
Busto de Machaquito en la plaza de toros de los Califas de Córdoba
El 2 de enero de 1880 nació en Córdoba el torero Rafael González Madrid, más conocido como Machaquito.
Mató su primer novillo a los 16 años en una capea junto a Rafael Molina Martínez «Lagartijo Chico», con quien más tarde formaría parte de la llamada Cuadrilla de Jóvenes Cordobeses.
Se presentó en Madrid el 8 de septiembre de 1898 y tomó la alternativa en la plaza de toros de Goya el 16 de septiembre de ese mismo año, de manos de Emilio Torres «Bombita». Durante la primera década del siglo XX, ambos rivalizaron por la supremacía del toreo, hasta la irrupción de nuevas figuras como Vicente Pastor y, sobre todo, Rafael «El Gallo».
En toda su carrera llegó a estoquear 1.856 toros en 754 corridas, sufriendo 17 percances, algunos graves, como los de Palma de Mallorca (4 de julio de 1909) y Madrid (26 de octubre de 1911). Fue reconocido como el tercer Califa del Toreo cordobés. Toreó también en Hispanoamérica y se ganó el apodo de Machaquito por su gran acierto con la espada: en una temporada llegó a matar 126 toros con tan solo 135 estocadas, cifra nunca igualada.
El 29 de agosto de 1902, en Hinojosa del Duque, se desplomó parte de los tendidos durante una corrida en la que actuaba como único espada. Con gran serenidad, logró dar muerte al toro, «Perdigón», de los hermanos Lozano, evitando una tragedia mayor. Aquel gesto le valió la concesión de la Cruz de la Beneficencia.
Entre todas sus actuaciones destaca la del 9 de mayo de 1907 en Madrid, cuando estoqueó un imponente toro de Miura llamado Barbero. La crónica de Don Modesto en El Liberal ensalzó la estocada, que inspiró al escultor Mariano Benlliure la obra La estocada de la tarde. Desde hace décadas, una reproducción de esta escultura se entrega como premio a la mejor estocada de la Feria de Mayo cordobesa.
Según Los Toros, de Cossío, Machaquito «derrochó voluntad a lo largo de su carrera»; sin ser un torero fino, supo evolucionar y ocupar el primer puesto del escalafón gracias a su esfuerzo. El público nunca salía defraudado, pues «mataba con una decisión impresionante, a toma y daca», y no hubo en su época quien lo igualara en la suerte suprema.
El 16 de octubre de 1913 toreó su última corrida en Madrid, cediendo la alternativa a Juan Belmonte en presencia de Rafael Gómez «El Gallo». Pocos días después, el 21 de octubre, pidió que le cortaran la coleta en un hotel madrileño. Así concluía la trayectoria de uno de los toreros más valientes y pundonorosos de la historia.
Retirado, se ganó la admiración como hombre cabal y sencillo. Falleció en Córdoba el 1 de noviembre de 1955. Al día siguiente, su entierro en la parroquia de San Miguel Arcángel reunió a una multitud, que acompañó sus restos hasta el cementerio de la Salud.
Machaquito tuvo una finca llamada El Hornillo —que aún conserva ese nombre— y una casa en la actual calle Reyes Católicos. En síntesis, fue un torero de baja estatura, nervioso y vibrante, con enorme voluntad, que pasó a la posteridad por su modo de matar, directo y tremendamente efectivo. Soledad Carrasquilla Caballero sccc.-

La estocada de la Tarde de Mariano Benlliure, escultura realizada en bronce que se presento en la Exposición Universal de Paris con el título “Una estocada de Machaquito”,( también llamada “in puntilla). por la que consiguió una medalla de honor. Se encuentra en el Museo Taurino de Córdoba.
El 9 de mayo de 1907, en la plaza de toros de Madrid, toreaba una corrida de Miura Rafael González “Machaquito”. El toro que le correspondió se llamaba Barbero: un ejemplar cárdeno, chorreado con bragas, enmorrillado y abierto de pitones.
Machaquito, metido entre las astas, manejó la muleta con la mano izquierda y, llevando al Miura en los vuelos, dio tres naturales y dos de pecho. Después, arrancándose recto y muy despacio, doblando la cintura sobre el pitón, hundió la espada hasta la empuñadura. El toro tiró un derrote y, tambaleante, arrancó un jirón de la pechera de la camisa del torero con el cuerno derecho… ¡Vaya volapié!
Machaquito había ejecutado muchas estocadas más limpias, pero nunca una de tanta emoción.
El alarido del público y la ovación interminable coronaron aquel momento inolvidable.
El cronista José de la Loma (“Don Modesto”) escribió entonces una carta al escultor Mariano Benlliure:
«¡Prepárate, ilustre alfarero! Ha llegado la hora. Afila tu cincel de oro y mete mano en ese barro divino que conviertes luego en obras inmortales, porque ya no es posible esperar más. Es necesario, absolutamente necesario, que hagas una estatua a Machaquito.
El inmenso valor de este cordobés debe perpetuarse en mármoles y bronces. Otros, que nunca tuvieron en los momentos supremos de su vida su serenidad y su bravura, se ofrecen en estatuas a la admiración de las gentes.
Ahí te va una modesta idea: un toro herido de muerte, con una estocada monumental hasta el puño, tambaleándose como un beodo, y en el pitón derecho un trozo de la pechera de la camisa de su matador. Nadie vacilaría en pronunciar el nombre del diestro: ¡Machaquito!
Comienza a modelar. Inspírate en aquella soberbia faena con Barbero, el tercer Miura de la tarde. ¡El rey de los escultores y el rey de los matadores de toros! ¡Entre monstruos anda el juego!
Te admira… Don Modesto».
Benlliure había presenciado la faena y, conmovido, se puso a trabajar.
Años después, cuando el escritor Fernando G. “Claridades” publicó la biografía de Machaquito, el propio Benlliure escribió en ella:
«El torero cogió los trastos de matar, se metió entre los pitones; solo al caer rodando el toro se vio libre de ellos.
La faena fue breve, pero emocionante al extremo. Era seguro que el pitón derecho del toro tenía que llevarse algo del torero… solo fue la pechera.
¿Pero qué cubría esa pechera? ¡El corazón!
Si aquella suerte tan magistralmente ejecutada por Machaquito se premiase, mereció esa tarde la medalla de honor».

Machaquito como apoteosis del toreo cordobés es una pintura de Julio Romero de Torres, que se encuentra en el Museo de Julio Romero de Torres
La obra retrata al torero Rafael González Madrid, más conocido como Machaquito. En primer plano se encuentra el diestro de pie y de cuerpo entero, vestido con el traje de luces. El paisaje está basado como es su estilo en composiciones de lugares de Córdoba. La escena se desarrolla en la plaza de la Corredera, lugar donde se solían celebrar corridas de A la izquierda puede observarse las esculturas de dos toreros cordobeses, Guerrita y Lagartijo, y entre ambos se halla un triunfo de San Rafael. Al fondo el entorno del Guadalquivir, donde se pueden distinguir el puente romano y la torre de la Calahorra.

