[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Polifemo y Galatea – Cosas de Cordoba

Polifemo y Galatea

El mosaico de Polifemo y Galatea de Córdoba: una joya del arte musivario romano

Entre las obras maestras conservadas del arte romano en Hispania destaca el magnífico mosaico de Polifemo y Galatea, descubierto en 1959 durante unas excavaciones arqueológicas realizadas en la Plaza de la Corredera de Córdoba. Se trata de una de las piezas más importantes del mosaico romano español y uno de los mejores ejemplos de la influencia de la cultura helenística en la antigua Colonia Patricia Corduba.

El mosaico apareció formando parte del pavimento de una lujosa domus construida extramuros de la ciudad romana, en una zona residencial situada al este de la muralla. Aquellos barrios suburbanos comenzaron a desarrollarse con fuerza durante los siglos II y III d. C., cuando Córdoba vivía una de las etapas de mayor prosperidad económica de toda su historia gracias a su condición de capital de la provincia Baetica, una de las más ricas del Imperio romano.

Datado hacia finales del siglo II o comienzos del III d. C., el mosaico posee una antigüedad cercana a los 1.800 años y constituye una extraordinaria muestra del refinamiento artístico alcanzado por los talleres musivarios cordobeses.

La composición representa el amor imposible entre Polifemo y la ninfa Galatea, uno de los episodios mitológicos más populares de la Antigüedad.

Su origen literario se encuentra en el poema El Cíclope, del poeta helenístico Filóxeno de Citera (siglo IV a. C.), obra que posteriormente sería recreada por Teócrito y, ya en época romana, por Ovidio en sus célebres Metamorfosis.

Muchos siglos después, el mito volvería a cobrar nueva vida gracias al poeta cordobés Luis de Góngora y Argote, quien encontró en esta historia la inspiración para escribir una de las grandes obras de la literatura barroca española: la Fábula de Polifemo y Galatea (1612), considerada una de las cumbres del culteranismo.

De este modo, el mosaico establece un extraordinario puente cultural entre la mitología clásica, la literatura helenística y el Siglo de Oro español.

Según la leyenda, Galatea era una hermosa ninfa marina de extraordinaria belleza que despertó la pasión del gigante cíclope Polifemo, hijo de Poseidón.

Sin embargo, Galatea estaba enamorada del joven pastor Acis, por lo que rechazó reiteradamente las pretensiones del gigante.

Consumido por los celos, Polifemo terminó asesinando a su rival aplastándolo con un enorme peñasco. Desesperada, Galatea transformó la sangre de Acis en un río para que ambos permanecieran unidos para siempre.

Aunque el mosaico cordobés representa únicamente el instante amoroso anterior a la tragedia, el espectador romano conocía perfectamente el desenlace de aquella historia.

En el lado izquierdo aparece Galatea, completamente desnuda, representada según los cánones clásicos de belleza femenina.

Su figura destaca por la extraordinaria delicadeza del dibujo y por la elegancia de sus movimientos.

Especial interés poseen las joyas que luce, auténtico reflejo de los adornos utilizados por las mujeres acomodadas del Alto Imperio Romano.

Lleva un fino collar, dos brazaletes y una pulsera cuidadosamente representados mediante diminutas teselas de vivos colores, proporcionando a los arqueólogos una valiosa información sobre la orfebrería romana de la época.

Frente a ella se sitúa Polifemo, también desnudo, cubierto únicamente por una piel de leopardo.

En una de sus manos sostiene el tronco de un árbol del que cuelga un caramillo o siringa, instrumento musical de viento formado por varias cañas unidas, asociado tradicionalmente al mundo pastoril.

Con él pretende conquistar a Galatea mediante la música, tal como narraban los antiguos poemas griegos.

Toda la escena se desarrolla en un paisaje natural tratado con un sorprendente sentido del realismo.

Aunque simplificado mediante recursos esquemáticos propios del arte romano tardío, el artista consigue sugerir profundidad y movimiento mediante pequeñas elevaciones del terreno, vegetación y elementos marinos.

El conjunto aparece rodeado por una elegante guirnalda vegetal que delimita el cuadro central.

A ambos lados se disponen dos rombos decorados con dobles meandros, uno de los motivos ornamentales más característicos del arte clásico.

Las esquinas están ocupadas por cuatro delfines, animales estrechamente relacionados con el mundo marino y con la propia Galatea, hija de las aguas.

El mosaico está realizado mediante miles de pequeñas teselas de piedra y pasta vítrea de diferentes colores.

Predominan los tonos blancos, ocres, amarillos y rojizos, que proporcionan luminosidad al conjunto.

Especialmente llamativas son las teselas vítreas verdes utilizadas para representar el manto de Galatea, así como las negras que reproducen la piel de leopardo de Polifemo.

Uno de los aspectos más admirables de la obra es el extraordinario dominio técnico demostrado por su autor.

El mosaísta consigue modelar los cuerpos mediante delicadas gradaciones cromáticas, creando efectos de volumen y de luz impropios de una técnica aparentemente rígida como el mosaico.

Igualmente sobresale la expresividad del rostro de Galatea, donde el artista logra transmitir serenidad, belleza y una cierta distancia emocional frente al enamorado gigante.

Todo ello revela la existencia en Córdoba de talleres musivarios de altísimo nivel artístico, capaces de competir con los mejores del Imperio.

Durante los siglos II y III d. C., la antigua Colonia Patricia Corduba vivió uno de sus momentos de mayor esplendor económico.

Las grandes familias senatoriales y ecuestres embellecieron sus residencias con pavimentos musivos inspirados en modelos procedentes de Italia, Grecia y el norte de África.

El mosaico de Polifemo y Galatea constituye uno de los mejores exponentes de ese florecimiento artístico, junto a otras importantes obras descubiertas en Córdoba como los mosaicos del Océano, Medusa, Eros y Psique, Las Estaciones o Los Amores de Zeus, que convierten a la ciudad en uno de los principales centros del arte musivario romano de Hispania.

Tras su hallazgo y una cuidadosa restauración, el mosaico fue trasladado al Salón de los Mosaicos del Alcázar de los Reyes Cristianos, donde puede contemplarse actualmente junto a otras piezas excepcionales procedentes de la Córdoba romana.

Su excelente estado de conservación permite admirar la calidad artística alcanzada por los mosaístas cordobeses hace casi dos mil años y comprender el elevado nivel cultural y económico que disfrutó la capital de la Bética durante el Alto Imperio.

El mosaico de Polifemo y Galatea no constituye únicamente una magnífica obra de arte. Es también un testimonio excepcional de la difusión de la mitología clásica en la Hispania romana y del refinamiento alcanzado por una ciudad que, durante siglos, fue una de las más importantes del Occidente romano. Su belleza ha permitido que el viejo mito griego continúe vivo desde la Antigüedad hasta nuestros días, enlazando la cultura clásica con la poesía inmortal de Góngora y con el extraordinario legado histórico de Córdoba Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-

El mosaico de Polifemo y Galatea se encuentra en el Salón de los Mosaicos del Alcázar de los Reyes Cristianos en Córdoba .

Fragmento de la fábula “Polifemo y Galatea. ”Luis de Góngora

… Polifemo……..de Neptuno hijo fiero—
De un ojo ilustra el orbe de su frente,
Émulo casi del mayor lucero;
Cíclope a quien el pino más valiente
Bastón le obedecía tan ligero,
Y al grave peso junco tan delgado,
Que un día era bastón y otro cayado.
Negro el cabello, imitador undoso
De las oscuras aguas del Leteo,
Al viento que lo peina proceloso
Vuela sin orden, pende sin aseo;
Un torrente es su barba, impetuoso
Que —adusto hijo de este Pirineo—
Su pecho inunda— o tarde, o mal, o en vano
Surcada aun de los dedos de su mano.
No la Trinacria en sus montañas, fiera
Armó de crueldad, calzó de viento,
Que redima feroz, salve ligera
…………………………………..
Ninfa, de Doris hija, la más bella,
Adora, que vio el reino de la espuma.
Galatea es su nombre, y dulce en ella
El terno Venus de sus Gracias suma.
Son una y otra luminosa estrella
Lucientes ojos de su blanca pluma:
Si roca de cristal no es de Neptuno,
Pavón de Venus es, cisne de Juno.
Purpúreas rosas sobre Galatea
La Alba entre lirios cándidos deshoja:
Duda el Amor cuál más su color sea,
O púrpura nevada, o nieve roja.
De su frente la perla es, eritrea,
Émula vana…………………………….