
Pintura titulada el Pueblo airado realizada por José Garnelo que se encuentra en el museo del autor de Montilla (Córdoba).
El 23 de abril de 1476, la villa cordobesa de Fuenteovejuna se convirtió en símbolo eterno de resistencia colectiva. Al grito de “¡Fuenteovejuna, todos a una!”, sus habitantes se rebelaron contra los abusos del poder y la opresión que ejercía sobre ellos el comendador de la Orden de Calatrava, Fernando Gómez de Guzmán.
Este levantamiento no fue un estallido espontáneo, sino el desenlace de una larga cadena de agravios. Desde 1460, la villa había sido segregada del concejo de Córdoba por orden del rey Enrique IV, que la entregó a la Orden de Calatrava como compensación territorial, tras la creación del Condado de Osuna. Fuenteovejuna pasó así a depender del maestre Pedro Girón, y posteriormente del comendador Gómez de Guzmán.
La gestión de este último fue especialmente dura y arbitraria, marcada por el despotismo, la violencia, y la explotación de los vecinos. Los abusos del comendador —tanto económicos como personales— generaron un creciente resentimiento, que terminó estallando cuando el pueblo, de manera unánime, se levantó y asesinó al comendador y a varios de sus partidarios.
Este acto de justicia popular provocó la intervención directa de los Reyes Católicos, que enviaron un juez pesquisidor con la misión de averiguar quiénes fueron los responsables del crimen. La respuesta del pueblo fue unánime e inquebrantable:
—¿Quién mató al comendador?
—Fuenteovejuna, señor.
La solidaridad colectiva impidió que se identificara a ningún culpable individual, y finalmente, los Reyes concedieron el perdón general. Fuenteovejuna volvió a formar parte de Córdoba, y su gesta se convirtió en una leyenda imperecedera.
Este episodio histórico fue inmortalizado por Lope de Vega en su célebre comedia “Fuenteovejuna”, escrita hacia 1612. Lope convirtió a la villa en la protagonista de un drama coral donde la comunidad se alza contra la tiranía en defensa de su dignidad. Sin embargo, detrás del drama teatral se escondía una realidad política más compleja: la pugna entre las grandes casas nobiliarias, como los Fernández de Córdoba, y las órdenes militares, como Calatrava, por el control de los territorios fronterizos tras la conquista. Lo que Lope presentó como una revuelta popular por la justicia, fue también una manifestación del tenso equilibrio de poder en la Castilla de los Reyes Católicos y los nobres andaluces.
Aun así, la historia de Fuenteovejuna ha sobrevivido como símbolo de resistencia y unidad. Un pueblo humilde que se enfrentó al poder con coraje, y que, por su valentía, pasó a la historia.
Durante la dominación romana Fuenteovejuna se llamo Fons Mellaria debido a la calidad de sus colmenas. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-