
El del Custodio siendo acompañado de cordobeses el 24 de octubre de l945, durante su recorrido por las calles de San Lorenzo y el Realejo, donde fue tomada esta fotografía.
Rafael, Regidor Perpetuo de Córdoba
El Arcángel San Rafael, Custodio y Regidor Perpetuo de la ciudad de Córdoba, no solo habita en el mármol de sus Triunfos ni en los retablos de sus templos: vive también en la memoria de un pueblo que lo invoca en cada hora de necesidad. Entre todas las imágenes que lo representan, ninguna goza de tanto respeto como la que preside el altar mayor de la Basílica Menor del Juramento de San Rafael, y la escultura llamada el San Rafael del Puente, epicentros espiritual del culto cordobés al celestial protector.
La majestuosa talla del Arcángel, obra de Alonso Gómez de Sandoval en el siglo XVIII, estableció de forma definitiva la iconografía de San Rafael en Córdoba: el joven alado, con túnica y manto, que sostiene en una mano el pez —símbolo de sanación y guía— y con la otra alza el estandarte de la fe.
Según la tradición, fue en este mismo lugar donde el Custodio se apareció al padre Andrés de las Roelas en 1578, pronunciando las palabras que sellaron el Juramento de Córdoba:
“Yo soy Rafael, a quien el Señor ha puesto por Custodio de esta ciudad.”
Desde entonces, el Arcángel se convirtió en protector perpetuo de los cordobeses, tanto en las calamidades públicas como en las horas de gratitud y esperanza.
A lo largo de los siglos, la imagen del Juramento salió en contadas ocasiones, siempre por causas de extrema importancia:
1885: durante la epidemia de cólera que azotó Córdoba, la ciudad entera se volcó en rogativas, y San Rafael recorrió sus calles como intercesor contra la enfermedad.
1929: fue su primera salida del siglo XX, portado en parihuelas debido a su enorme peso. Aquella procesión, organizada con motivo de los actos misionales del Papa Pío XI, reafirmó la devoción al Custodio en una época de cambios.
1939: concluida la Guerra, la imagen del Arcángel formó parte de una solemne comitiva junto a la Virgen de la Fuensanta y las reliquias de los Mártires de Córdoba, en acción de gracias por el fin de la contienda.
1944: San Rafael volvió a salir por las calles para implorar la lluvia, en unas rogativas que reunieron a miles de fieles bajo el lema “Cordobeses, pedid al Custodio la bendición del cielo”.
24 de octubre de 1945: el entonces obispo Alfredo Pérez Muñoz organizó la última procesión del siglo XX, con motivo de las Misiones Generales, fue la última vez que el pueblo contempló al Custodio en procesión durante más de sesenta años.
Tras décadas de silencio procesional, la imagen volvió a recorrer la ciudad el 24 de octubre de 2012, con motivo de la apertura del Año de la Fe, proclamado por el papa Benedicto XVI. Fue trasladado a la Mezquita-Catedral, donde se conmemoró el 90º aniversario de la consagración de Córdoba al Sagrado Corazón de Jesús.
El reencuentro del pueblo con su Custodio marcó un hito de memoria, recordando aquellas antiguas salidas que unían a toda la ciudad bajo las alas del Arcángel.
7 de mayo de 2022, San Rafael volvió a salir en procesión con el propósito de hacerlo cada año. Con ello se rompía el antiguo encanto de sus apariciones reservadas solo a causas excepcionales, pero se renovaba el vínculo vivo entre Córdoba y su Protector, perpetuando la devoción que durante siglos ha mantenido encendida la llama del Juramento.
En el calendario litúrgico universal, tras la reforma del Concilio Vaticano II (1969), las fiestas de los tres arcángeles —San Miguel, San Gabriel y San Rafael— fueron unificadas en una sola celebración el 29 de septiembre.
Sin embargo, Córdoba solicitó y obtuvo de la Santa Sede el privilegio de conservar el 24 de octubre como fiesta propia de San Rafael, en atención a su secular devoción y al Voto de la Ciudad, que data del siglo XVI.
Así, mientras el resto del mundo conmemora a los tres arcángeles juntos, Córdoba mantiene su fecha singular, inseparable de su historia y su identidad. En ese día, la ciudad entera —templos, instituciones y calles— se viste de fiesta para honrar al Custodio celestial, recordando el juramento que la protegió de pestes y calamidades.
El Ayuntamiento, en reconocimiento a su patronazgo, lo proclamó Regidor Perpetuo de Córdoba, título que conserva hasta hoy, inscrito en los libros capitulares y en el corazón de los cordobeses.
San Rafael sigue siendo el guardián invisible que vela desde sus Triunfos de piedra y desde la torre de su basílica. Bajo su mirada, Córdoba ha sobrevivido a guerras, sequías y revoluciones, y cada 24 de octubre renueva su voto de fidelidad.
Porque para los cordobeses, el Arcángel no es solo una imagen de altar, es el compañero de viaje, el protector de sus recuerdos, el guardián de la Córdoba eterna
“Mientras Córdoba exista, San Rafael la custodiará desde el cielo y desde la tierra. “Por eso lo juro y un príncipe celeste siempre cumple su juramento. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-