
El walí que reorganizó al-Ándalus y murió a las puertas de Europa
El 10 de junio del año 721 fallecía, a consecuencia de las heridas sufridas en combate, Al-Samh ibn Malik al-Jawlani, cuarto walí de al-Ándalus y una de las figuras más destacadas de los primeros años de los arabes en la Península Ibérica.
Había sido nombrado directamente por el califa omeya Umar II (ʿUmar ibn ʿAbd al-ʿAziz), llegando a al-Ándalus durante el mes de ramadán del año 100 de la Hégira, correspondiente a marzo-abril de 719. Su nombramiento tuvo una especial relevancia política, pues ejerció una autoridad prácticamente independiente de Ifriqiya, respondiendo directamente ante Damasco, lo que demuestra la importancia estratégica que el Califato otorgaba ya a los territorios hispanos conquistados pocos años antes.
A diferencia de otros gobernadores centrados exclusivamente en la expansión militar, Al-Samh destacó por su labor administrativa y organizadora.
Las fuentes árabes le atribuyen la realización del primer gran censo de al-Ándalus, en el que se registraban la población, los recursos agrícolas, la situación económica y la geografía del territorio. Toda esta información fue remitida al califa, constituyendo uno de los primeros intentos de estructurar administrativamente la nueva provincia del imperio musulmán.
También consiguió recaudar de forma efectiva el jums o quinto legal que correspondía al Estado, regularizando la fiscalidad y reforzando la autoridad omeya sobre el territorio.
Según las crónicas, redactó incluso una descripción general de al-Ándalus destinada a informar a la administración central de Damasco sobre las características del país recién incorporado al imperio.
Su actividad dejó una profunda huella en Córdoba, entonces capital administrativa de al-Ándalus.
Las fuentes medievales señalan que reconstruyó el antiguo puente romano sobre el Guadalquivir, que se encontraba muy deteriorado tras siglos de abandono y conflictos. Para ello se reutilizaron piedras procedentes de antiguas murallas y edificios defensivos.
Esta obra resultó fundamental para las comunicaciones entre ambas orillas de la ciudad y consolidó el papel de Córdoba como centro político y militar del territorio.
Asimismo, se le atribuye la creación de un cementerio musulmán en el arrabal de la Saqunda (Sequnda), situado al otro lado del río, una de las zonas más pobladas de la ciudad durante los primeros tiempos de la presencia islámica.
Una vez consolidada la administración de al-Ándalus, Al-Samh dirigió su atención hacia el norte.
Los restos del antiguo reino visigodo mantenían aún algunas posiciones en la Septimania, región situada al sur de la actual Francia. Entre 719 y 720 las tropas de Al-Samh ibn Malik conquistaron importantes plazas como: Narbona. Béziers. Agde. Magalona. Lodève.
La caída de Narbona fue especialmente significativa, pues convirtió a la ciudad en la principal base omeya al norte de los Pirineos durante décadas.
Desde allí continuó avanzando hacia Aquitania, Provenza y Borgoña, extendiendo la influencia musulmana más allá de los límites de la antigua Hispania visigoda.
La expansión encontró su principal obstáculo en Eudes u Odón, duque de Aquitania.
En junio de 721, Al-Samh puso sitio a la ciudad de Toulouse, convencido de que su conquista abriría definitivamente las puertas de la Galia.
Sin embargo, el 9 de junio las fuerzas aquitanas sorprendieron al ejército omeya y le infligieron una severa derrota en la conocida como Batalla de Toulouse o Batalla de Tolosa.
Las fuentes musulmanas hablan de más de 3.700 muertos entre las tropas andalusíes, una cifra extraordinariamente elevada para la época.
Al-Samh resultó gravemente herido durante el combate. Aunque logró ordenar la retirada de sus fuerzas hacia Narbona, falleció pocos días después, el 10 de junio de 721, durante el repliegue.
Su muerte supuso el primer gran revés militar de la expansión islámica en Europa occidental.
El historiador cordobés del siglo XI Al-Hasan ibn Muhammad ibn Mufarrij dejó escrito: “Al-Samh ben Malik lanzó una algarada contra territorio enemigo y encontró el martirio en Tarazona el día de ‘Arafa del año 102. Había gobernado dos años y cuatro meses.”
La referencia a Tarazona parece deberse a una confusión de transmisión textual, pues la mayoría de las fuentes sitúan su muerte tras la derrota de Toulouse.
Lo significativo es que el cronista utiliza el término martirio (shahada), reservado en la tradición islámica para quienes mueren combatiendo en defensa de la fe.
A pesar de la derrota final, Al-Samh ibn Malik al-Jawlani fue recordado por los cronistas musulmanes como uno de los gobernadores más eficaces de los primeros tiempos de al-Ándalus.
Su obra administrativa sentó las bases de la organización fiscal y territorial del país, mientras que sus reformas urbanas contribuyeron al desarrollo de Córdoba como futura capital del emirato y del califato.
Tras su muerte fue sucedido provisionalmente por ʿAbd al-Rahmán ibn ʿAbd Allah al-Gafiqi, quien años después volvería a cruzar los Pirineos y protagonizaría otra de las grandes campañas omeyas en la Galia, culminada en la célebre batalla de Poitiers en el año 732.
Así, aunque la historia suele recordar a Al-Samh por su derrota en Toulouse, su verdadera importancia radica en haber sido uno de los principales arquitectos de la primera organización política, fiscal y territorial de al-Ándalus, cuando apenas comenzaba a consolidarse en la Península Ibérica. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Batalla entre cristianos y musulmanes
Jacques Courtois . Óleo sobre lienzo . Se encuentra en el Museo del Prado, Madrid. sccc