
La obra fue presentada en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908. Actualmente se conserva en el Museo Julio Romero de Torres.
Julio Romero de Torres, pintor andaluz de proyección internacional, fue un maestro en capturar la luz y el misterio de la ciudad de los califas. Un artista que retrató el alma, las tradiciones y las contradicciones de su tierra, cuyo legado sigue fascinando por su intensidad y profundidad emocional.
Romero de Torres mostró una sensibilidad única hacia la belleza y el misticismo de Córdoba, abordando sus tradiciones y emociones más hondas. Su estilo fusiona realismo y simbolismo, creando un universo donde la sensualidad y la religiosidad conviven en un delicado equilibrio. Las figuras femeninas ocupan un lugar central en su obra: mujeres enigmáticas y poderosas, portadoras de un dolor contenido y de una sabiduría ancestral que remite a siglos de historia andaluza.
Entre sus obras más emblemáticas destaca Nuestra Señora de Andalucía, también conocida como La Adivinación de Andalucía. Esta pintura marcó un hito en su carrera al ser la primera en la que utilizó una composición en forma de retablo, recurso que se convertiría más adelante en una de las señas de identidad de su estilo. Inspirada en el género sacro de la Sacra Conversazione, esta estructura presenta una escena simbólica en un contexto íntimo y naturalista, en el que los personajes dialogan espiritualmente entre sí, como si compartieran un altar místico.
En esta obra, Romero de Torres representa a Andalucía como una figura casi divina, llena de secretos, símbolos y contrastes. Las figuras, unidas en una especie de comunión espiritual, representan distintos aspectos del alma andaluza: el orgullo, el misticismo, el dolor y la devoción. En su pintura, lo sagrado y lo profano se entrelazan de forma poética, evocando imágenes de vírgenes, místicos y personajes profundamente enraizados en la identidad del sur.
Su estilo mezcla influencias de la pintura barroca española con el simbolismo europeo, especialmente el de los prerrafaelistas, logrando una representación única de la belleza cordobesa. Sus personajes —especialmente las mujeres— transmiten una carga emocional intensa, con una conexión casi sobrenatural con la tierra, el amor y la muerte. La luz es un elemento esencial en sus composiciones: ilumina rostros y cuerpos con una atmósfera irreal, atemporal, envolviéndolos en el misterio de la cultura andaluza. Sus mujeres, muchas veces melancólicas, representan la riqueza cultural y reflejan las tensiones de un pueblo entre la pasión y la tragedia.
Con su obra, Julio Romero de Torres se consolidó como el “pintor del alma andaluza”, retratando su tierra con una autenticidad y pasión que lo han convertido en un icono del arte español. Sus pinturas, repletas de simbolismo y emoción, siguen siendo objeto de admiración y estudio, mostrando la Andalucía de su época y la Andalucía eterna: una tierra de contrastes, entre la modernidad y la tradición, la vida y la muerte.
Su legado artístico es invaluable. En su ciudad natal, el Museo Julio Romero de Torres conserva gran parte de su obra, atrayendo a visitantes y estudiosos que buscan comprender la visión de un artista que supo captar como pocos el misterio y la esencia de Andalucía.
Cabe destacar que Andalucía fue el título original de la obra posteriormente conocida como La Adivinación de Andalucía. Es una pintura que bien podría ser venerada en la Mezquita, aunque su temática sea profana. En ella, la tierra andaluza se presenta como realidad tangible y símbolo trascendente. La composición en forma de retablo alberga una serie de personajes que encarnan los valores y símbolos esenciales de la cultura andaluza: mujeres que rinden homenaje a Andalucía, un guitarrista (el propio pintor en autorretrato), oferentes, la muerte, el río Guadalquivir, el Puente Romano, la Torre de la Calahorra, las iglesias, un barrio blanco…
En primer plano, cinco figuras siguen una estructura piramidal. Al centro, una mujer vestida de blanco —María la Sastre— representa a la mujer andaluza. A su izquierda, una mujer arrodillada —la cantante Carmen Casena— sostiene parte del mantón de la figura central, simbolizando el cante. A la derecha, otra mujer arrodillada —la bailaora La Cartulina— representa el baile. Detrás de ella, un hombre —Juanillo el Chocolatero— porta una guitarra y simboliza la música. En la esquina inferior derecha aparece el propio Romero de Torres, en un autorretrato que mira directamente al espectador, como todos los personajes de la escena.
Al fondo, se vislumbra una vista ficticia de Córdoba. A la izquierda, dos personas ante una sepultura; a la derecha, una pareja de enamorados. Son alegorías de Tánatos y Eros, la muerte y el amor, que completan el mensaje simbólico de esta obra total. Soledad Carrasquilla caballero. sccc,-