
Cuadro de la Batalla del Río Salado que se encuentra en el Monasterio de Guadalupe
La Batalla del Salado (1340)
El 30 de octubre de 1340, cerca de Tarifa, tuvo lugar la Batalla del Salado, en la que una coalición castellano-leonesa, portuguesa y aragonesa se enfrentó a las tropas benimerines del norte de África y a sus aliados granadinos. Fue una de las contiendas más decisivas del último periodo de la conquista castellana en la Península Ibérica.
El ejército castellano estaba encabezado por Alfonso XI de Castilla, llamado el Justiciero, y por Alfonso IV de Portugal, apodado el Bravo por su destacada actuación en la refriega. Ambos acudieron en auxilio de la plaza de Tarifa, sitiada por las fuerzas del sultán benimerín Abu al-Hasan ‘Ali, conocido como el Sultán Negro, y por las huestes de Abu al-Hayyay Yusuf I, rey nazarí de Granada.
La victoria castellana fue completa y decisiva. El ejército musulmán sufrió una derrota aplastante que marcó el declive de la presencia benimerín en la península y consolidó el avance castellano hacia el sur.
La repercusión de la batalla fue enorme: desmoralizó al mundo islámico y desató un profundo entusiasmo en la cristiandad europea, que vio en el triunfo de Alfonso XI una hazaña comparable a la de Carlos Martel en Poitiers. (Aunque, en rigor histórico, la retirada nocturna de las tropas de ʿAbd al-Raḥmān al-Ghāfiqī en Poitiers difícilmente puede considerarse una “victoria” al uso).
Lleno de júbilo, Alfonso XI envió una embajada al papa Benedicto XII, portadora de valiosos regalos procedentes del botín de guerra, además de veinticuatro prisioneros que llevaban consigo las banderas capturadas a los benimerines. En señal de agradecimiento por la victoria, el monarca prometió construir la Colegiata de San Hipólito en Córdoba, donde más tarde serían enterrados él mismo y su padre, Fernando IV el Emplazado.
La Batalla del Salado marcó el principio del fin del poder norteafricano en la península, y aseguró para Castilla el control del Estrecho de Gibraltar. Desde entonces, nunca más un ejército musulmán cruzó en masa desde África para amenazar los reinos cristianos de la península. Soledad carrasquilla caballero. sccc.-