
El 4 de julio de 1917 nacía en Córdoba, en la casa número 2 de la calle Conde de Torres Cabrera, Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, el torero que pasaría a la historia con el nombre de Manolete. Fallecería trágicamente a los 30 años, el 29 de agosto de 1947, en la plaza de toros de Linares, tras ser mortalmente herido por el toro Islero, del hierro de Miura. Ese día entró en la leyenda del toreo.
Provenía de una familia profundamente ligada al mundo taurino. Su padre, también llamado Manuel Rodríguez y apodado “Manolete”, fue novillero. Su madre, Doña Angustias, había estado casada en primeras nupcias con otro torero, conocido como Lagartijo Chico. Entre sus antepasados figuraban también figuras del toreo como José Dámaso Rodríguez (Pepete), José Rodríguez Sánchez (Bebe Chico) y el banderillero Rafael Sánchez (Bebe). El destino parecía inevitable.
Manolete revolucionó el arte del toreo. Su estilo era sobrio, vertical, de gesto grave y templanza inquebrantable. Fue un maestro del volapié, suerte que dominaba con una precisión quirúrgica… y que, paradójicamente, sería la que ejecutaba cuando encontró la muerte en Linares, al entrar a matar a Islero.
Con él nació una nueva era del toreo, la conocida como la «época de Manolete», caracterizada por la técnica, la quietud y la ligazón de las suertes. Fue el primer gran ídolo taurino del siglo XX, símbolo de la posguerra española, con una figura que trascendía el ruedo para convertirse en icono popular.
Estuvo profundamente enamorado de la actriz Lupe Sino, nombre artístico de Antonia Bronchalo Lopesino. Su historia de amor fue polémica y dolorosa, pues la familia de Manolete y parte de su entorno más cercano nunca aceptaron la relación, marcada por prejuicios y tensiones sociales.
Tras su muerte, España entera lloró su pérdida. Su entierro en Córdoba reunió a multitudes, y su figura quedó inmortalizada en esculturas, fotografías, canciones, calles, plazas y sobre todo en la memoria de un país que lo vio como algo más que un torero: un mito trágico.
El mito de Manolete ha sido objeto de biografías, películas, ensayos y homenajes. Su figura es uno de los grandes símbolos culturales del siglo XX español, más allá incluso del mundo taurino.. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Esta fotografía se realizo en la embajada de Ecuador en Méjico en el año 1945 donde se reunieron personalidades de diversos ámbitos de la cultura española para homenajear a Antonio Jaén Morente. En ella podemos ver a Manolete con los exilados Jaén Morente, Pedro Garfias, Juan Rejano y Francisco Azorín.

El día 30 de agosto del año 1942 en la tradicional corrida de ese mes del Puerto de Santa María, toreo Chicuelo, Manolete y Martin Vázquez con toros de la ganadería de Villamarta. Los diestros recogieron sentidas ovaciones, pero Manolete que mató a su primero astado de dos pinchazos y una estocada, dando la vuelta al ruedo, en el quinto de la tarde, el cordobés actuó de una forma insuperable, sus soberbias verónicas lo envolvían de seguido y con la muleta toreo sin distancia con el toro. El público se puso en pie para admirarlo mientras terminaba la faena de media estocada sin puntilla el espada de Córdoba consiguió dos ojeras, el rabo y una pata de Trajinado.
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Era la primera vez que el lidiador se presentaba en el ruedo con esa cicatriz que desde la comisura de labio se dibujaba de arriba abajo de la mejilla, recuerdo que el toro Ribereño le dejo el 16 anterior en la plaza de toros de San Sebastián, señal que llevaría el resto de su vida, sin la que no se podría reconocer al monstruo de Córdoba.
La cuadrilla de Manolete la componían los picadores Miguel y Juan Atienza y los banderilleros Alfredo David, Pinturas y Cantimplas
Cartel de Puerto de Santa María del 30 agosto1942