[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Las cigüeñas – Cosas de Cordoba

Las cigüeñas

Las cigüeñas de Córdoba: entre la naturaleza, el mito y la leyenda

El crotoreo de unas cigüeñas en Córdoba llamó poderosamente mi atención. Al levantar la vista pude observar cómo varias de ellas parecían enfrentarse de forma violenta sobre uno de los nidos que coronan un campanario. No supe determinar si se trataba de una disputa territorial, una lucha por el control del nido o alguna compleja ceremonia relacionada con el apareamiento. La escena planteaba una pregunta inevitable: si las cigüeñas son aves monógamas que suelen mantener la misma pareja durante toda su vida, ¿por qué parecían competir varios individuos al mismo tiempo?

La respuesta se encuentra en la propia biología de estas aves. Aunque las parejas suelen permanecer unidas durante años y regresar al mismo nido cada temporada, los conflictos son frecuentes cuando otros ejemplares intentan ocupar un nido ya establecido o cuando machos y hembras solteros buscan formar una nueva pareja. Durante la época reproductora pueden producirse enfrentamientos espectaculares acompañados de fuertes crotoreos, ese característico sonido que producen al golpear rápidamente sus picos.

La cigüeña blanca es una de las aves más familiares para los habitantes de Andalucía. Su presencia sobre iglesias, torres y edificios históricos forma parte inseparable del paisaje urbano cordobés. A diferencia de muchas otras especies, muestra escaso temor hacia los seres humanos, circunstancia que durante siglos contribuyó a rodearla de un halo casi sagrado.

Desde la Antigüedad, numerosos pueblos atribuyeron a las cigüeñas un significado espiritual. En el antiguo Egipto fueron asociadas al jeroglífico del Ba, concepto que representaba el alma humana capaz de abandonar el cuerpo y regresar a él tras la muerte. La semejanza entre las largas migraciones de las cigüeñas y los viajes del alma contribuyó a fortalecer esta creencia.

Los hebreos las llamaban chasidah, palabra que puede traducirse como «piadosa», «misericordiosa» o «bondadosa», debido a la aparente dedicación con la que cuidaban de sus crías.

En la Grecia clásica y en Roma fueron consideradas ejemplos de amor filial. Se creía que las cigüeñas cuidaban de sus padres ancianos cuando estos ya no podían volar, convirtiéndose así en símbolo de respeto y gratitud familiar. Algunas leyendas afirmaban incluso que no morían de vejez, sino que emigraban a islas remotas donde adoptaban forma humana.

Tal era la consideración que gozaban entre los griegos que la muerte de una cigüeña podía castigarse con severidad. Además, eran apreciadas por su capacidad para capturar serpientes y otros animales considerados perjudiciales para los cultivos.

Los escritores romanos señalaban que la llegada de las cigüeñas en primavera marcaba el momento adecuado para iniciar determinadas labores agrícolas, especialmente el cuidado de las viñas.

Pocas leyendas son tan conocidas como aquella que convierte a las cigüeñas en portadoras de bebés.

Según el folclore europeo, estas aves recogían a los recién nacidos en lagunas, cuevas o regiones mágicas y los transportaban en su pico hasta los hogares donde iban a ser criados. Algunas versiones afirmaban que los depositaban delicadamente en brazos de la madre; otras, que descendían por las chimeneas y dejaban al niño en una cesta junto al fuego.

La leyenda se popularizó especialmente en Alemania, Dinamarca y los países del norte de Europa durante los siglos XVIII y XIX, convirtiéndose después en una tradición universal.

No todas las variantes eran iguales. En algunas regiones de Estados Unidos se llegó a afirmar que las cigüeñas traían a los niños blancos, mientras que los hijos de los esclavos nacían de huevos de buitres, reflejo de los prejuicios raciales de la época.

Existe incluso una curiosa dualidad simbólica en torno a su plumaje. Mientras Dios habría creado, según algunas creencias populares, las blancas plumas del ave, el Diablo le habría otorgado las negras alas, una mezcla de pureza y contradicción que acompañó a la cigüeña en numerosas tradiciones.

También en el mundo islámico las cigüeñas fueron objeto de respeto. Muchos musulmanes observaron que sus migraciones parecían dirigirse hacia el sur, en dirección a Arabia, y llegaron a interpretar que realizaban una peregrinación semejante al hach hacia La Meca. Por ello eran consideradas aves benditas que no debían ser molestadas.

En la mitología eslava ocupaban igualmente un lugar privilegiado. Se creía que transportaban desde el misterioso reino de Iriy —el paraíso de las almas— a los espíritus de los niños aún no nacidos. Durante la primavera y el verano los llevaban a la Tierra para que pudieran venir al mundo.

Por este motivo eran consideradas portadoras de buena fortuna. La presencia de un nido en una vivienda era señal de prosperidad y felicidad, mientras que matar una cigüeña o destruir su nido atraería desgracias sobre toda la familia.

Hoy, siglos después de aquellas leyendas, las cigüeñas continúan formando parte de la vida cotidiana de Córdoba. Anidan sobre torres históricas y edificios públicos, convirtiéndose en una imagen inseparable del perfil urbano de la ciudad.

Cuando observamos sus espectaculares crotoreos, sus vuelos circulares o sus disputas sobre los nidos, contemplamos algo más que simples comportamientos animales. Estamos viendo a una especie que durante milenios ha acompañado a la humanidad y sobre la que diferentes civilizaciones proyectaron sus creencias, sus esperanzas y sus miedos.

Quizá por eso, cuando una cigüeña aparece sobre una torre cordobesa recortándose contra el cielo, no vemos únicamente un ave migratoria. Vemos un símbolo antiguo que ha sobrevivido a imperios, religiones y generaciones, llevando consigo un extraordinario caudal de historias, mitos y tradiciones. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-