[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. ¿La Mezquita de Córdoba mira a Venus? – Cosas de Cordoba

¿La Mezquita de Córdoba mira a Venus?

El templo pagano se convirtió de iglesia arriana dando paso a la gran mezquita omeya; y, después se transformó en catedral. Pocos edificios en el mundo resumen con tanta intensidad la historia del Mediterráneo como la Mezquita-Catedral de Córdoba, un monumento donde Oriente y Occidente, el cristianismo y el islam, la continuidad y la ruptura, dialogan desde hace más de doce siglos.

Su mayor singularidad no reside únicamente en el bosque infinito de columnas o en la perfección de sus arcos bicolores. También se encuentra en uno de sus mayores enigmas: la orientación de su muro de la qibla.

La qibla de la Mezquita de Córdoba no mira hacia La Meca. Desde Córdoba, la ciudad santa del islam se encuentra aproximadamente en un acimut de 100° respecto al norte geográfico, es decir, hacia el este-sureste. Sin embargo, el muro de la qibla del oratorio omeya se orienta aproximadamente hacia los 152°-153°, claramente hacia el sur-sureste.

Esa dirección señala hacia el arrabal de Secunda o del Medio Día, situado en la margen izquierda del Guadalquivir, frente a la medina cordobesa. Si esa línea se prolonga, atraviesa el Estrecho de Gibraltar y continúa hacia el norte de África. La diferencia con la dirección exacta de La Meca ha intrigado durante siglos a historiadores, arqueólogos y astrónomos.

Se han formulado diversas hipótesis. Para algunos especialistas, los arquitectos de Abderramán I siguieron deliberadamente la tradición de las antiguas mezquitas omeyas de Siria, especialmente la de Damasco, cuya orientación obedecía a criterios simbólicos heredados de la Antigüedad. Otros consideran que el edificio respetó la trama urbana romana preexistente, adaptándose a la disposición de las calles y del antiguo complejo religioso sobre el que fue levantado. Existen también interpretaciones arqueoastronómicas que relacionan esa orientación con determinados fenómenos celestes e incluso con el planeta Venus, astro de gran simbolismo en algunas culturas antiguas.

Sea cual sea la explicación definitiva, resulta inevitable observar que la mirada de la Mezquita quedó fijada hacia el Sur, hacia el lugar donde se desarrolló uno de los episodios más dramáticos de la historia de al-Ándalus.

Allí se extendía el populoso arrabal de Secunda, también conocido como arrabal del Medio Día, (Hoy Campo de la Verdad) donde convivían artesanos, comerciantes, juristas y buena parte de la población trabajadora de Córdoba.

En el año 818, durante el emirato de al-Hakam I, aquel barrio protagonizó una gran insurrección contra el poder omeya. La revuelta fue sofocada con extraordinaria dureza. Muchos de sus habitantes fueron ejecutados y, según relatan las crónicas, numerosos rebeldes quedaron crucificados a orillas del Guadalquivir, como escarmiento para toda la ciudad.

El emir ordenó arrasar completamente el arrabal. Sus casas fueron demolidas, sus calles desaparecieron bajo el arado y se prohibió expresamente volver a construir sobre aquellos terrenos, que fueron convertidos en campos de cultivo para borrar cualquier vestigio de la rebelión.

La armonía, la belleza, la arquitectura y la poesía parecieron quedar suspendidas en aquella mirada hacia el Sur, donde el poder quiso imponer el silencio mediante el miedo. Allí quedaron los crucificados junto al río; allí desaparecieron barrios enteros convertidos en sembrados; allí comenzó uno de los mayores exilios de la historia de Córdoba.

Miles de cordobeses emprendieron entonces el camino del destierro. Muchos descendieron hasta el río y emprendieron el camino hacia el mar. El Guadalquivir se convirtió en la primera senda del destierro. Sus aguas condujeron a aquellos hombres y mujeres hasta el Atlántico y desde allí al Mediterráneo, transformando el río de Córdoba en un auténtico camino del exilio.

No deja de ser sugerente que la Puerta del Puente, abierta hacia el sur, fuera la vista obligada para quienes abandonaban la ciudad rumbo al exilio, mientras la qibla de la Mezquita parecía contemplar silenciosamente aquel mismo horizonte. La gran mezquita omeya quedó orientada hacia el lugar donde comenzó la diáspora de miles de cordobeses, como si la piedra hubiera conservado para siempre la memoria de aquella tragedia

Muchos fueron acogidos por Idris II en la joven ciudad de Fez, donde fundaron el célebre Barrio de los Andaluces (ʿAdwat al-Andalus). Todavía hoy ese barrio conserva el recuerdo de aquellos exiliados cordobeses que llevaron consigo sus conocimientos, su arquitectura, sus oficios y buena parte de la cultura andalusí, contribuyendo decisivamente al desarrollo de la ciudad marroquí.

Otro grupo siguió navegando hacia Oriente y se estableció en Alejandría. Su creciente influencia preocupó al califato abasí, que finalmente negoció su salida de Egipto facilitándoles embarcaciones para abandonar la ciudad. Aquellos andalusíes se dirigieron entonces hacia la isla de Creta, donde alrededor del año 824 fundaron un emirato independiente con capital en Candía (la actual Heraclión). Aquel reino musulmán sobrevivió durante casi ciento cuarenta años, hasta ser conquistado por el Imperio Bizantino en el año 961.Llevaron el nombre de Córdoba hasta Fez, Alejandría y Creta.

Quizá sea solo una coincidencia arquitectónica. Quizá responda únicamente a una tradición constructiva heredada de los Omeyas. Pero el simbolismo permanece.

La Mezquita-Catedral de Córdoba continúa mirando hacia el Sur, hacia la memoria de los expulsados, hacia el Mediterráneo que unió continentes y civilizaciones y hacia una Andalucía que durante siglos fue puente entre Europa, África y Oriente. Su orientación, más allá de la precisión geográfica, parece recordar que los monumentos también conservan la memoria de los pueblos que los construyeron y de aquellos que un día se vieron obligados a abandonarlos. no contemplar hoy la orientación de la Mezquita sin pensar en aquella historia.

Su muro de la qibla parece seguir mirando hacia el lugar donde comenzó el exilio de miles de cordobeses, hacia la ribera donde quedaron los cuerpos de los vencidos y desde donde partieron los que quedaron vivos. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-