
Fotografía del libro Documentos del Vaticano II, regalo de mi boda de Francisco Molina de Miguel consiliario local de las Juventudes Obreras Católicas. Prestó servicio como vicario “ad tempus” en la Parroquia de San José y Espíritu Santo (Campo de la Verdad), cubriendo refuerzos litúrgicos y pastorales junto al párroco don Bartolomé.
El Vaticano II suponía la apertura al mundo moderno: Reforma de la Liturgia. Constitución y pastoral de la Iglesia. Revelación divina. Libertad religiosa.
El Concilio Vaticano II fue un concilio ecuménico de la Iglesia católica convocado por el papa Juan XXIII, el 25 de enero de 1959, siendo uno de los eventos históricos que marcaron el siglo XX.
El Concilio constó de cuatro sesiones: la primera de ellas fue presidida por Juan XXIII en el otoño de 1962. Las otras tres etapas fueron convocadas y presididas por su sucesor, Pablo VI, hasta su clausura el 8 de diciembre de 1965. La lengua oficial del Concilio fue el latín.
Este Concilio contó con mayor y más diversa representación de lenguas y etnias, con una media de asistencia de unos dos mil padres conciliares procedentes de todas las partes del mundo. Asistieron, además, miembros de otras confesiones religiosas cristianas.
El Concilio se convocó con los fines principales de: Promover el desarrollo de la fe católica.
Lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles. Adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo. Lograr la mejor interrelación con las demás religiones, principalmente las orientales
El Concilio Vaticano II dice textualmente:
“Por consiguiente (la Iglesia) debe exhortar a sus hijos a que, con prudencia y caridad, mediante el diálogo y la colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de la fe y la vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socio culturales, que en ellos existen”
Y sobre el islam, concretamente, dice el Vaticano II:
“La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes, que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma, como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia.
Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su madre virginal, y a veces también la invocan devotamente. Esperan, además el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por ello, aprecian la vida moral y honran a Dios, sobre todo, con la oración, las limosnas y el ayuno.
Si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando el pasado, procuren sinceramente una mutua comprensión, defiendan y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y libertad para todos los hombres”.
Roma, en San Pedro, 28 de octubre de 1965.- Yo, Pablo, Obispo de la Iglesia Católica
Durante el pontificado de Pablo VI las doctrinas y las nuevas orientaciones pastorales del Concilio experimentan un notable empuje y desarrollo, pero al llegar el pontificado de Juan Pablo II aquel impulso inicial se frena y las esperanzas nacidas en este Concilio se evaporan.
De este Concilio emanaron tres grupos distintos de documentos: Constituciones (dos de ellas dogmáticas), Decretos y Declaraciones.
Entre las “Declaraciones” promulgadas por el Vaticano II está la denominada “Nostra aetate” o “Actitud de la Iglesia ante las religiones no cristianas”. En este documento se menciona expresamente, al hinduismo y al budismo y, con mayor relevancia al judaísmo y al islamismo. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-