
Viñeta de La Flaca donde se puede observar el debate que existía en España entre la República y la Monarquía. la parte de la Monarquía con guerra y represión, mientras que la parte republicana se nos muestra en un contexto idealizado.
El movimiento cantonalista andaluz surge en el marco del Sexenio Democrático, un período de intensa agitación política y social en España. La proclamación de la Primera República en 1873 abrió un espacio para las aspiraciones federalistas de diversas regiones, entre ellas Andalucía, que veía en este modelo una vía para recuperar su soberanía y garantizar los derechos económicos, sociales y políticos de sus ciudadanos.
El cantonalismo andaluz, profundamente arraigado en las demandas populares, se vinculó con el descontento frente al centralismo político y la desigualdad estructural en la distribución de recursos. La bandera roja, símbolo de la revolución social, se convirtió en emblema de los cantonales, evocando la lucha por la justicia y la emancipación.
El 21 de julio de 1873, Andalucía proclamó su independencia en Despeñaperros, un enclave histórico y estratégico que marcaba la frontera natural del territorio. En este acto, las fuerzas andaluzas derrotaron al ejército del General Zumalacárregui, consolidando su posición frente al centralismo español.
Este evento fue acompañado por la lectura del Manifiesto de los Federales Andaluces, un texto que recogía las aspiraciones de soberanía, justicia y libertad:
«En Despeñaperros, histórico e inexpugnable baluarte de la libertad, se enarboló ayer, por las fuerzas federales que mandan los que suscriben, la bandera de independencia del Estado Andaluz. (…) Completemos la regeneración social y política de esta tierra clásica de la libertad y de la independencia. (…) ¡Viva la Soberanía administrativa y económica del Estado de Andalucía!”
El primer intento de junio de 1873, cuando los federalistas ocuparon el Ayuntamiento de Sevilla y proclamaron la República Social. Aunque esta insurrección fue rápidamente reprimida, marcó el inicio del movimiento.
La rebelión victoriosa del 18 de julio de 1873, cuando Sevilla se declaró Cantón Federal Libre e Independiente. Este acto impulsó a otras ciudades y localidades andaluzas a unirse al movimiento.
En los días siguientes, ciudades como Cádiz, Córdoba, Granada, Almería, Málaga y Huelva proclamaron sus propios cantones libres, acompañadas de poblaciones más pequeñas como Loja, Écija, Motril, Casares, Sanlúcar de Barrameda y Tarifa. Incluso localidades modestas, como Casares, cuna de Blas Infante, se sumaron al levantamiento, izando la bandera roja y constituyendo sus propios cantones.
El Gobierno de la Primera República, liderado por Nicolás Salmerón, adoptó una postura firme para sofocar el movimiento cantonalista. Salmerón defendía el lema «el imperio de la ley», considerando que para salvar la República era necesario reprimir las insurrecciones regionales.
Se enviaron tropas lideradas por el general Manuel Pavía, quien organizó un ejército con miles de soldados, artillería pesada y refuerzos de la Guardia Civil. La campaña militar fue devastadora para los cantonalistas:
28 de julio de 1873: Sevilla es tomada tras encarnizados combates. 4 de agosto: Las tropas gubernamentales entran en Cádiz. 12 de agosto: Granada es ocupada. 19 de septiembre: Málaga, último bastión andaluz, cae bajo el control centralista.
Las ciudades fueron sometidas una tras otra, poniendo fin a los cantones libres andaluces. A pesar de la resistencia heroica de los insurrectos, el gobierno aplastó el movimiento mediante una represión severa, incluidas destituciones de gobernadores, confiscaciones y persecuciones.
Un hecho destacado del movimiento fue la segunda expedición marítima cantonal, liderada por el general Juan Contreras. Zarpó de Cartagena el 28 de julio de 1873 con las fragatas Almansa y Victoria, llevando a bordo dos regimientos y un batallón de infantería de Marina.
La expedición llegó a Almería, donde exigió el pago de un tributo de guerra y la retirada de las fuerzas militares. La ciudad rechazó las demandas, lo que provocó un intenso bombardeo el 30 de julio. Sin embargo, Almería resistió y la expedición se vio obligada a retirarse.
Posteriormente, las fragatas fueron interceptadas por la flota británica y escoltadas hasta Gibraltar, donde quedaron bajo custodia del gobierno español, marcando el fracaso de la campaña marítima.
La prensa internacional, como el periódico británico The Times, no fue amable con los cantonalistas, calificándolos de «harapientos» y “Descamisados” cuestionando su organización. Incluso dentro de España, sectores republicanos como Antonio Orense ridiculizaron el movimiento, tildando al general Contreras de «Barbarroja».
A pesar de las críticas, el movimiento cantonalista andaluz representó un desafío directo al orden establecido, convirtiéndose en un símbolo de resistencia popular.
Aunque la revolución cantonal fue sofocada, su influencia perduró. En 1883, diez años después, se redactó la Constitución Andaluza de Antequera, que sentó las bases para el andalucismo histórico. Este documento defendía una Andalucía «soberana y constituida en democracia republicana”
El movimiento cantonalista de 1873 dejó un legado de lucha por la autodeterminación, la justicia social y la igualdad, valores que siguen resonando en la historia política de Andalucía. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Pintos cantonalistas durante la I República

Caricatura de la revista La Flaca, en la que los miembros del gabinete de la reina Isabel II llevan todos el gorro frigio.