[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Los normando en Andalucía. – Cosas de Cordoba

Los normando en Andalucía.

Vista de Coria del Rio desde el velero Casanova.

El 30 de septiembre del año 844, la península ibérica fue testigo de uno de los episodios más dramáticos de las incursiones normandas en al-Andalus. Una poderosa flota vikinga, tras fracasar en su intento de tomar Lisboa, donde habían mantenido la ciudad sitiada durante trece días con 54 drakkars, puso rumbo hacia el sur. Desde el Atlántico penetraron en el estuario del Guadalquivir, dispuestos a llevar el terror y el saqueo a las tierras andalusíes.

Su primer golpe lo sufrió Coria del Río, cuyas casas fueron incendiadas y su población masacrada. Desde allí, el azote normando se extendió hacia Cádiz, Medina Sidonia y finalmente Sevilla, ciudad que cayó en sus manos y sufrió un saqueo devastador. El pánico se extendió por todo al-Andalus: nunca antes un enemigo había penetrado con tanta violencia hasta el corazón del valle del Guadalquivir.

El gobernador de Lisboa, Wahbi-Allah ibn Hazm, ya había advertido al emir Abderramán II del peligro que representaban los invasores del norte. El emir reaccionó con rapidez desde Córdoba movilizó un gran ejército para detener a los normandos y recuperar Sevilla. La confrontación decisiva tuvo lugar el 11 de noviembre de 844 en la llanura de Tablada, a las afueras de la ciudad. Allí, las tropas andalusíes infligieron una severa derrota a los vikingos: más de un millar fueron abatidos, cerca de 400 hechos prisioneros y la mayor parte de sus naves incendiadas.

Algunos de estos cautivos, conocidos en las crónicas como majus, se convirtieron al Islam y se asentaron en la zona de Coria del Río, donde se dedicaron a la cría de caballos, dejando una huella inesperada en la historia local. El término “majus” generaba cierta confusión entre los cronistas cordobeses: lo aplicaban tanto a los vikingos como a los vascones no cristianos, y lo asociaban con los adoradores del fuego, como los zoroastrianos de Persia, pues los normandos solían quemar a sus muertos, lo que llevó a pensar que veneraban al fuego.

La batalla de Tablada no solo frenó la incursión normanda, sino que marcó un punto de inflexión. A raíz de aquel episodio, Abderramán II impulsó la creación de una flota andalusí permanente, con base en Pechina, para vigilar las costas y prevenir nuevas invasiones. Fue la respuesta estratégica que transformó al-Andalus en una potencia naval capaz de mirar de tú a tú al temido enemigo del norte. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-