[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Abul Beka – Cosas de Cordoba

Abul Beka

Fotografía el Tajo de Ronda con una poesía de Abul Beka.

Abū l-Baqā’ al-Rundī, el poeta del lamento andalusí

Abū l-Baqā’ Ṣāliḥ ibn Yahyà ibn Ṣā’id al-Rundī, conocido en la historia literaria como Abul Beka de Ronda, nació en esta ciudad andalusí hacia el año 1200, cuando el esplendor cultural de al-Ándalus comenzaba a declinar bajo el avance castellano.

Su origen nos es confirmado por el gran polígrafo granadino Ibn al-Jatib (siglo XIV), quien en su célebre obra Al-Iḥāṭa fī ajbār Garnāṭa lo menciona como «uno de los hombres de Ronda», reconociéndolo como hijo ilustre de esa tierra de poetas, filósofos y guerreros.

También el historiador Aḥmad ibn Muḥammad al-Maqqarī, erudito del siglo XVII, recogió y preservó parte de su legado en su monumental obra Nafḥ al-ṭīb min ghuṣn al-Andalus al-raṭīb (“El aroma perfumado de la rama verde de al-Ándalus”). Gracias a él conocemos hoy algunos de los versos más conmovedores de la literatura árabe escrita en suelo hispano.

Abul Beka vivió en una época convulsa: los reinos castellanos avanzaban sin pausa sobre las ciudades andalusíes, y el antiguo califato omeya se había fragmentado en taifas cada vez más débiles. En medio de aquel derrumbe político y espiritual, el poeta se convirtió en la voz del lamento colectivo de un mundo que se desmoronaba.

Su obra más célebre, el “Lamento por la caída de las ciudades de al-Ándalus” (Nūniyya al-Rundiyya), es uno de los textos más conmovedores de la poesía árabe medieval. En ella expresa su dolor por la pérdida de urbes que habían sido faros de cultura y sabiduría —Córdoba, Sevilla, Murcia, Valencia— y que ahora caían una tras otra bajo dominio castellano.

Cada verso destila la conciencia de un final, el duelo por una civilización que, en palabras del propio poeta, veía extinguirse “como la luna que se apaga al amanecer”.

Traducida siglos más tarde por Juan Valera, la Nūniyya conserva intacta su intensidad emocional. No es solo el llanto de un hombre por su tierra, sino el testimonio de un cambio de era: el ocaso de al-Ándalus.

En sus versos, Abul Beka lamenta no solo la caída de las ciudades, sino el silencio de sus mezquitas, la ruina de sus madrazas y el exilio de sus sabios. Es el grito contenido de toda una cultura condenada al olvido.

“¿Dónde están Córdoba y Sevilla?

¿Dónde Valencia y Murcia, donde su esplendor?

Ayer eran coronas de los pueblos,

hoy son moradas del lamento y la ruina.”

A través de su poesía, Abul Beka se convirtió en heredero y último testigo del humanismo andalusí, un mundo que había unido ciencia, filosofía, arte y fe bajo un mismo horizonte. En sus lamentos hay ecos de Al-Mutamid de Sevilla, de Ibn Zaydūn, de la melancolía de los poetas granadinos que aún resistían en la su última.

Su mirada trasciende el dolor político: en ella late una profunda reflexión sobre la fugacidad de las cosas, sobre el destino de los imperios y la fragilidad del esplendor humano. Por eso su voz sigue viva, porque habla del ciclo eterno de las civilizaciones: todo lo que nace, florece y cae.

Hoy, la figura de Abul Beka al-Rundī ocupa un lugar de honor entre los grandes nombres de la literatura andalusí. En su ciudad natal de Ronda, una plaza lleva su nombre en homenaje a su legado poético; y en Málaga, otra ciudad que respiró el mismo aire cultural de al-Ándalus, una calle recuerda a este poeta que hizo del dolor arte y del ocaso, belleza.

Su voz, rescatada del polvo de los siglos, sigue resonando como un eco de lo que fuimos: una tierra donde la palabra fue puente entre oriente y occidente, entre la fe y la razón, entre la memoria y el olvido. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.

Fragmento de un poema de Abull Beka escrito en el siglo XII en el que parece que Jorge Manrique se “Inspiró” a demas de en algunos escritos del cordobés Juan de Mena, para las Coplas por la muerte de su padre, tres siglos después del rondeño:

Cuando sube hasta la cima

Desciende pronto abatido

Al profundo.

¡Ay de aquel que en algo estima

El bien caduco y mentido

¡De este mundo!

En todo terreno ser

Sólo permanece y dura

El mudar.

Lo que hoy es dicha o placer

Será mañana amargura

Y pesar.

Es la vida transitoria

Un caminar sin reposo

Al olvido;

Plazo breve a toda gloria

Tiene el tiempo presuroso

Concedido.

Hasta la fuerte coraza,

Que a los aceros se opone

Poderosa,

Al cabo se despedaza.

O con la herrumbre se pone

Ruginosa.

¿Con que cortes tan lucidas,

Del Yemen los claros reyes

¿Dónde están?

¿En dónde los Sasánidas,

Que dieron las sabias leyes

¿Al Irán?