
Torso de Diana. Escultura helenística del siglo II, que se encuentra en el Museo Arqueológico de Sevilla, procedente de la ciudad de Itálica, que desde el siglo XVIII que fue encontrada por Francisco Bruna y se ubicó en los Reales Alcázares y de allí pasó al Arqueológico de la capital Hispalense.
Sextilio Ena, el poeta cordobés que lloró a Cicerón
Sextilio Ena, poeta nacido en Córdoba en el siglo I a. C., es recordado por un único verso que ha sobrevivido al paso de los siglos y que, pese a su brevedad, encierra la intensidad de toda una época. Su nombre aparece en algunas fuentes clásicas vinculado al círculo de escritores hispanorromanos que, desde la Bética, aportaron brillo propio a la literatura latina. Aunque su obra conocida es mínima, su elegía fúnebre dedicada a Marco Tulio Cicerón lo convirtió en una figura simbólica dentro de la tradición poética romana.
El siglo I a. C. fue uno de los periodos más turbulentos de la historia de Roma. Las guerras civiles, las luchas de poder entre César, Pompeyo, Marco Antonio y Octavio, y el fin de la República marcaron un tiempo de crisis política e intelectual. En ese contexto convulso, la muerte de Cicerón en el año 43 a. C., ejecutado por orden de Marco Antonio, se interpretó como el ocaso de la libertad republicana y el fin de una era en la que la palabra, el discurso y la razón todavía tenían fuerza sobre la espada.
El verso de Sextilio Ena —transmitido a través de referencias posteriores— expresaba ese sentimiento de pérdida no solo por el hombre, sino por la muerte del verbo latino, por el silencio que dejaba tras de sí el mayor orador de Roma. Se dice que, en su lamento, el poeta cordobés unió la figura de Cicerón con la del propio idioma latino, estableciendo una metáfora entre el asesinato del orador y el declive del lenguaje como instrumento de poder y civilización.
Aunque las fuentes son escasas y fragmentarias, los eruditos han visto en Sextilio Ena un ejemplo temprano del humanismo hispanorromano: un poeta nacido en la periferia del Imperio que, sin embargo, participa de los grandes temas de la literatura romana —la muerte, la patria, la palabra, el poder— desde una sensibilidad singular. Su figura demuestra que la Bética romana no solo fue una región de prosperidad económica, sino también un foco de cultura y pensamiento.
El hecho de que su obra se haya reducido a un solo verso ha contribuido a rodear su nombre de un aura de misterio. Como sucede con otros poetas cuya voz nos llega apenas en un eco, Sextilio Ena se ha convertido en símbolo de esa fragilidad de la memoria literaria, donde a veces una sola línea basta para atravesar el tiempo.
La Córdoba romana, cuna de Séneca y de Lucano, fue también el escenario donde este poeta anónimo del sentir latino elevó su lamento por Cicerón. En ese breve epitafio poético se concentró el duelo por la palabra, la pérdida de la libertad y el amanecer de un nuevo orden imperial.
Así, aunque su nombre apenas se mencione en las grandes antologías de la literatura latina, Sextilio Ena representa uno de esos destellos que, desde los márgenes del Imperio, aportaron profundidad y emoción a la cultura romana, dejando constancia de que también desde la Bética se lloró la muerte del espíritu de Roma.
El verso Sextilio Ena fue transmitido a través de Séneca el Viejo, quien en su obra Controversias y Suasorias relata la historia de este poeta cordobés y su única creación conocida. El verso dice así:
“Cicerón ha muerto
llorad musa mía
y con ella el silencio
de la lengua latina.”
A pesar de la controversia, el verso de Sextilio Ena tuvo un impacto significativo en la poesía posterior. Cornelio Severo, otro poeta de la época, tomó inspiración de este lamento para componer un verso similar: «Enmudeció, triste, la elocuencia de la lengua latina». Del mismo modo, el poeta sevillano del Siglo de Oro, Juan de Arguijo, evocó la hipérbole de Ena en un soneto dedicado a Cicerón:
“Desciende el golpe sobre la alta gloria
de la latina lengua; y derribado
yace el valor, y la elocuencia muda.”
El legado de Sextilio Ena, también dejó su rastro en poetas cordobeses posteriores como Marco Anneo Lucano, nieto de Séneca el Viejo, y en la tradición poética cordobesa que continúa viva hasta el presente. Poetas contemporáneos como Estefanía Cabello, Félix Moyano o Alba Moon siguen en cierta medida los pasos del primer poeta cordobés conocido, cuyas palabras continúan resonando en la historia literaria de la ciudad. Sextilio Ena, a pesar de ser considerado por Séneca el Viejo como «más talentoso que erudito», ha perdurado en la memoria literaria gracias a un solo verso que encapsula tanto el dolor por la muerte de Cicerón como el silencio que siguió a la desaparición de su elocuencia. Este poeta cordobés, el primero del que tenemos registro, dejó un legado que, aunque breve, ha sido testigo de las tensiones literarias y políticas de su tiempo y ha inspirado a generaciones posteriores de autores. Hoy, su verso sigue siendo un testimonio del poder de la palabra y de la fragilidad de la elocuencia. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-