacido del barro y la metralla, recuerda que tras cada guerra el mundo renace, pero siempre sobre el dolor de quienes lo entregaron todo.

Así, cada año, la flor humilde que brotó sobre los campos devastados de Europa vuelve a recordarnos que la paz no es un regalo, sino una herencia que debe cuidarse. Soledad carrasquilla caballero. sccc.-

Tengo una cita con la Muerte
en alguna disputada barricada,
cuando la primavera vuelva con susurrante sombra
y las flores de manzano llenen el aire
—tengo una cita con la Muerte
cuando la primavera traiga los días hermosos y azules
de vuelta—
Puede ser que me coja de la mano
y que me lleve a su tierra oscura
y que cierre mis ojos y que apague mi aliento
—quizá pase a su lado en la quietud—
Tengo una cita con la Muerte
en alguna descarnada ladera de colina arrasada,
cuando la primavera regrese, un año más,
y asomen las primeras flores en el prado.
Dios sabe que sería mejor estar bien cubiertos
en seda y ser tendidos con perfumes,
donde el amor palpita en sueño placentero,
pulso cercano al pulso, y aliento al aliento,
donde los despertares acallados son queridos.
Pero tengo una cita con la Muerte
a medianoche en algún pueblo en llamas,
cuando la primavera se encamine otra vez al norte,
y yo siempre soy fiel a mi palabra,

no faltare a mi cita.

Seeger y Owen,

 

Con tanta sangre derramada ¿Cuántas serán las flores madre mía?

Si pudieses oír, en cada impacto, la sangre

brotando espumosa de los pulmones,

obscena como el cáncer, amarga como el bolo

de llagas viles e incurables en lenguas

inocentes,

no dirías, amigo mío, con tanta energía

a los niños ardientes por una gloria

desesperada,

La vieja mentira: Dulce et decorum est

Pro patria mori.

Wilfred Owen