[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Cantaba mi tía Amalia. – Cosas de Cordoba

Cantaba mi tía Amalia.

Canción un tanto picarona y anticlerical que supongo seria del tiempo de la Guerra de África, ya que en la guerra Civil hubiese sido censurada sin lugar a duda.

La escuche cantar entre diente a mi tía Amalia con una sonrisa atrevida, como provocativa, ya eran tiempos de Si bwana.

“Cuando yo era hermana de la caridad

atendí a un herido bravo militar.

Estando un día solo, solitos los dos,

el me pidió un beso un beso de amor.

Como lo pedía con tanta ansiedad

yo dárselo tuve por la calidad”.

Las damas de la caridad en la Guerra de África

Cuando en 1859 España emprendió la guerra contra el sultanato de Marruecos, miles de hombres partieron hacia el norte de África. Muchos marcharon hacia el combate y otros regresarían meses después heridos, enfermos o agotados por las durísimas condiciones de la campaña.

Pero detrás de los soldados y de los generales existió otra historia, menos conocida: la de las mujeres que se ocuparon de los enfermos y heridos.

No llevaban uniforme militar. No aparecían en los partes de guerra. Su campo de acción estaba en los hospitales, en las salas de convalecientes, en los lugares donde se recibía a los soldados y en las casas de beneficencia.

Fueron damas de caridad, mujeres de la beneficencia.

Su presencia constituye uno de los antecedentes de la asistencia sanitaria organizada que, pocos años después, desarrollaría la Cruz Roja Española.

La Guerra de África de 1859-1860 no terminó para muchos soldados cuando abandonaban el campo de batalla.

Las heridas, las enfermedades y, especialmente, las epidemias acompañaron a las tropas durante la campaña.

Las mujeres entraban en los hospitales de guerra no como espectadoras, sino como cuidadoras.

En España habían adquirido una presencia considerable en hospitales, de sangre y la guerra hizo que esa experiencia adquiriese una nueva dimensión.

Los soldados enfermos necesitaban personas que permanecieran junto a ellos durante horas y días. Había que limpiar heridas, preparar vendajes, proporcionar alimentos, atender a los enfermos y acompañar a quienes se encontraban lejos de sus familias.

Aquella labor, aparentemente silenciosa, era fundamental.

La documentación histórica permite contemplar así una red de caridad femenina que no dependía exclusivamente de las instituciones militares. Mujeres de la sociedad civil que aportaban dinero, ropa, alimentos, instalaciones y ayuda personal.

La palabra «dama» tenía entonces un significado particular. No designaba necesariamente a una enfermera profesional. Muchas de aquellas mujeres pertenecían a familias acomodadas y utilizaban sus recursos y relaciones para organizar obras de beneficencia.

La beneficencia femenina era una de las formas socialmente aceptadas de participación de las mujeres en la vida pública.

Las damas podían organizar colectas, entregar donativos, confeccionar ropa para los necesitados, reunir alimentos y colaborar con hospitales de campaña.

El Ministerio de Cultura conserva numerosos testimonios de la participación de mujeres de la nobleza y de las élites sociales en ayuda a hospitales y actuaciones, incluidas las guerras de África.

Aquella actividad no debe confundirse con la enfermería profesional que aparecería posteriormente.

Era caridad organizada, pero en determinadas circunstancias esa caridad acababa convirtiéndose en auténtica asistencia sanitaria.

Córdoba, situada en el interior de Andalucía, participó intensamente en la recepción y despedida de las tropas que atravesaban la ciudad.

La memoria histórica cordobesa conserva el recuerdo de los soldados que pasaron por la capital durante diciembre de 1859 y enero de 1860 camino de la Guerra de África.

Las autoridades y los vecinos los recibieron y agasajaron. Las mujeres participaron en aquellas manifestaciones de apoyo y despedida. Cuando terminó la guerra, en marzo de 1860, volvieron a salir a las calles para recibir a los soldados que regresaban de Marruecos. Desde los balcones les arrojaban flores y expresaban públicamente su entusiasmo.

Pero la participación femenina en Córdoba no se limitaba a las flores y a las despedidas.

La tradición de beneficencia de la ciudad formaba parte de una cultura mucho más amplia de asistencia a los enfermos, pobres y heridos.

Pocos años después, durante la batalla de Alcolea de 1868, las mujeres cordobesas ofrecerían una demostración extraordinaria de esa tradición asistencial: confeccionaron ropa y vendajes, prepararon hilas y atendieron a los heridos, mientras numerosas casas particulares se convertían provisionalmente en hospitales.

Aunque este episodio pertenece ya a otra guerra, permite comprender el ambiente de caridad femenina existente en Córdoba durante aquellos años.

La Cruz Roja Española todavía no existía en 1859. Sería fundada en España en 1864.

Por tanto, cuando hablamos de la asistencia femenina durante la Guerra de África de 1859-1860, no debemos llamarlas Damas de la Cruz Roja.

Su denominación corresponde a otro mundo: damas de caridad, benefactoras, mujeres de las juntas de socorro o religiosas dedicadas a la asistencia.

La Cruz Roja surgiría después y recogería parte de aquella experiencia asistencial, incorporándola a una concepción nueva de la ayuda humanitaria en tiempo de guerra.

Por eso puede establecerse una línea histórica: caridad religiosa, beneficencia femenina, asistencia organizada, Cruz Roja, enfermería profesional.

La imagen tradicional de la Guerra de África suele estar dominada por las cargas de caballería, los cañones, los uniformes y las batallas de Castillejos, Tetuán y Wad-Ras.

Pero una guerra no termina cuando cesa el fuego. Después de cada combate quedaban los heridos. Y después de los heridos llegaban los hospitales. Y allí aparecían aquellas mujeres. Mientras los soldados combatían en Marruecos, ellas combatían contra otra clase de enemigo: la infección, la enfermedad, el abandono y la muerte.

Su arma era el cuidado. Su espacio era la sala del hospital. Y su recompensa, muchas veces, era simplemente conseguir que un soldado volviera con vida a su casa.

La historia de estas mujeres merece ocupar un lugar propio porque muestra que la asistencia humanitaria española no nació de repente con la Cruz Roja. Existía ya una larga tradición de beneficencia femenina.

La Guerra de África de 1859-1860 puso a prueba esa estructura y demostró la necesidad de disponer de una asistencia cada vez mejor organizada.

Cinco años después, en 1864, nacería la Cruz Roja Española.

Cuando las primeras organizaciones de la Cruz Roja comenzaron a desarrollar sus actividades, encontraron, por tanto, un terreno que ya había sido preparado por décadas de caridad y beneficencia.

Las mujeres de 1859 no fueron todavía las «Damas de la Cruz Roja». Fueron las mujeres de la caridad que las precedieron.

Una historia escrita muchas veces en silencio, al otro lado de los campos de batalla, allí donde la guerra dejaba sus consecuencias más humanas: en las camas de los hospitales, junto a los hombres heridos y enfermos que necesitaban una mano que los cuidara.

Esta es, creo, la línea histórica que buscabas: las damas y mujeres de la caridad de 1859-1860, antes de la Cruz Roja. La documentación de Córdoba confirma además la fuerte participación de las mujeres en la acogida de las tropas.

Fuente Biblioteca de Cordoba.

Fotografías de Una dama enfermera. Dibujo de Julio Romero de Torres realizado para el cartel de la corrida benéfica celebrada en Madrid en el año 1921, con el fin de recaudar fondo para los heridos de la Guerra del Africana, a la que asistieron los reyes Alfonso XIII, Victoria Eugenia y el Príncipe de Asturias y los torreros no memos populares que los monarcas fuero: El Gallo, Belmontes, Sánchez Mejías, La Rosa, Chicuelo y Granero.

Se trata de un óleo sobre lienzo que se encuentra en el Museo Julio Romero de Torres de Córdoba.