[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor – Cosas de Cordoba

Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor

El 14 de marzo del año 1369, el bastardo Enrique de Trastámara asesinó a su hermanastro Pedro I, rey de Castilla, durante los acontecimientos finales de la batalla de Montiel.

En el transcurso de la guerra civil castellana, Pedro I había sido acorralado por las tropas de Enrique en el castillo de Montiel. Aprovechando una tregua y bajo la promesa de una posible negociación, don Pedro fue atraído al interior del castillo. Allí se produjo el enfrentamiento directo entre los dos hermanastros.

Durante la lucha cuerpo a cuerpo parecía imponerse Pedro I. Sin embargo, intervino el caballero francés Bertrand du Guesclin, aliado de Enrique de Trastámara, quien sujetó al rey y lo hizo girar mientras pronunciaba la famosa frase que ha quedado en la historia:

“Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor.”

En ese instante Enrique aprovechó la ocasión para asestar a su hermanastro una estocada mortal.

Tras la muerte de Pedro, el cadáver fue ultrajado. Según algunas crónicas, Enrique ordenó decapitar el cuerpo y exhibir la cabeza del rey a la puerta del castillo de Montiel como prueba de su victoria. La tradición relata que la cabeza fue colocada en una jaula colgada en la muralla, mientras en uno de los barrotes se enroscaba una serpiente y, bajo la jaula, permanecía tendido el fiel lebrel negro del monarca muerto.

Con la muerte de Pedro I terminó la dinastía reinante y la casa de Trastámara entró en la historia de Castilla. Enrique fue proclamado rey con el nombre de Enrique II de Castilla, iniciando una nueva etapa política en el reino.

La dinastía Trastámara gobernaría Castilla desde 1369 hasta comienzos del siglo XVI, cuando la corona pasaría a la casa de Habsburgo tras la llegada de Carlos I. El ascenso de Enrique II al trono estuvo marcado por el apoyo de buena parte de la nobleza castellana, a la que recompensó con numerosos privilegios y concesiones, motivo por el cual fue conocido posteriormente como “Enrique II el de las Mercedes”.

Ambos hermanos ya se habían enfrentado anteriormente en distintos episodios de la guerra civil castellana. Uno de ellos fue la batalla del Campo de la Verdad, en Córdoba, donde gran parte de los cordobeses apoyaron al bando de Enrique, el fratricida, frente al rey legítimo Pedro I, conocido entonces como “el Justiciero”.

Con el paso del tiempo, sin embargo, los calificativos de ambos monarcas cambiarían. Enrique, responsable del fratricidio, pasaría a ser recordado como el de las Mercedes, debido a las recompensas concedidas a la nobleza que lo ayudó a alcanzar el trono. Por su parte, Pedro I, inicialmente llamado el Justiciero, sería conocido por muchos cronistas posteriores como Pedro el Cruel.

Esta transformación de su imagen histórica se debió en gran parte a la propaganda de los vencedores y al poder de la nobleza que apoyó a Enrique. Pedro I había intentado limitar la influencia de los grandes nobles y reforzar la autoridad real. Incluso llegó a reclamar su herencia depositada en la Catedral de Sevilla y a enfrentarse abiertamente a varios poderes políticos y eclesiásticos.

Por ello, algunos historiadores han considerado que Pedro I fue un monarca adelantado a su tiempo, con un proyecto de fortalecimiento de la monarquía que recordaría al modelo de los reyes del Renacimiento, aunque demasiado temprano para la realidad política del siglo XIV castellano.

La muerte de Pedro I en Montiel no solo puso fin a una guerra entre hermanos, sino que marcó uno de los episodios más dramáticos de la historia medieval de Castilla y el inicio de una nueva dinastía que gobernaría durante más de un siglo. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Fotografía del cuadro La muerte de Pedro I el Cruel del pintor Montero Calvo, su obra más ambiciosa hasta ese momento. Se expuso por primera vez en la Exposición de Bellas Artes de 1884. La composición y el efecto dramático de la escena, gustó tanto al tribunal que le concedió una Medalla de Tercera Clase. El lienzo, adquirido por el Estado, fue cedido a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, en donde se encuentra en la actualidad.

Pintura de Pedro I de Castilla realizada por el pintor Joaquín Domínguez Bécquer en 1857