
El 25 de junio de 1492, pocos meses después de la conquista del Reino nazarí de Granada, los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, concedieron las villas almerienses de Fines y Somontín a Alonso Fernández de Córdoba, conocido como Alonso El Grande o El Gran Aguilar, en reconocimiento a los destacados servicios prestados durante la Guerra de Granada. La entrega de estos señoríos formaba parte de la política de recompensas con la que los monarcas premiaron a los nobles y capitanes que habían contribuido decisivamente a la incorporación del último reino andalusí a la Corona.
Alonso Fernández de Córdoba era uno de los más prestigiosos militares de su tiempo y pertenecía a una de las ramas más poderosas de la Casa de Córdoba. Su experiencia y su ayuda a la Corona le hicieron merecedor de importantes honores y posesiones, entre ellas las villas de Fines y Somontín, situadas en el estratégico valle del Almanzora.
Sin embargo, apenas nueve años después, su destino daría un trágico giro. En 1501, durante la rebelión morisca del antiguo Reino de Granada, fue enviado a sofocar el levantamiento en Sierra Bermeja. Allí, el 16 de marzo de 1501, las tropas castellanas sufrieron una desastrosa derrota frente a los moriscos dirigidos por Ibn Ummayya, falleciendo Alonso Fernández de Córdoba junto a centenares de sus hombres.
Las crónicas relatan que su cuerpo fue hallado tiempo después, cuando la zona volvió a quedar bajo control castellano. Según estos relatos, el cadáver presentaba varios venablos castellanos clavados en el cuerpo, circunstancia que dio origen al indicio de una posible traición.
La muerte de Alonso Fernández de Córdoba causó una enorme conmoción en Castilla y sobre todo en Córdoba dio lugar a numerosas coplas y poemas. Parte de esa poesía llegó a insinuar que Fernando el Católico había enviado deliberadamente al veterano capitán a una empresa prácticamente imposible o, incluso, que había propiciado su muerte.
La muerte de Alonso Fernández de Córdoba en Sierra Bermeja quedó así envuelta en un halo de leyenda que perduró durante siglos. Su figura fue recordada como la de un héroe de la Guerra de Granada cuya desaparición ordenada por Fernando, marcó uno de los episodios más dramáticos de la consolidación del dominio castellano sobre el antiguo reino nazarí. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Valle del Genal donde fue asesinado el Gran Aguilar en 1501