
La Bab al-Yadid (باب الجديد, «Puerta Nueva»), conocida también como Puerta Califal de Ceuta, daba acceso a la ciudad que, según el geógrafo romano Pomponio Mela, pudo llamarse Septem Fratres. Posteriormente, los Banū Isām transformaron el topónimo latino Septam en Medyekesa, nombre que evolucionaría hasta la actual Ceuta, enclave estratégico entre el Mediterráneo y el Atlántico.
La puerta data del siglo X y constituyó el principal acceso a la medina ceutí en época andalusí. Su construcción se enmarca en el proceso de reorganización defensiva impulsado tras la reconquista de Ceuta en el año 931 por ʿAbd al-Raḥmān III, quien ordenó levantar un ambicioso sistema defensivo que incluía esta puerta monumental y la gran muralla califal que cerraba el istmo por el oeste. Las obras serían concluidas durante el reinado de su hijo y sucesor, al-Ḥakam II, consolidando así el carácter estratégico de la ciudad dentro del Califato de Córdoba.
Arquitectónicamente, la Bab al-Yadid presenta un arco de herradura, tras el cual se dispone una estancia cubierta con cúpula. En época almohade se le añadió un recodo defensivo, reforzando su función militar y adaptándola a las nuevas técnicas de fortificación. El conjunto original estaba formado por tres puertas sucesivas, tres bóvedas, dos torres flanqueantes y diversos lienzos de muralla, configurando un acceso complejo y bien protegido, característico de la arquitectura defensiva islámica medieval.
En el siglo XV, tras la ocupación portuguesa, la puerta fue tapiada y enterrada al construirse la actual Muralla Real, de mayor anchura y potencia defensiva. Como consecuencia, las estructuras omeyas —incluida la Puerta Califal— quedaron encastradas en el interior del nuevo recinto, lo que permitió su conservación parcial, aunque oculta durante siglos.
Para la construcción de estas defensas se emplearon aproximadamente 90.000 sillares de piedra caliza conchífera, extraídos de las canteras de Tarifa. Los bloques fueron dispuestos siguiendo un aparejo a soga y doble tizón, una técnica habitual en las construcciones omeyas que garantizaba solidez y durabilidad, además de conferir al conjunto una marcada monumentalidad.
Desde el punto de vista histórico, los árabes solo accedieron plenamente a Ceuta tras la muerte del conde Yulyān (Juliano), acontecida poco antes de la revuelta jariyí. Antes de la conquista islámica de la península ibérica, Ceuta formaba parte de la provincia romana de Tingitana, y no de al-Ándalus, aunque mantenía una dependencia judicial respecto a la península. Esta singular situación administrativa explica que, cuando los omeyas proclamaron el Emirato independiente de al-Ándalus, los gobernadores de Ceuta, descontentos con la autoridad de Ifriqiya, solicitaran quedar bajo la jurisdicción andalusí.
De este modo, Ceuta se convirtió en la principal plaza fuerte del norte de África tanto para el Emirato como para el posterior Califato de Córdoba, desempeñando un papel clave en el control del Estrecho. Esta decisión marcaría de manera decisiva su destino histórico, de forma similar a lo ocurrido siglos más tarde, cuando en el siglo XV la ciudad optó por permanecer vinculada a Portugal, determinando nuevamente su singular trayectoria política.
La Bab al-Yadid, por tanto, no es solo un elemento arquitectónico de gran valor, sino también un testimonio material de la importancia estratégica, política y cultural de Ceuta a lo largo de la historia medieval del Mediterráneo occidental. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Recodos de la puerta califal.

Ventana que da, de la puerta califal al Parador Nacional de Turismo La Muralla.


Vista de la puerta califal desde la escalerillas de entrada.

Techo de un rellano dela puerta califal.


En el interior de la Muralla Real se descubrió en el año 2002 la Puerta Califal. que había sido sepulta con los desechos del drenaje del foso construido por los portugueses en 1549.